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Entrevista:BILL CLINTON | EX PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS Y RESPONSABLE DE INICIATIVA GLOBAL | ENTREVISTA

"Ahora que no soy presidente puedo dar la imagen más positiva de EE UU"

Bill Clinton, de 59 años, habla sobre sus actividades para resolver los problemas del mundo a través de Iniciativa Global. También se refiere a la importancia de las organizaciones de derechos humanos y las ONG, y se complace en relatar las grandes ventajas que comporta no ser ya presidente de Estados Unidos.

Desde que abandonó la Casa Blanca en 2001, Bill Clinton ha enfocado su actividad en Iniciativa Global, que tiene por fin conseguir que el mundo sea mejor de lo que es.

Pregunta. Señor presidente, hace medio año creó usted Iniciativa Global Clinton. ¿Qué es y cuál es su propósito?

Respuesta. Se trata de una reunión que se convoca cada año en septiembre, coincidiendo con la Asamblea General de Naciones Unidas y en la que se congregan hombres de Estado, líderes de la economía, presidentes de organizaciones de derechos humanos, mecenas y fundaciones de países ricos, así como de países en desarrollo. Hablamos de los problemas a los que está expuesto el mundo y sobre qué podemos hacer para atajarlos. Lo extraordinario de esta iniciativa radica en que decimos a todos los participantes que esperamos que se comprometan a ayudar a resolver los problemas al año siguiente a lo más tardar.

"Cuando uno es presidente, siempre vive esa tensión entre el deseo de cumplir lo prometido y lo que otros quieren que hagas"

"No es una exageración decir que, hoy más que en ningún otro momento de la historia, los ciudadanos pueden hacer algo por el bienestar común"

P. ¿Y tienen que cumplir lo que prometen?

R. Les explicamos que no se les volverá a invitar si no cumplen con sus obligaciones. De ese modo, el año pasado se realizaron 300 compromisos y recaudamos 2.000 millones de euros en dos días.

P. Pero no es sólo una cuestión de dinero, sino de que los donantes también hagan algo.

R. Algunas de las aportaciones más valiosas ni siquiera son de naturaleza económica. Por ejemplo, en Chicago existe un instituto para el entendimiento de las religiones, dirigido por un estadounidense de origen indio que se llama Eboo Patel. Acordó con la reina Rania que su instituto ayudaría a Jordania a cerrar las divisiones religiosas que hay en Oriente Próximo. En Chicago y Detroit, en el Medio Oeste de Estados Unidos, tenemos una comunidad árabe muy amplia, y un porcentaje elevado de población judía en ambas ciudades. A esto hay que sumar a los indios, en su mayoría, aunque no exclusivamente, hindúes. Eso es lo normal en Estados Unidos, y cuando la reina pidió a Eboo Patel que viniera, él aceptó. Si funciona, podría servir de ayuda.

P. ¿Quién figura entre los donantes más generosos a favor de su iniciativa?

R. Nuestro donante más generoso es un hombre llamado Tom Golisano, que ha hecho fortuna con un sistema automático de pago de salarios. Es un empresario neoyorquino. Entre nosotros están también Microsoft y gran cantidad de empresas. El escocés Tom Hunter aporta 80 millones de euros. Está intentando revisar las finanzas de algunos países africanos para poder mejorar su economía de mercado. Y tenemos a Mohamed Ibrahim, que hizo su capital con negocios en África y ahora destina 80 millones de euros a empresas de allí para ayudarlas a conseguir lo mismo que él.

P. Michael Schumacher también se comprometió a donar un cheque. ¿Ha cumplido su promesa?

R. Por ahora ha entregado alrededor de la mitad. Pero que no se interprete como una crítica, ya que el cheque fue un compromiso simbólico. Con ello queremos cofinanciar nuestro trabajo. Creo que al final su donación asciende a 6,5 millones de euros. Lo cierto es que estoy muy agradecido a Michael Schumacher y a sus colaboradores. Han sido extremadamente generosos. Han ayudado de manera directa a niños de las zonas afectadas por el tsunami. Era muy importante para ellos, y gracias a ese dinero hemos podido mejorar la formación de los niños y poner en marcha otras obras.

P. Se trata siempre de la combinación de dinero e ideas. Pero ¿a qué tipo de problemas se enfrenta?

R. Queremos mitigar la pobreza mediante la actividad económica. Pretendemos mejorar la actuación gubernamental en los países pobres. La mayoría de la gente cree que allí reina una corrupción enorme. En algunos casos es cierto, y en otros no, pero todos sufren carencias. En una conferencia celebrada en Bonn y dedicada a catástrofes naturales y sistemas de alerta inmediata, acabamos de hablar sobre los países que disponen de ese sistema, pero que no tienen la posibilidad de escoger, formar y preparar a los trabajadores necesarios para gestionarlo. Hemos descubierto que el que fluyan a un país las inversiones necesarias para crear puestos de trabajo que, a su vez, contribuyen a vencer la pobreza, depende de la calidad de un Gobierno. De esto depende también que el calentamiento del planeta sea una amenaza mayor o menor. Lo mismo puede decirse de la salud pública y el entendimiento de las religiones.

P. Ahora, en su condición de ex presidente de Estados Unidos, ¿puede dedicarse a cosas que no pudo hacer como presidente?

R. Ahora no dispongo de un gran equipo de personas que trabaje para mí. Sin embargo, puedo dedicarme a algunas cuestiones y realizar su seguimiento durante todo el año. Cuando uno es presidente, siempre vive esa tensión entre el deseo de cumplir lo prometido en la campaña electoral y lo que otros quieren que hagas. Pongamos como ejemplo al presidente Bush. En 2000 no dijo: "Vótenme, porque en breve el terrorismo sacudirá el mundo, unos aviones se abalanzarán sobre Nueva York y Washington, y entonces yo estaré aquí para cargar contra el terrorismo". No lo dijo porque no lo podía saber. Todos los dirigentes políticos en un puesto semejante vacilan por tres motivos: quieren hacer lo que han prometido, desean contentar a las personas que les piden ayuda y, además, les sobrevienen asuntos que no controlan.

P. ¿Puede usted ahora hacer lo quiere?

R. Cuando uno ya no es presidente puede decir: "Me propongo esto y me dedicaré a aquello". Y entonces ocurre algo como el tsunami. Lógicamente, no pude prever que me uniría al ex presidente Bush [padre] en un proyecto en la zona afectada por el maremoto; hubiera podido no hacerlo. Lo hice porque quise.

P. ¿Hoy puede representar a su vez a un EE UU mejor?

R. Ésa es una pregunta maliciosa. Como presidente, también me esforcé por representar a un EE UU mejor. Pero hoy ya no tengo que tomar decisiones en tantos asuntos controvertidos. Como cualquier otro dirigente de una nación con unas dimensiones considerables y cuyas decisiones repercuten en otras personas, me vi obligado una y otra vez a hacer cosas con las que la gente no estaba de acuerdo, tanto en mi país como en el extranjero. Sin embargo, siempre he intentado salvaguardar la mejor imagen de EE UU. He intentado dar la sensación de que lo importante para mí es un mundo en el que a la gente se la tratara con justicia. Pero ahora que no tengo responsabilidad, quizá sea más fácil representar esa imagen más positiva de EE UU.

P. Usted dijo una vez: "Somos arrogantes porque estamos obsesionados con el presente". Probablemente sea un problema humano y, sin duda, político. ¿Podrán acabar con ese vacío los ciudadanos y las ONG?

R. Sí y no, y ésta no debe ser una respuesta típicamente política. En lo que se refiere a la paz y la seguridad de un país, el Estado tiene el monopolio y por eso resulta prácticamente imposible que las ONG actúen directamente en contradicción con el Gobierno. Por otro lado, las ONG, al igual que los Gobiernos, pueden actuar en el ámbito de la pobreza y la condonación de las deudas, el calentamiento del planeta, la salud y la educación. Creo que no es una exageración decir que, hoy más que en ningún otro momento de la historia, los ciudadanos tienen la posibilidad de hacer algo por el bienestar común. Basta con mirar lo que han donado los alemanes, holandeses, británicos o estadounidenses a través de Internet a favor de las víctimas del tsunami. De ese modo, millones de personas pueden ejercer una influencia enorme en la forma en que se recauda y distribuye el dinero. Eso lo ha cambiado todo.

P. ¿Y las ONG cambian también muchas cosas?

R. Cuando salí elegido presidente en 1993, Helmut Kohl era canciller en Alemania. Kohl había hecho mucho -junto a mi predecesor George Bush- por apoyar el movimiento para la democracia en Rusia, al principio del Gobierno de Gorbachov. Entonces yo me ocupé de la cuestión. Mi primer gran desafío consistió en convencer al Congreso de EE UU para que aprobara un paquete de ayudas con el fin de sacar a las tropas rusas de los países colindantes. Por aquel entonces, todavía no intervenían las ONG; actualmente hay 63.000 en la zona. Incluso en China existen grupos que intervienen a favor de los derechos humanos. Se trata de un movimiento que se expande de manera explosiva, y no sólo en países ricos como Alemania o Estados Unidos.

P. Pero ¿las ONG pueden llenar el vacío que deja la política?

R. Sí, podemos llenar muchos espacios con las ONG. Siempre habrá alguno libre. Aunque en Alemania la política lograra llevar a cabo su labor con éxito y la economía experimentara un auge, allí y en otras partes del mundo surgirían desafíos que no se pueden superar. Ése es el lugar que deben ocupar las ONG y, por primera vez en la historia, tienen capacidad para hacerlo. Ahora más que nunca, pueden ejercer influencia. Por ese motivo hago lo que hago.

© Der Spiegel . Traducción de News Clips.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de abril de 2006