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Reportaje:

Eto'o cerraría un año La Romareda

El azulgrana pide la máxima dureza contra los insultos xenófobos y que no sólo se impongan multas

Eto'o, el jugador del Barça, se fue el sábado de La Romareda aislado con unos auriculares y hasta ayer mantuvo el silencio por el incidente que ha dado la vuelta al mundo: su amenaza de abandonar el campo, víctima de insultos racistas. "Ya pasó hace un año en Zaragoza. Una vez uno se puede equivocar, pero dos... Al final era casi todo el estadio", dijo ayer en el Camp Nou explicando su reacción. Y no tardó ni un minuto en estimar insuficiente la multa de 9.000 euros con que ha sido castigado al Zaragoza. "Hay que tener mano dura y no con dinero. Sancionan al club, pero tampoco puede controlarlo todo. Se trata de buscar entre todos más medios y que la justicia ordinaria actúe".

"Yo ya di la cara; ahora que actúen las instituciones para que los negros jueguen tan cómodos como los blancos"

Ante un centenar de periodistas, Eto'o, vestido con traje, se mostró dolido y pidió tanta dureza contra el Zaragoza que abogó por la clausura de La Romareda: "Sí, tal vez deberían jugar un año fuera". El camerunés recordó que lleva siete años en España y que jugando con el Mallorca alguna vez ya se sintió agredido. "Pero cuando uno está en el Barça o el Madrid todo se multiplica por mil... En un año, me ha pasado tres veces: una en Getafe y dos en Zaragoza", constató para recalcar la reincidencia de la afición aragonesa, que hace un año ya le lanzó cacahuetes. "Me fui porque hubo un momento en que no pude más. Había un tío con un megáfono que no paraba...Y pensé: ¿Es que Álvaro [defensa negro del Zaragoza] es blanco porque juega aquí? Sólo regresé porque los técnicos dijeron que la mejor respuesta era ganar el partido", relató.

Considerado el jugador más emblemático de su continente, el camerunés Eto'o arremetió contra los hinchas que le dirigieron los sonidos de un mono y les dedicó estas palabras: "Casi todos querrían estar en mi sitio, llamarse como yo y cobrar lo que yo. Se metieron conmigo porque creen que soy menos que ellos. Y son ridículos porque compran entradas para ver un deporte en el que juegan chicos negros". Tras subrayar que la descriminación racial está extendida en toda la sociedad, Eto'o cargó contra Óscar, del Zaragoza, que dijo que no había sido para tanto. "Me gustaría cogerle, llevarle a África y que le hicieran lo mismo", afirmó. Y no dio la menor tregua cuando, varias veces, se le planteó si no era el mismo caso que el que sufrió cuando llaman a cualquier jugador o árbitro "maricón" o "hijo de puta". "Prefiero todo eso, y los jugadores nos lo decimos para descentrarnos, antes que se metan con el color de mi piel", alegó. "Nadie tiene culpa de ser blanco o negro. Yo respiro, como y duermo como vosotros".

No quiso hablar de qué hará en el futuro si se repite la misma situación pero instó a las instituciones -"yo ya he dado la cara"- a tomar medidas para que los jugadores negros se sientan "tan cómodos" como los blancos. Tras admitir que no piensa impulsar una campaña contra el racismo, Eto'o abogó por que los jugadores sean ante los ataques racistas igual de solidarios como cuando tiran un balón fuera cuando un compañero se ha lesionado. "En el Camp Nou", explicó, " desde hace un año ya no se oye ningún grito. Un grupo se metió con Webó [jugador negro de Osasuna] y les miré diciendo: 'Eh! Que yo no soy blanco!". Y acabó siendo magnánimo con Luis Aragonés, que animó en su día a Reyes, del Arsenal, diciendo que era mejor que su compañero Henry, al que tildó de "negro de mierda". "El abuelo se equivocó pero no es racista", aseguró.

El técnico del Barça, Frank Rijkaard, apoyó a Eto'o pero afirmó que los jugadores no deben caer en la trampa de los insultos, sean del cariz que sean. "Entonces, ¿dónde está el límite? ¿Hay que parar un partido por un insulto racista o por todos? En esto del fútbol, siempre he pensado que es una utopía educar a la gente", dijo a Europa Press. Cuartero, capitán del Zaragoza, tildó la multa de "desmesurada": "Los gritos fueron para increpar al rival y no racistas. Nos han dicho cosas peores en El Sadar y nadie dijo nada. Pagamos por algo que sucede en todas partes".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de marzo de 2006