Crónica:Fútbol | Liga de Campeones
Crónica
Texto informativo con interpretación

El Arsenal baila al Madrid

Casillas evita una catástrofe a su equipo frente a un magnífico conjunto inglés conducido por Henry

Una gloriosa jugada de Henry manifestó su extraordinaria clase como jugador y la superioridad incontestable del Arsenal, vencedor en Chamartín. El equipo inglés se impuso con un juego dinámico, ordenado y veloz. El Madrid regresó a sus peores días, convertido en una mediocridad de equipo, sin respuesta a la poderosa maquinaria del Arsenal, que funcionó como un reloj. Sólo la enorme actuación de Casillas evitó una derrota sangrante. Por malo que sea el resultado para el Madrid, no es la catástrofe a la que estuvo expuesto durante toda la noche, hasta el punto de que todavía tiene derecho a pensar en una hazaña. No será fácil si el Arsenal se repite, o si el Madrid no se transforma en algo parecido a un buen equipo.

REAL MADRID 0 - ARSENAL 1

Real Madrid: Casillas; Cicinho, Woodgate (Mejía, m. 8), Sergio Ramos, Roberto Carlos; Gravesen (Baptista, m. 75); Beckham, Guti, Zidane, Robinho (Raúl, m. 62); y Ronaldo.

Arsenal: Lehmann; Eboué, Touré, Senderos, Flamini; Gilberto Silva; Hleb (Pires, m. 75), Cesc (Song, m. 94), Ljungberg, Reyes (Diaby, m. 79); y Henry.

Goles: 0-1 M. 47. Jugada personal de Henry que regatea a Ronaldo, Mejía y Guti y dispara a puerta con la izquierda.

Árbitro: Stefano Farina (Italia). Ensenó cartulina amarilla a Cicinho, Cesc, Casillas y Reyes.

Unos 75.000 espectadores en el Santiago Bernabéu.

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Los mejores años del Arsenal no dejaron huella en la Copa de Europa, dato que explica los extraños designios del fútbol. Mereció mucho más aquel equipo minuciosamente construido por Wenger, uno de los entrenadores más influyentes en la historia del fútbol inglés. Su legado es impagable. Con un juego armonioso y brillante, con un notable equilibrio entre el orden defensivo y la eficacia en el ataque, con un fútbol elaborado, donde el papel de los pasadores era esencial, el Arsenal abrió una perspectiva novedosa. Se le resistió la Copa de Europa en los días triunfales de Vieira, Bergkamp y Pires, un déficit que pesa inmerecidamente en el historial de Wenger. Era un Arsenal maravilloso. Ahora ha emprendido una difícil transición, sostenida por su buque insignia: Henry. El Arsenal se presentó en el Bernabéu con una irregular trayectoria en la Liga inglesa, muchos chicos jóvenes y una defensa sospechosa. Pero su actuación fue irreprochable: un excelente equipo, con un futuro espléndido y un jugadorazo. Henry machacó al Madrid con una belleza de gol. Cesc interceptó el balón en el medio campo, lo entregó a Henry y allí comenzó la cabalgada hacia la red. El gol tuvo de todo: potencia, clase, habilidad y serenidad en la definición frente a Casillas, que fue el mejor del Madrid antes y después del tanto.

Ronaldo, Sergio Ramos, Guti y Mejía le tiraron bocados al tobillo, pero ninguno tumbó a Henry, que arrancó como un avión. Se escapó de todos, y todos rodaron por el suelo, impotentes ante el poderío del jugador francés. Recorrió el campo con tanta categoría, con tantos recursos, cerró la jugada con tanta elegancia, que el Bernabéu reconoció inmediatamente la grandeza de la jugada. Un golazo que concretó la inmensa superioridad del Arsenal, de un equipo joven que ganó al Madrid en todos los terrenos. Sólo renquearon Flamini y Senderos. Los demás le dieron un baile al Madrid. La fantástica actuación de sus centrocampistas fue decisiva. Hleb, Gilberto Silva, Cesc Fábregas y Ljunberg dieron una lección en el Bernabéu, tanto en el capítulo defensivo como en el ejercicio ofensivo. Hleb destrozó a Roberto Carlos; Cesc demostró su categoría como pasador y Ljungberg abandonó su clásica posición como interior derecho para sembrar el pánico en la media punta. Del resto se encargó Henry. Casi nada.

La primera jugada definió el partido. Henry comenzó a tirar de repertorio con un pase espectacular a Reyes, que cruzó un remate al segundo palo. No sorprendió a Casillas, héroe del Madrid en una noche de perros. Fue algo más que un aviso. El Arsenal golpeó de nuevo en una jugada que Roberto Carlos desbarató a duras penas. Henry cabeceó con autoridad dos minutos después, ante la sorpresa del Madrid, que no salía de su mal sueño. Diez minutos y el destino del encuentro estaba sellado. Era una noche para el Arsenal. El Madrid capituló, sin ningún recurso para evitar el desastre. Sólo exigió a Lehman en una ocasión, tras un error del nervioso Senderos. Beckham no superó al portero en el mano a mano y no hubo mucho más en todo el partido. Regresó el Madrid espeso y lento, débil defensivamente, perfectamente controlado por el Arsenal que se impuso por cantidad y calidad en el medio campo. Guti y Zidane no pudieron dar un pase decente frente a la malla de centrocampistas del equipo inglés. Gravesen se sintió rodeado, aislado y sin posibilidad de detener los contragolpes del Arsenal. Casi todos anunciaron el gol, que se produjo en la jugada más complicada de resolver. Para eso están los genios: para proclamar la distancia que les separa del resto de los jugadores. El golazo de Henry fue esa clase de testimonio.

El Madrid intentó tirar por la tremenda. Pero la defensa del Arsenal respondió mejor de lo que se esperaba, especialmente por parte de Eboué y Touré. El lateral, un portento físico, desactivó a Robinho con una facilidad pasmosa. Touré corrigió los errores de Senderos y no dio un metro a Ronaldo, cuya soledad resultó inexplicable. Al Madrid le quedó lejos todo: la portería de Lehman, el Arsenal y la victoria. Volvió a la vulgaridad, sin otra satisfacción que una derrota más corta de lo que mereció. Casillas le salvó del desastre en varias ocasiones, en jugadas que se antojaban sencillas para el Arsenal. El partido mereció consagrar el pase del Arsenal a los cuartos de final, pero el resultado todavía deja alguna rendija para el Madrid. Para otro Madrid. No la vulgaridad de equipo que fue superado de punta a punta en Chamartín.

Henry pide silencio tras anotar el tanto del Arsenal.
Henry pide silencio tras anotar el tanto del Arsenal.REUTERS

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