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Reportaje:

España continúa sin equipaje

Parte de la expedición a los JJ OO de Turín, que arrancan hoy, sigue a la espera del material - El COI utilizará confidentes contra el dopaje

La pesadilla de la pérdida de las maletas de la expedición española a los Juegos de Invierno de Turín -atascadas en la recién inaugurada T-4 de Barjas- continuaba ayer y cada vez con peores presagios. Las siete maletas que faltaban no aparecen. Incluso viajó a Madrid a mediodía el técnico de Jordi Font, el especialista de cross en snowboard y estuvo personalmente buscándolas en Barajas con un empleado de AENA. Pero ni rastro. En cambio, mientras él se iba llegaron las tablas de Font y los esquís de Nuría Montané, la esquiadora de baches en estilo libre. Pero ni su ropa de esquiar, ni las botas del guardia civil Luis Alberto Hernando, que sólo tiene los esquís y el fusil para el biatlón (la prueba de fondo y tiro), porque no iban en su maleta, lógicamente. Los que facturaron desde Barcelona o el País Vasco, como Font, Nuria, Hernando o Ibon Idígoras e Iker Fernández, también de snowboard, han sido los más perjudicados. Y compiten desde mañana y pasado... "Es tristísimo", comentó Alejandro Blanco, el debutante presidente del COE.

Al margen de las vicisitudes de la delegación española, el miedo escénico al estreno de hoy de los Juegos en Turín no sólo alcanza a los habituales detalles de organización y seguridad, cuyo despliegue va a costar a la ciudad italiana cerca de 100 millones de euros, sino mucho más al dopaje. "Sí, tenemos personas que nos informan sobre qué deportistas pueden estar infringiendo las reglas. Usaremos todos los medios a nuestro alcance", admitió Dick Pound, el presidente de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), que ha hecho ya más de 100 controles por sorpresa antes de la cita turinesa y en las propias Villas Olímpicas.

Habrá un aumento del 45% en el número de controles, hasta 1.200, pero el miedo en estos Juegos al dopaje es mucho mayor porque, si estalla, el menor escándalo podría alcanzar tintes históricos. El COI, tras muchos dimes y diretes, ha llegado a una solución de compromiso por la que se responsabiliza de los controles en presencia de representantes italianos. Pero las leyes del país prevén penas de cárcel y ese punto ha quedado un tanto en el aire. El Gobierno italiano sólo ha cedido en no ser protagonista principal, aunque los organizadores se comprometieron a que en los Juegos regirán las normas olímpicas, por las que sólo puede haber sanciones, no delitos ni cárcel. "Habría que aclararlo ya", dijo Pound. De momento, y porque nadie quiere adelantar catástrofes, Turín 2006 sólo piensa en que la ceremonia de apertura de hoy sea un éxito. Será sin nieve, ya que sólo está en los Alpes, a 100 kilómetros, y con la eterna duda de quién será el último relevista. Se podría apostar por el gran campeón italiano Alberto Tomba, pero eso crearía agravios nacionales con la fondista Stefania Belmondo, la olímpica más laureada, con 12 medallas, y se habla de un grupo final, con Deborah Compagnoni, la otra gloria alpina, y quizá los hermanos Thoeni, Gustavo y Rolando, derrotados por el español Paquito Fernández Ochoa en los Juegos de Sapporo de 1972.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de febrero de 2006