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Nómadas del viento

Emisores vía satélite permiten localizar en África a rapaces que migran desde Andalucía

El pasado septiembre una joven águila pescadora (bautizada como 5CV) iniciaba, desde la costa onubense, un viaje de más de 3.000 kilómetros que habría de conducirla, en poco más de dos semanas, hasta el corazón de Guinea Bissau. Gracias a un pequeño emisor vía satélite, que no alcanza los 30 gramos de peso, investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD) y técnicos de la Consejería de Medio Ambiente pudieron seguir, en tiempo real, la azarosa travesía de esta rapaz.

En sólo cuatro jornadas, del 10 al 14 de septiembre, fue capaz de volar en línea recta sobre el Atlántico hasta alcanzar la orilla marroquí, cruzar este país de norte a sur y situarse en territorio saharaui. Cuatro días después, el 18 de septiembre, se encontraba ya en la frontera entre Mauritania y Senegal. Y por fin, el 25 de septiembre, después de haber cubierto cerca de 3.700 kilómetros, alcanzaba su zona de invernada, que los especialistas han podido identificar en la cuenca alta del río Mansôa, cerca de Cuitá (Guinea Bissau).

Los datos recogidos por el sistema de satélites Argos, empleado en este tipo de operaciones, han permitido fijar la velocidad media de esta migración en unos 200 kilómetros/día, lo que implica que estas aves son capaces de cubrir distancias de 2.000 kilómetros con breves paradas que no les permiten siquiera alimentarse. El desierto del Sáhara, por ejemplo, lo cubren volando a una velocidad media de 80 kilómetros por hora.

No todos los ejemplares de águila pescadora cuya migración se ha podido seguir mediante este procedimiento tuvieron tanta fortuna como 5CV. En 2003 una de estas rapaces perdió el rumbo, después de pelear con una tormenta, y acabó en el océano Atlántico. Aun así, trató de corregir su ruta, volando, sin descanso, más de 800 kilómetros, aunque, finalmente, cayó extenuada a unos veinte kilómetros de las costas africanas. Un incidente parecido se registró el verano pasado, y aunque en este caso el ave alcanzó tierra firme sus posibilidades de supervivencia, advierten los biólogos, se reducen notablemente debido al agotamiento.

Águilas pescadoras

El seguimiento vía satélite de águilas pescadoras se ha aplicado a 10 ejemplares de los que se han reintroducido en los parques naturales de Marismas del Odiel (Huelva) y Alcornocales (Cádiz). Este programa, que se financia con más de 300.000 euros procedentes de las medidas compensatorias derivadas de la construcción de la autovía A-381 Jerez-Los Barrios, ha permitido la suelta de 45 pollos de águila pescadora procedentes de Alemania, Escocia y Finlandia. Una iniciativa de la Consejería de Medio Ambiente ejecutada bajo la dirección científica de Miguel Ferrer, investigador de la EBD.

Mientras que en algunos países del norte de Europa aún mantiene poblaciones importantes, la situación del águila pescadora en la cuenca mediterránea es crítica. En Andalucía las última parejas que llegaron a criar lo hicieron a comienzos de los años ochenta en un sector comprendido entre Málaga y Granada. La reproducción estable sólo se lleva a cabo en contados enclaves de Marruecos, Argelia, Mallorca, Menorca, Cabrera y Córcega. La población, muy fragmentada, no supera las 70 parejas. Por este motivo, la consejería se embarcó en este programa de reintroducción, cuyos estudios previos comenzaron en 1999 y dieron lugar a las primeras sueltas de pollos en 2003.

Al igual que se viene haciendo con el águila imperial, la técnica que se aplica en este caso es la conocida hacking o cría seminatural, disponiéndose los pollos en nidos artificiales, situados sobre torretas, donde crecen bajo la discreta vigilancia de los biólogos, que los alimentan hasta que pueden valerse por sí mismos sin que en ningún momento los animales adviertan la presencia de los humanos. De esta manera, los animales identifican dichos nidos como su lugar de nacimiento, aunque en realidad procedan de países del centro y norte de Europa.

Llegado el momento, estas águilas abandonan el territorio andaluz para embarcarse en su periplo migratorio, pero, aun así, los especialistas confían en que se producirá el regreso de las mismas cuando estén en condiciones de criar, ya que esta especie, como otras, manifiesta este rasgo en su comportamiento. De ahí que resulte decisivo el seguimiento vía satélite de los ejemplares que ya se han liberado en suelo andaluz, de manera que pueda certificarse el éxito de su viaje migratorio y también el regreso a sus lugares de origen.

Los especialistas consideran que la presencia de pollos y nidos artificiales indica a otros individuos adultos, que permanezcan en la zona durante la época estival o que se encuentren cubriendo su paso migratorio, que ésa es una zona de cría, lo que supone "un hiperestímulo para la reproducción".

sandoval@arrakis.es

Los vigilantes espaciales

El sistema de satélites Argos lleva operando más de dos décadas gracias a un acuerdo de colaboración que implica a instituciones francesas (el Centro Nacional de Estudios Espaciales) y norteamericanas (la NASA y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica). Sus aplicaciones se concentran en el ámbito medioambiental, de manera que, mediante diferentes tipos de emisores, pueden transmitirse, en tiempo real, datos relativos al movimiento y posición de diferentes especies animales, el tránsito de buques o la evolución de vertidos contaminantes.

En la actualidad operan más de 10.000 emisores asociados a este sistema de satélites, de los que se calcula que entre 600 y 1.000 se utilizan para el seguimiento de aves en diferentes puntos del planeta. Esta aplicación está vinculada al reducido tamaño de los emisores que, en este caso, pueden llegar a pesar tan sólo 15 gramos, incluyendo baterías o pequeños paneles solares, lo que les otorga una autonomía que puede rebasar los 12 meses de funcionamiento ininterrumpido.

La precisión de los datos que facilitan, y su obtención en tiempo real mediante una sencilla conexión a Internet, permite localizar a las aves en el lugar exacto en el que se encuentran. Así lo hicieron el pasado año investigadores de la EBD cuando viajaron a Mauritania para estudiar la invernada de los alimoches que nacen en tierras andaluzas. Uno de los ejemplares fue marcado cuando aún no había abandonado el nido, situado en la Sierra de la Plata (Cádiz), y, cinco meses después, los biólogos, con el auxilio del sistema Argos, fueron capaces de encontrarlo posado en una acacia cerca de Kiffa (Mauritania).

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 05 de febrero de 2006.

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