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Crítica:DORMIR

Clase de historia y modernidad

PARADOR DE ALARCÓN, una fortaleza árabe del siglo VIII con vistas a la vega del Júcar

Los paradores de turismo no son únicamente monumentos, sino también personas. Servidores de la historia como Basilio Meneses, que lleva la friolera de 29 años empleado en el mismo parador y aún mantiene intactas su jovialidad y buena disposición para la acogida. Con orgullo campechano sitúa enseguida a quien se hospeda en Alarcón sobre la pista de la última reforma obrada en el que fuera el castillo de los marqueses de Villena y antiguo alcázar musulmán, ahora despampanante ejemplo de un interiorismo actual firmado por María Moreno. Su propuesta no puede ser más estimulante. Carpinterías y muebles de diseño, suelos de barro o madera, tapicerías rojizas y anaranjadas, además de una valiosa colección de pintura contemporánea que incluye obras de Tàpies, Sempere, Amadeo Gabino, Álvaro Delgado y Menchu Gal, sustituyen a los yelmos, forjas y oriflamas cuartelarias que hasta hoy decoraban el parador.

PARADOR DE ALARCÓN

Categoría oficial: 4 estrellas. Dirección: avenida de los Amigos de los Castillos, 3. 16214 Alarcón (Cuenca). Teléfono 969 33 03 15. Fax: 969 33 03 03. Central de reservas: 915 16 66 66. Internet: www.parador.es. Instalaciones: patio interior, salón de estar, comedor. Habitaciones: 8 dobles, 5 dobles especiales, 1 'suite'; todas con baño, calefacción, aire acondicionado, teléfono, TV satélite, minibar, secador, prensa. Servicios: no hay facilidades para discapacitados, no admite animales. Precios: todo el año, 190 + 7% IVA; desayuno incluido; con la tarjeta 5 Noches, 85 euros por noche; otras promociones y descuentos, consultar 'web' de Paradores. Tarjetas de crédito: American Express, Diners Club, Eurocard, MasterCard, Visa.

Arquitectura ... 9

Decoración ... 9

Estado de conservación ... 9

Confortabilidad habitaciones ... 8

Aseos ... 6

Ambiente ... 8

Desayuno ... 6

Atención ... 9

Tranquilidad ... 9

Instalaciones ... 7

Lo primero que reclama la mirada tras el vericueto de acceso a la fortaleza, una vez sorteados la primera muralla y el caserío adosado a sus pies, es el torreón de acero corten que separa las zonas comunes de las habitaciones privadas. En el costado derecho cobran ahora mayor relevancia el bar y la cafetería, decorada con unos llamativos doseles y un gigantesco tapiz de rojo sangre y naranja. Desde muy temprano por la mañana se sirven aquí unos desayunos a la carta sin calidad extrema, pero bienintencionados en la presentación de los platos. La mantequilla reposa con sal y sin sal en unos elegantes tarritos de porcelana.

Si hubiera que elegir una habitación singular entre todas, de por sí excepcionales tras la reforma, sin duda ésta sería la que cubre el hueco superior de la torre del homenaje, conocida como la suite de Don Juan Manuel. Su bóveda original de medio punto no tiene parangón en ningún parador. En un alarde de audacia, integra el cuarto de baño en la propia alcoba para conseguir aire y dar libre acceso al portillón que la comunica con el paseo de ronda, desde el cual se obtienen unas vistas únicas de los meandros del río Júcar. Un dosel rojo pasión vuela sobre la cama, iluminada por halógenos bien orientados y los destellos artísticos de la obra gráfica firmada por Pablo Palazuelo. Lástima que la disposición de la bañera bajo la bóveda impida ducharse de pie, puesto que el hueco apropiado lo ocupa el bidé por exigencias de una legislación hotelera obsoleta desde los tiempos de la Pompadour.

ALREDEDORES

ADEMÁS DE LOS paseos a pie que se pueden emprender por las orillas del embalse, el perfil mesetario de La Mancha depara fáciles desplazamientos en coche hacia sus accidentes geográficos más notorios. La Ciudad Encantada es una formación geológica con nombres de animales y extraños recovecos, a 35 kilómetros del parador. Un poco más lejos, Belmonte aparece coronado por el castillo del infante Don Juan Manuel, al que circundan unas murallas almenadas de la Edad Media. La población manchega de Mota del Cuervo sorprende por sus molinos de viento, bien conservados, tan altivos o más que los de Consuegra o Campo de Criptana. Cuenca, en fin, se ofrece a quienes optan por el turismo urbano con su catedral, sus casas colgadas y el Museo de Arte Abstracto. Un conjunto monumental emplazado entre las hoces del Júcar y del Huécar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de febrero de 2006

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