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Crónica:FÚTBOL | 20ª jornada de Liga

El Villarreal tira de orgullo

Dos penaltis cambian el signo del conjunto de Pellegrini frente a un disciplinado Osasuna

A sus cualidades evidentes, el Villarreal sumó ayer una desconocida manera de resolver situaciones extremas: un ataque de orgullo con el que doblegó a un correoso Osasuna en un partido caliente. Tras tres jornadas sin lograr un gol y logrando un solo punto, el conjunto de Pellegrini necesitaba una victoria que le hiciera creer nuevamente en sí mismo ante un rival directo en la lucha por las plazas europeas y que distaba 0 ocho puntos por encima en la clasificación. Al igual que el Villarreal, Osasuna no llegaba a la cita en su mejor momento tras dos derrotas consecutivas. El conjunto navarro se adelantó en el marcador y logró agarrarse a la victoria hasta mediado el segundo periodo. Pero, en cinco minutos, dos penaltis cometidos sobre Guayre cambiaron la situación. Los lanzó Riquelme, que venía de fallar uno ante el Racing en el Sardinero y, por tanto, no evitó la responsabilidad. Marcó los dos.

VILLARREAL 2 - OSASUNA 1

Villarreal: Viera; Javi Venta, Gonzalo Rodríguez, Quique Álvarez, Arruabarrena (Roger, m. 61) ; Cazorla (Tacchinardi, m.70), Senna, Sorín, Riquelme; José Mari (Guayre, m. 15) y Forlán.

Osasuna: Ricardo; Flaño, Josetxo, Cuéllar, Clavero; Puñal; David López (Fran Moreno, m. 68), Muñoz Raúl García, Ortiz (Brit, m. 82); y Romeo (Sosa, m. 82).

Goles: 0-1. M. 28. Raúl García agarra un rechace de la defensa del Villarreal a diez metros del vértice izquierdo del área de Viera y marca de violento disparo cruzado. 1-1. M. 70. Riquelme marca, de penalti.2-1. M. 76. Riquelme nuevamente bate a Ricardo de penalti.

Árbitro: Daudén Ibáñez. Amonestó a Romeo, Senna, Ortiz, Quique Álvarez, Flaño, Guayre y Tacchinardi.

Unos 18.000 espectadores en el El Madrigal.

De los errores se suele aprender más que de los aciertos. Sin embargo, Pellegrini no termina de convencerse de que tácticamente, prescindiendo de un pivote, ante la ausencia de Josico, su equipo pierde el rumbo, se siente inseguro y perdido. Le sucedió frente al Benfica y ante el Madrid. Ayer Pellegrini volvió a reincidir en la dudosa propuesta, a priori atrevida.

Osasuna sabe sacar jugo al argumento que previamente idea en la pizarra Javier Aguirre. Ayer el equipo navarro no contaba con varios de sus primeras espadas. Las ausencias no tienen importancia. Si hay un equipo demócrata en la Liga española, ése es Osasuna. Entran unos y salen otros del once, cambian los nombres y el grupo no se resiente y actúa con metódica solvencia y disciplina a la que añaden el punto de agresividad necesaria, en ocasiones rayando los límites de la legalidad, que hace amplificar sus prestaciones. El azúcar en la pandilla de Aguirre lo pone Raúl García, un excelente centrocampista con una ortodoxa técnica y un gran golpeo del esférico, como quedó patente en el gol que adelantó a su equipo.

Herido en su autoestima, el conjunto castellonense se conjuró para invertir la situación. Se deshizo en esfuerzos para revertir el oscuro panorama que tenía. En la segunda mitad, cercó al Osasuna, que se defendió con lo que pudo y como pudo. En dos ocasiones lo hizo mal, se extralimitó en su efusividad, lo que le costó dos penaltis en contra que dejaron su esfuerzo en nada. Riquelme se echó la responsabilidad a sus espaldas y premió el apasionado esfuerzo de sus compañeros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de enero de 2006