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Crónica:FÚTBOL | 20ª jornada de Liga

Mano a mano en Anoeta

Nihat y Aduriz empatan a goles y el Athletic y la Real exhiben por igual virtudes y defectos

En los partidos rotos, el fútbol suele ser secundario. Son partidos de chispazos, de anécdotas, de acciones geniales o de fallos garrafales. Lo demás resulta un tanto accesorio. Y en un derby esos asuntos prevalecen siempre sobre cualquier rigor táctico, estratégico o, sencillamente, razonable. Y así se meten seis goles y se empata como se podía ganar o perder. En los partidos rotos, por ejemplo, Nihat, que es un gran futbolista, se suele forrar. En la vorágine, es el rey.

La Real descubrió ayer la barrera que separa lo económico de lo deportivo. Empeñada en vender a Nihat para engordar las arcas, el turco demostró que es el jugador imprescindible para sacar al equipo donostiarra de las puertas del infierno. Su asociación con Skoubo, un grandullón que no ejerce como tal, resultó tan letal como la antigua sociedad que formaba con Kovacevic. Nihat corre, controla, amaga, engaña al defensor, se coloca y remata, generalmente raso y ajustado. Skoubo, engaña con su envergadura porque le gusta casi jugar más con los pies.

REAL SOCIEDAD 3 - ATHLETIC 3

Real Sociedad: Riesgo; Cifuentes, Jauregi, Ansotegi, Garrido (Barkero, m. 84); Xabi Prieto, Mikel Alonso, Novo (Garitano, m. 62), Gabilondo; Nihat y Skoubo (Uranga, m. 85).

Athletic: Lafuente; Iraola, Ustaritz, Luis Prieto, Amorebieta; Orbaiz, Gurpegui (Tiko, m. 77); Etxeberria (Urzaiz, m. 44) Guerrero (Dañobeitia, m. 62), Yeste; y Aduriz.

Goles: 0-1. M. 7. Pase de Skoubo que Nihat empalma. 0-2. M. 38. Taconazo de Skoubo a Nihat que bate a Lafuente. 1-2. M. 48. Cabezazo de Aduriz. 2-2. M. 68. Balón atrás de Dañobeitia y remate de Aduriz. 3-2. M. 68. Balón aéreo de Nihat a Skoubo, que marca. 3-3. Iraola, a centro de Dañobeitia.

Árbitro: Rodríguez Santiago. Amonestó a Garrido, Ustaritz, Prieto y Novo.

Unos 26.000 espectadores en Anoeta.

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El Athletic fue una presa fácil para Nihat. Javier Clemente le puso como vigilante a un muchacho debutante, Ustaritz, lo que demuestra cuánto confía en los centrales rojiblancos. En siete minutos, Nihat se fabricó dos ocasiones malgastadas por centímetros y a la tercera la enchufó. Media hora después, otra asociación con el delantero danés ratificó el segundo gol mientras el Athletic seguía mirando y mirando sin saber qué hacer.

La verdad es que el partido era un asunto privado de Nihat, con la ayuda de Skoubo, un futbolista con el que apenas se ha entrenado. El resto de la Real era vulgar, metódico, rutinario, pero... a una velocidad superior a la del Athletic. Presiona infinitamente más y el balón lo mueve con más criterio, lo que convertía al Athletic en un remedo de equipo incapaz de producir ni siquiera sensación de peligro.

Al Athletic le pesan la clasificación, las urgencias, los cambios y el rigor defensivo en todo el equipo. Es un cuadro que no encuentra el nort, ni el sur. Cuando no le falla la defensa, no encuentra el nivel esperado de su medio campo, ayer superado claramente durante 45 minutos por un equipo peleón que se limitó a asfixiar a Orbaiz dejando el trabajo creativo a Gurpegui, un trabajo que no es precisamente el suyo.

Pero ni el Athletic ni la Real son equipos para aguantar un partido completo. Si lo hacen bien en la primera mitad, se hunden en la segunda -caso de la Real- ; si entregan 45 minutos, se rearman en la segunda mitad -caso del Athletic-. Conclusión: son dos equipos en horas bajas, con poquito juego, poquita gasolina, dependientes de la actuación individual de alguno de sus futbolistas y tan vocacionales que, sin jugar razonablemente bien, son capaces de promover un partido entretenido, lleno de bellos goles -hasta cinco-, casi convertido en un mano a mano entre Nihat y Aduriz, mientras el resto corría y corría, luchaba y luchaba.

El Athletic, por inexperiencia y por falta de actitud y de juego -no exento de falta de estrategia-, entregó 45 minutos y dos goles que acreditan tanto a Nihat como desacreditan a la defensa rojiblanca. La Real le devolvió el favor en la segunda mitad con otros dos goles de Aduriz en los que su defensa se contagió de la actitud de los rojiblancos. Ciertamente, el Athletic, herido, asustado, acorraló a la Real y se hizo acreedor a cuando menos al empate, si no a la victoria. Aduriz consiguió dos goles, pero tuvo otros dos en su botas extrañamente errados.

La Real era un equipo entregado al resultado al que le acompañó la suerte en el momento decisivo. Cuando Aduriz consiguió el empate, la Real parecía una presa fácil para un equipo voraz. Y, sin embargo, al instante siguiente de conseguir un empate que le ponía en la autopista de la victoria, Skoubo se sacó de la nada una jugada individual en un globo de Nihat que acabó en la red de Lafuente, un tanto despistado. Eso siempre le pasa al de abajo, pero al Athletic le ha ocurrido tantas veces que no se puede acusar a la fatalidad, sino a la docilidad. Ayer reaccionó a tiempo. Casi sobre el pitido final, otro balón colgado sobre la defensa realista acabó en la bota de Iraola, que lo empujó a la red. Un resultado extraño que, probablemente, hoy no dejará tranquilo a nadie. Ayer, al Athletic, sí; a la Real, no.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de enero de 2006