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Crónica:FÚTBOL | 20ª jornada de Liga

El colista hace trabajar al líder

El Barça, lastrado por las bajas, doblega al Alavés en la segunda parte después de un primer tiempo muy disputado

El Barça suma y sigue, aunque desde hace unos días sus victorias no tienen la magia del inicio y ha perdido cierto encanto. Los azulgrana presentan ahora un aspecto más terrenal pero en algo parecen infalibles: en su fe en la victoria, su paciencia, el temple y una dosis extra de trabajo por no decaer hasta que va colocando victoria tras victoria en el cesto.

El líder se deshizo con más apuros de los previstos del colista, de un aseado Alavés, que aguantó media parte hasta que Constanzo cometió un error garrafal ante Larsson, que se reivindicó el primer día que le tocó hacer de Eto'o. Le costó al Barça horrores sentenciar el encuentro, más que nada porque Giuly envió tres balones al palo. Fue al final Messi, tras un jugadón de Ronaldinho, el que aprovechó un despeje desesperado de Constanzo para meter el segundo y cerrar definitivamente el encuentro.

BARCELONA 2 - ALAVÉS 0

Barcelona: Valdés; Oleguer, Puyol (Belletti, m.84), Márquez, Sylvinho; Iniesta, Edmilson, Van Bommel; Giuly (Maxi López, m.84), Larsson (Messi, m. 72) y Ronaldinho.

Alavés: Constanzo; Edu Alonso, Sarriegi, Juanito, Coromina; Georgiev (Elton, m. 57), Jandro, Carpintero, Nene (Rubén Navarro, m.70); Aloisi y Bodipo.

Goles: 1-0. M. 46. Van Bommel abre hacia la derecha para Giuly, quien centra al segundo palo, Constanzo falla en la intercepción de la pelota y Larsson remata con la zurda. 2-0. M. 81. Messi remacha con la zurda un rechace de Constanzo después de un tiro de Ronaldinho.

Árbitro: Turienzo Álvarez. Mostró la tarjeta amarilla a Georgiev, Valdés y Coromina.

Camp Nou: 72.081 espectadores. Marc Coma, ganador en motos del Rally Dakar, hizo el saque de honor, en compañía de Nani Roma -tercero en coches- y Josep Manuel González Pedregá -ganador en quads- Ronaldinho falló un penalti cometido por Sarriegi a Iniesta en el minuto 68: es la segunda pena máxima que no convierte el brasileño sobre un total de nueve.

El gol del argentino llegó a solo siete minutos de final y provocó el alivio definitivo del Camp Nou. No es que el Alavés apretara en la segunda parte. Tuvo sus oportunidades en la primera con un contragolpe de Bodipo y un chut de Jandro que Valdés repelió al travesaño y luego decayó ante la insistencia azulgrana. Lo que sucedía es que el resultado de un solitario gol de ventaja incomodaba al Camp Nou que, ya tuvo que mirar el reloj ante el Athletic. Lo mismo sucedió en el derby disputado en Montjuïc.

El Barça, que fue ayer de menos a más, parece haber perdido en el camino su proverbial facilidad para resolver sus encuentros y anoche tenía si cabe una prueba más dura con dos bajas de peso: no estaba Eto'o, que convierte en gol todo lo que toca (tres tantos en la Copa África y 18 en 19 partidos de Liga) ni el sancionado Deco ni tampoco el lesionado Motta. Rijkaard tuvo que tirar de una alineación de circunstancias con Iniesta, Van Bommel y Larsson. Y su equipo pareció menos fresco, con menos chispa y añoró la clarividencia de Xavi. Tampoco es fácil dar con una fotocopia de Deco. Y menos de Eto'o. El Alavés, que ya frustró al Barça en el debut de la Liga en Mendizorroza -ha sido el único equipo que le ha dejado a cero en el campeonato-, no se acomplejó y decidió con valentía tutear a los azulgrana con jugadores netamente ofensivos: el brasileño Nene y el debutante búlgaro Georgiev en las bandas, dos delanteros (Bodipo y Aloisi) y Jandro, retrasado como mediocentro para abrir juego. Y el Alavés aguantó el tipo. La táctica le salió razonablemente bien a Oliva. Entre otras cosas, porque el Barça fue incapaz de crear peligro en la primera media hora. Sus mejores opciones siempre pasaron por recuperaciones rápidas de balón pero ni Van Bommel, ni Iniesta ni Larsson, muy trabajador jugando como siempre de espaldas, vieron puerta.

Espoleado y estirado por Giuly, extraordinariamente motivado por volver a jugar de titular en lugar de Messi, el Barça trabajó la banda para mantener vivo el peligro. El francés, gafado como nunca ante portería, falló con estrépito un remate franco que lamió la parte exterior del poste justo antes del descanso y salió en la segunda parte igual de bullicioso: chutó a puerta, al portero se le escapó el balón y Larsson no perdonó.

El Alavés pareció rendirse y el Barça, más tranquilo, se reencontró a sí mismo y empezó a presionar a la defensa y a buscar a Constanzo, que vio dos veces más cómo Giuly remataba al palo. El suspense llegó hasta el final con un penalti cometido sobre Iniesta y errado por Ronaldinho. Pero no cundió la histeria. El público le empezó a corear, reclamó eso sí a Messi y Rijkaard dio una muestra más de su inteligencia emocional: lo sacó por Larsson y no por Giuly, que hubiera sido el relevo natural. El francés se despidió con otro zapatazo al travesaño y fue ovacionado al ser relevado por Maxi. Messi, mientras, necesitó bastante menos: estuvo 12 minutos en el campo y marcó después de un tuya-mia con Ronaldinho. Podrá sacarse ya de encima su obsesión por no meter goles. El suyo ratificó la 13ª victoria del Barça consecutiva en la Liga y la 18ª de su racha.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de enero de 2006