Mari Puri Herrero sigue "el camino del color" en sus últimos trabajos

La pintora inaugura en una galería bilbaína una exposición con una veintena de cuadros

La pintora Mari Puri Herrero (Bilbao, 1942) reconoce que se encuentra en una etapa muy fructífera, de un trabajo intenso, en la que ha encontrado ideas para retomar cuadros abandonados hace años. "Me he metido en el camino del color", explica. Ayer inauguró en la bilbaína galería Colon XVI (Henao, 10; hasta el 28 de febrero) una exposición con una veintena de pinturas realizadas en los dos últimos años que así lo demuestran.

En los dos años que han transcurrido desde la última exposición de Mari Puri Herrero en su galería de Bilbao, la pintora ha ganado en entusiasmo y vitalidad. "Me pongo a trabajar y me olvido de todas las perturbaciones que me rodean", dice ante la colección de pinturas que muestran sus características figuras desdibujadas y paisajes, ahora rodeados por una paleta de color más amplia e intensa.

Herrero recuerda que siempre le ha interesado llevar el color a sus obras, convencida de que el arte moderno es la gran conquista del color. "No veo una raya que separe el arte antiguo y moderno. Creo que el arte y la literatura siempre han sido una abstracción de lo que ocure en la realidad, pero las posibilidades en el uso del color y en su expresividad cambiaron tanto a partir del siglo XIX", explica. Su interés en explorar el color cambió radicalmente en 2000 durante una larga estancia en París. "Me impresionó el escaparate de una famosa tienda de materiales para artistas dedicado en exclusiva al pigmento de tierra verde. Fue como una revelación", cuenta. "Un color tan simple daba entrada a todo un mundo".

La pintora se siente "convertida" a la utilización del color y con este nuevo impulso ha retomado incluso obras abandonadas hace 40 años. "Muchas veces es el color el que me sitúa en el ambiente y me da paso a los temas", reconoce. "Soy muy consciente de que ha habido momentos en mi vida que no he sabido hacer lo que me interesaba. Es una búsqueda de algo que está como entre brumas". Ahora trata de descubrirlo metiéndose en "el camino del color". "Es muy laborioso. El color es un viaje autentico".

La autora explica que, además, en los últimos cuadros ha reforzado el rol del color cambiando de técnica. Ha dejado los tubos de óleo "porque no encontraba lo que quería" y ahora trabaja directamente con pigmentos.

Un "larguísimo" camino

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Desde su primera exposición en 1963, la pintora ha acumulado una valiosa experiencia. "El arte, como yo lo entiendo, es un camino larguísimo. Sea con pintura o monitores de televisión, el lenguaje plástico son líneas, son colores, y lo visual requiere una dedicación de mucho tiempo".

Las pinturas de Herrero, cargadas ahora de color, mantienen sus figuras enigmáticas y el suave acercamiento al mundo natural. "Me gusta mantenerme en contacto con la naturaleza. Es muy grato pasar medio año en Madrid, en el centro de la ciudad, y el otro medio año en plena naturaleza", confiesa.

La pintora cree que los compradores de sus obras buscan en las pinturas el "lenguaje oculto del arte", como ella misma hace al contemplar en un museo una obra de arte antiguo. "No me gusta explicar los cuadros", señala. "Creo que el arte actual peca de exceso en las explicaciones. El cuadro, la instalación o el vídeo es lo que es, no hace falta echarle sociología. Hablan con un lenguaje soterrado". La artista defiende la relación directa entre la persona y la obra, sea en la intimidad de una colección particular o en un museo. "Me gusta que haya secretos en los cuadros, muy sutiles. ¿Cuántas figuras, por ejemplo, hay en un cuadro? Muchas veces la gente ve cosas que yo no pretendía mostrar. Me sorprenden mucho sus comentarios".

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