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Crítica:

Dante en Burgos (1936)

La locura de un canónigo de la catedral de Burgos, empeñado en entrar en el Purgatorio, coincide con la conspiración contra la República que tiene lugar en esa misma ciudad. Las dos tramas terminan uniéndose en la primera entrega de una trilogía novelesca de Óscar Esquivias.

La literatura trastorna. Eso lo sabemos todos desde Platón, que la denunció por ello y echó a los poetas de su estado ideal. Por Cervantes sabemos que seguía trastornando en el siglo XVI; Flaubert y Tolstói nos lo recordaron en el XIX y a Óscar Esquivias (Burgos, 1972) le debemos una nueva formulación del tópico, esta vez ambientada en el XX. Pero su última novela, Inquietud en el paraíso, no sólo retrata el trastorno literario de don Cosme Herrera, canónigo penitenciario del cabildo de la S. I. Catedral de Burgos allá por julio de 1936. También da cuenta del trastorno bélico que sumió a España en el conflicto que, hasta que nos toque otro -y ojalá no sea civil-, seguirá ejerciendo de rey en nuestro imaginario colectivo.

INQUIETUD EN EL PARAÍSO

Óscar Esquivias

Ediciones del Viento

A Coruña, 2005

369 páginas. 20 euros

Inquietud en el paraíso entrelaza

estas dos tramas paralelas: por un lado está el loco empeño del canónigo Herrera en acceder al Purgatorio desde el sepulcro del primer traductor de Dante al castellano, el arcediano Fernández de Villegas, que se encuentra en la catedral. Por otro, la novela relata cómo se urdía la conspiración contra la Segunda República en Burgos, sobre todo a través del capitán Diego Paisán, y cómo se precipitó a raíz del asesinato de Calvo Sotelo. Mientras hay paz el canónigo verá prohibida su expedición al otro mundo, pero cuando al trastorno de la literatura se una al de la guerra, las dos locuras, la del militar y la del canónigo, la sangre y las letras, se darán la mano para hacer posible la locura de las locuras, que consiste en organizar literalmente un descenso a los infiernos.

Las dos tramas dan pie a Esquivias para cincelar un friso magnífico en el que aparecen retratadas varias decenas de personajes, algunos de ellos caracterizados contundentemente de un simple trazo. Los diálogos claman ¡Vetusta! y nos recuerdan que en 1936 la España de provincias seguía resistiéndose a pasar al siglo XX, encastillada en casinos, catedrales y espolones desde los que no se veía el mar. Pero esta novela histórica, escrita con una prosa engañosamente neutra -no hay mejor estilo que el de quien pasa desapercibido-, de ritmo perfecto, sutil, irónica e inteligente, sobre todo nos recuerda el triste empeño de las "fuerzas vivas" provincianas en conspirar contra la modernidad política, y también su pelmaza afición al pronunciamiento militar. Esquivias nos tendrá en ascuas, qué remedio, hasta la siguiente entrega de esta trilogía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de enero de 2006

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