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Entrevista:GARI KASPÁROV | POLÍTICO | ENTREVISTA

"Lo único que quiero de Putin es que respete la Constitución"

Gari Kaspárov ha cambiado de rival: en lugar de Anatoli Kárpov, Vladímir Putin, a quien él llama "Calígula". A los 42 años, 10 meses después de retirarse del ajedrez tras ser el número uno durante dos decenios, preside el Comité Elecciones Libres 2008 y promueve el Frente Cívico, que pretende unir a toda la oposición.

Desde que sufrió dos agresiones físicas en actos políticos, Gari Kaspárov vive, en Moscú, con tres guardaespaldas, que le protegieron mientras EL PAÍS le acompañó durante dos días, en un coche blindado y con los cristales opacos. Pero no añora los torneos porque se siente moralmente obligado a evitar que el Gobierno de Vladímir Putin "dé jaque mate a la democracia rusa". Sacia el hambre de ajedrez escribiendo libros, y saca tiempo para nadar y hacer gimnasia varias veces por semana.

No es fácil que un ruso nacionalizado, nacido en Azerbaiyán de madre armenia y padre judío, conquiste el corazón de las gentes en un país donde la xenofobia hacia los morenos caucásicos es palpable. Pero la visita a varios colegios electorales el 4 de diciembre (elecciones a la Asamblea de Moscú) fue significativa: "¿Ve? Todos éstos son rusos puros, y ninguno muestra hostilidad hacia mí. Todos quieren autógrafos y fotos. Mi origen no es un problema, está ampliamente compensado por mi popularidad. En la Rusia profunda, hasta las autoridades locales favorables a Putin me pedían fotos y autógrafos a escondidas".

"Ahora tenemos al presidente de la Duma, que dice textualmente: 'El Parlamento no es un lugar para discusiones'. ¡Y se queda tan ancho!"

"Nuestro rey, la democracia, está sufriendo un ataque terrible, y cada jugada sin que Vladímir Putin nos dé jaque mate es una pequeña victoria"

"Vivir aquí sin hacer nada, viendo la corrupción endémica, el colapso del Estado ruso y las prácticas criminales del régimen, no podría soportarlo"

"Necesitamos una inversión urgente en carreteras e infraestructuras, pero los inversores tienen miedo a que la burocracia se quede con el dinero"

"Es sabido que ciudadanos o empresas que financien a la oposición sufrirán pronto una inspección de Hacienda. Nuestros donantes exigen anonimato"

El día 5, Kaspárov se empleó a fondo durante una reunión del prestigioso Grupo Helsinki-Moscú, hasta que logró convencer a sus interlocutores de la necesidad de lanzar un ultimátum a todos los grupos políticos: el Frente Cívico no apoyará a quienes sigan negociando con el Gobierno, sin romper con Putin. Pregunta. ¿Ha leído el Quijote?

Respuesta. Sí, por supuesto.

P. ¿Y no ve un parecido entre usted y él?

R. Puede ser, pero Don Quijote no tenía ninguna probabilidad de ganar, y yo, sí, aunque sea remota. Este reto no es como el ajedrez, donde puedes calcular con exactitud. Cuando luchas por establecer la democracia en tu país, tú eliges, y esa elección es un imperativo moral. Calcular las probabilidades en ese caso sería un error, porque la cuestión ya no es si ganas o pierdes, sino si debes hacerlo o no. Pensé que vivir en mi país sin luchar sería malo, y marcharme, también; que se vaya Putin, si quiere. Además, no quiero que mi hijo crezca avergonzado de su país.

P. Pero usted podría vivir en Rusia muy bien con el dinero que gana por exhibiciones, conferencias, libros, etcétera.

R. Sí. De hecho, el régimen de Putin es muy generoso comprando apoyo de gente famosa. Por ejemplo, el director de cine Stanislav Govorujin me explicó hace poco que había cambiado de bando porque el entorno de Putin financió su última película. Y yo podría vender mis servicios al Gobierno a un precio alto, teniendo en cuenta mi prestigio internacional. Pero vivir aquí sin hacer nada, viendo la corrupción endémica, el colapso del Estado ruso y las prácticas criminales del régimen, no podría soportarlo. Que sea bueno o malo para mí, que me haga sufrir, eso es otra historia. Yo siempre he luchado contra la injusticia, y hacerlo ahora contra este régimen es una continuación lógica de la historia de mi vida.

P. Escuchándole ahora escucho al mismo tiempo a su madre hace veinte años, en una entrevista con EL PAÍS: "Ser el primero siempre es muy duro. Vivir por el placer de vivir es algo que ni mi hijo ni yo comprendemos".

R. No puedo añadir nada sustancial. Mi madre fue muy perspicaz al predecir mi futuro.

P. Intuyo que uno de sus principales obstáculos es la falta de tradición democrática en Rusia.

R. Tampoco la había en Corea del Sur, Taiwan o España, y la democracia ha funcionado. Hace poco, Clinton dijo que en Rusia hay más libertad que en 1985. Y es cierto, pero hay menos que en 1989 o 1995. Aunque las elecciones de 1996 no fueron muy justas, al menos había lucha política y debate. Ahora tenemos al presidente de la Duma estatal

[cámara baja del Parla-mento], que dice textualmente: "El Parlamento no es un lugar para discusiones". ¡Y se queda tan ancho! ¡Es una frase histórica!

P. Con más cultura democrática habría más gente protestando por la censura en la prensa y la falta de debates en televisión, por ejemplo.

R. Sí, pero eso no sólo tiene que ver con la falta de democracia, sino con las condiciones de vida; la prioridad de la gente es comer cada día. Por lo que veo en mis viajes por el interior, los rusos empiezan a darse cuenta de que una cosa influye en la otra: ven que ya no pueden votar por sus gobernadores democráticamente porque los elige el Kremlin a dedo, que en Moscú hay mucho dinero y que a ellos apenas les llega nada, y lo relacionan todo. Es un proceso lento y largo, pero imparable.

P. Mientras tanto, Putin mantiene entre el 60% y el 70% de apoyo popular.

R. No es cierto. Es lo que han vendido a Occidente, y también internamente; pero los encuestadores profesionales saben que esos datos son falsos. Alguien llama por teléfono a un ciudadano nacido en la Unión Soviética, y le pregunta si confía en Putin, en el gran jefe. Y el ciudadano, por si acaso, dice que sí. Pero un 30%-35% se atreve a decir que no. Además, cuando se les pregunta por su grado de satisfacción sobre la lucha del Gobierno contra los problemas más importantes, como Chechenia, pobreza, delincuencia, paro..., las respuestas afirmativas rondan sólo el 40%. Es cierto que también hay un segmento de población, de mentalidad todavía soviética, que vota siempre por el poder establecido. Pero el verdadero problema es que mucha gente no cree que su voto pueda servir para cambiar algo, y el Gobierno intenta promover esa pasividad.

P. Ha dicho antes que en Moscú hay mucho dinero. Cualquier visitante se queda asombrado de los precios de restaurantes y tiendas en el centro.

R. Sí, es, junto a Londres, la ciudad más cara de Europa. Y en Londres han comprado inmuebles decenas de miles de millonarios rusos.

P. Y al mismo tiempo, el 20% de los rusos es muy pobre.

R. Mucho más, créame, esas estadísticas son falsas. Oficialmente, los ricos son 14 veces más ricos que los pobres; extraoficialmente, 35 veces. Hay unos 90.000 rusos

[entre más de 140 millones de habitantes] que podemos considerar millonarios, y casi todos viven en Moscú, donde su dinero eleva el nivel de vida de mucha gente. Pero todo eso depende casi exclusivamente del petróleo, es una situación artificial. Rusia es el segundo exportador del mundo, tras Arabia Saudí, y con el barril a más de 60 dólares recibe un chorro de dinero. Por eso hay gente, muy poca, que puede pagar cualquier cantidad en un restaurante o una tienda. Pero bastaría con que el barril bajase a 45 dólares para que la economía rusa se resintiese mucho.

P. Además, la inversión extranjera no es grande.

R. Necesitamos una inversión urgente en carreteras y toda clase de infraestructuras, pero los inversores tienen miedo a que la burocracia vertical del Gobierno se quede con el dinero, carecen de la confianza imprescindible porque Rusia está gobernada por una dictadura. Incluso el ministro de Finanzas ruso ha reconocido hace poco que invertir directamente los enormes beneficios del petróleo en mejorar las condiciones de vida de la población sería ineficaz porque, aparte de la inflación, buena parte de ellos serían robados por la burocracia corrupta. De ahí que mi objetivo esencial sea el de convencer a los ciudadanos de que voten para terminar con esa dictadura, más allá de la lucha entre derechas e izquierdas.

P. Usted insiste en que Putin no se irá tranquilamente, cumpliendo su palabra.

R. ¿Irse? ¿Dónde? Putin no es un individuo aislado, sino el jefe de un clan muy poderoso, de los más ricos del mundo. Para muchos de sus miembros, perder el poder significaría, en el mejor de los casos, perder lucrativos negocios, y en el peor, ser procesados por las ilegalidades cometidas. Aunque el nuevo Gobierno fuera muy próximo a Putin, si las cosas van mal necesitará culpar a alguien, y nadie mejor que el Gobierno anterior. Por tanto, Putin necesita la garantía de que realmente va a controlar al próximo Gobierno; no le basta con ser, por ejemplo, presidente honorario. Espero una maniobra importante suya en 2006. Quiere cambiar la Constitución, pero teme que los líderes occidentales no tengan tragaderas suficientes para asumir también eso en silencio. Puede optar por maniobras sibilinas. Por ejemplo, una unión con Bielorrusia, que obligaría a cambiar la Constitución. O alguna modificación que cambie la república presidencialista por otra en la que el partido tenga el control del poder, y él sea el jefe del partido. Hará algo que no le dé muy mala imagen, pero que le permita mantener el poder.

P. ¿La importancia del comercio con Rusia explica por qué Estados Unidos y Europa no condenan tajantemente los abusos de Putin?

R. Además de eso, sería muy incómodo boicotear a Rusia. Por ejemplo, habría que echarla del G-8. No es como en el caso de China, a la que no se ataca, pero tampoco se elogia, porque China no está en el G-8. Yo me conformaría con que hiciesen lo mismo con Rusia. Pero el problema es que no hay líderes fuertes en el mundo ahora para llevar las riendas de una iniciativa como ésa.

P. ¿Ni siquiera Bush?

R. No, porque Bush va en un bólido de fórmula 1 y corre mucho en las rectas, pero no sabe tomar las curvas, ni a la derecha, ni a la izquierda.

P. Por cierto, usted apoyó la invasión de Irak.

R. Sí, porque estaba convencido de que detrás había un plan, y ahora no lo veo. Aunque fuera muy radical -por ejemplo, invadir Irán desde Irak- tendría que haber un plan, porque, si no, la invasión no es un acto inteligente. De hecho, es un error mantener allá las tropas, rodeadas por tres regímenes terroristas, Irán, Siria y Arabia Saudí, que es tan malo como Irán, pero menos ruidoso. Bush dice que "debemos ganar". Bien, que me explique por favor quién es el enemigo y dónde está, y entonces hagamos un plan. Por cierto, el apoyo de Putin al Gobierno iraní, cuando existen serias sospechas de que ese país está desarrollando armas nucleares, es muy preocupante.

P. ¿Y tiene usted un plan para Chechenia?

R. Lo que está haciendo Putin allí es justo lo que no se debe hacer, porque da alas a los musulmanes radicales. Yo creo que los chechenos moderados, favorables a un entendimiento con Rusia, son todavía una mayoría clara, pero la diferencia disminuye cada día por la política de Putin y la corrupción de las autoridades locales. Los radicales se guían por el principio: "Rusia es más fuerte que nosotros, pero Alá es más fuerte que Rusia". Es imprescindible mejorar las condiciones de vida de la población normal, de los moderados.

P. ¿Es Rusia parte de Europa?

R. En esencia, sí, y además creo que su política exterior debe estar orientada hacia Europa y sus valores. Sin embargo, Rusia es también un imperio; no en el sentido agresivo, sino en cuanto a su gigantesco tamaño. Por tanto, su política debe ser flexible, no basada en la ideología. Debe estrechar mucho sus relaciones con Japón, estar en buenos términos con Estados Unidos, porque ambos comparten las amenazas del islamismo radical y de China, y adelgazar los lazos con China tanto como engordar los que tiene con Europa, porque China es un peligro y Europa debe ser un aliado. La política actual de Putin, que da prioridad a China e Irán, es absolutamente errónea.

P. Rusia pierde un millón de habitantes por año.

R. Tenemos un problema muy grave con el alcohol y la droga, entre otras razones porque varios mandos de la policía y de las fuerzas de seguridad que deben luchar contra esas lacras están involucrados en su distribución. El problema es enorme, y requiere una gran inversión de dinero en un plan nacional contra la droga.

P. Para arreglar eso, y todo lo demás, usted propugna una ruptura total con Putin, pero pocos le apoyan.

R. Hay algunos partidos y líderes que no terminan de ponerse de mi lado inequívocamente, porque quieren mantener algún contacto con el Gobierno de Putin, negociar con él, y creen que yo soy demasiado radical. Por ejemplo, el diputado independiente Vladímir Rizhkov, con quien mantengo una buena relación personal. Yo no negocio, lo único que quiero de Putin es que respete la Constitución. Creo que esta situación requiere líderes radicales porque es una lucha dura y esencial: tenemos que restaurar la democracia y lograr elecciones libres. Ser amable con un dictador no suaviza su régimen, lo hace más arrogante y agresivo.

P. Y usted, que se autodefine como "progresista en lo social y conservador en la economía", ¿cómo aplicaría esa ideología en su país?

R. Como si tuviera una segunda cabeza, porque aquí no se trata de discutir si es bueno rebajar los impuestos, sino de necesidades esenciales. Rusia necesita justicia social. Ya sé que aplicar ese principio a rajatabla tiene sus peligros, como el de la inflación. Pero si no logramos impregnar a los ciudadanos de un espíritu de reconciliación, de modo que una gran mayoría acepte los resultados de las privatizaciones de los años noventa, cuando algunas personas ganaron miles de millones a partir de la nada, será imposible que respeten a ningún Gobierno. Hay que acortar urgentemente la enorme diferencia entre los nuevos ricos y el Estado que no sirve a los ciudadanos, en un lado, y la gran mayoría de la población, en el otro.

P. ¿Es la falta de financiación su principal problema ahora?

R. Relativamente, porque ni siquiera con mucho dinero podríamos comprar espacios en los medios de comunicación rusos, excepto en unos pocos, minoritarios. Pero no podemos acercarnos abiertamente, públicamente, a pedir dinero a nadie porque es bien sabido que todo ciudadano o empresa rusos que financien a la oposición sufrirán pronto una inspección de Hacienda. Todos nuestros donantes exigen que no desvelemos sus nombres.

P. A pesar de la poca financiación, de la censura en los medios de comunicación rusos y de las grandes dificultades para aglutinar a la oposición, usted se muestra optimista. No le extrañará que le compare con Don Quijote.

R. Mucha gente se extraña de mi optimismo, porque saben que siempre he sido un maximalista. Pero si miramos la situación en términos ajedrecísticos, nuestra posición actual es tan mala que no podemos pensar a largo plazo, debemos sobrevivir. Nuestro rey, la democracia, está sufriendo un ataque terrible, y cada jugada sin que Putin nos dé jaque mate, cada día luchando, es una pequeña victoria. Estoy convencido de que lo que pretendo es posible, porque ya se ve una tendencia a la baja de la popularidad de Putin, aunque sea dificilísimo conseguirlo. Por tanto, hago lo que debo, e intento vivir al mismo tiempo.

"El presidente es un caradura"

LA SOLUCIÓN DEL RECIENTE conflicto entre Rusia y Ucrania por el gas y el petróleo es "una demostración más de que el presidente de Rusia es un caradura", declaró Kaspárov el jueves por teléfono desde Nueva York, donde se ocupa estos días de sus proyectos editoriales. La aparición en escena de la empresa intermediaria Rusukrenergo, con accionistas y procedimientos muy oscuros, que venderá gas a Ucrania muy por debajo del precio de mercado y se lucrará con ventas a otros países, alerta especialmente a Kaspárov: "Los beneficiarios de esa extraña operación son conocidos de Putin".

El ajedrecista convertido en político es escéptico en cuanto a la influencia que esa crisis pueda tener en las relaciones internacionales de Rusia: "Con la ayuda de un Parlamento títere, y por si no tuviéramos bastante con varias leyes claramente dañinas para la sociedad civil, Putin acaba de dar otro ejemplo de cómo su régimen utiliza recursos de Estado para abusar del poder dentro y fuera de sus fronteras. Sin embargo, Rusia va a presidir el G-8 durante 2006 mientras las potencias occidentales miran para otro lado. Es una farsa y una tragedia".

No menos contundentes son sus opiniones sobre las reformas que necesita la ONU: "Aún funciona con los criterios del final de la II Guerra Mundial, que no tienen sentido tras la caída del muro de Berlín. Ahora no basta con promover campañas de petróleo por alimentos, luchar un poco contra la corrupción e incorporar algunos países grandes al Consejo de Seguridad. Bien, ¿y qué cambia eso? Lo realmente necesario es establecer unas exigencias duras para todos sus miembros. Por ejemplo, Arabia Saudí será expulsada si no establece la libertad religiosa: al igual que hay mezquitas en Europa, debe haber iglesias de otras confesiones en Arabia Saudí. Y si en la agenda de China hay cosas que el mundo civilizado no puede aceptar, pues habrá que rechazarlas".

Kaspárov, nacionalizado ruso, nacido en Azerbaiyán de madre armenia y padre judío, es muy sensible al problema de la inmigración: "Está fuera de toda duda que Europa no puede sobrevivir sin inmigrantes, y Rusia, tampoco. Por tanto, hay que acentuar todas las medidas necesarias para su integración plena en los países de acogida, para evitar situaciones tan lamentables como las que acaban de producirse en Francia. Desgraciadamente, en Rusia no tenemos esa política, ni siquiera hemos logrado integrar a inmigrantes de habla rusa procedentes de la extinta URSS".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de enero de 2006

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