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Crítica:BALLET

Tamara Rojo, un anzuelo de lujo

El Palau de la Música de Barcelona no es un espacio escénico apropiado para la danza, resulta pequeño para bailar y, además, hay porcentaje elevado de localidades con visibilidad reducida o nula. El Festival del Mil.leni se ha convertido en sus siete años de existencia en un atractivo evento para las fiestas navideñas pues aprovecha la escasez de programación de conciertos para atraer, con nombres mediáticos, a numeroso público a su programación. Es lo que ocurrió el pasado viernes por la noche con la actuación de la bailarina Tamara Rojo, último premio Príncipe de Asturias de las Artes. Su nombre fue el reclamo para una Gala de Ballet que aglutinó a otras estrellas de la danza de opaco brillo. Un reclamo que llenó el Palau de la Música y dejó a los críticos relegados a las últimas filas de platea, pero valió la pena estirar el cuello y agudizar la vista para ver una pirouette o un attitude de la Rojo, la reina de la noche.

Gala de ballet

Intérpretes principales: Tamara Rojo e Iñaki Urlezaga. Fragmentos de coreografías de Cascanueces, de Alonso / Chaikovski; El lago de los cisnes, de Petipa / Chaikovski; L'homme en noir, de Petit / Chaikovski; Paquita, de Makarova / Minkus; Diana y Acteón, de Nureyev / Drigo; The Opener, de Petit / Duke Ellington; Gotan, de Peparini / Gotan Project; El Corsario, de Nureyev / Drigo; y Don Quijote, de Petipa / Minkus. Festival del Mil.lenni. Palau de la Música Catalana. Barcelona, 30 de diciembre.

Coqueta en el grand pas de deux de Don Quijote y sublime en el del cisne blanco de El lago de los cisnes, Tamara Rojo hechizó y entusiasmó en sus dos intervenciones, aunque el público se quedó con las ganas de verla bailar más. Sus dos breves intervenciones pasaron como un suspiro. Como cisne blanco desplegó encanto sobrenatural y en Don Quijote, la pasión envolvió su certero baile. El juego con el abanico, sus ojos negros y su pícara sonrisa, amén de sus afiladas y seguras puntas hipnotizaron al público. En los dos pasos a dos su pareja fue el magnífico bailarín Iñaki Urlezaga, que como Tamara Rojo pertenece al Royal Ballet.

Del resto de participantes en la Gala de Ballet hay que apuntar que el bailarín cubano Lienz Chang, brillante en otras ocasiones, decepcionó por su falta de forma física. Él abrió el programa bailando el paso a dos de Cascanueces con la española Raquel López, a la que le faltan muchas horas de barra. El cubano tampoco estuvo a la altura en el solo L'home en noir, pero estuvo correcto en el dúo Gotan, que bailó con Alba López.

El excelente bailarín Maximiliano Guerra bailó con precisión con Paola Vismara Diana y Acteón, pero no pudieron bailar el pas a deux porque Vismara sufrió una lipotimia. Por su parte, los jóvenes Altankhuyag Dugaraa y Ganchimeg Choijilsuren, del Ballet de la Ópera Nacional de Mongolia exhibieron una excelente técnica todavía por controlar. Ambos interpretaron los pasos a dos de El Corsario y Paquita. Dugaraa ejecutó con energía y soltura el solo de The Opener.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de enero de 2006