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Crónica:FÚTBOL | 16ª jornada de Liga

El Depor se pasea por Balaídos

El Celta rememora el año del descenso con una dolorosa derrota ante su máximo rival

Poco jugadores quedan del Celta del descenso, pero aquellas dos derrotas con el Deportivo parecen haberse grabado en el imaginario colectivo del equipo vigués. Fue un brutal 0-5 en Balaídos y un 3-0 en Riazor que sentenció la pérdida de categoría en la temporada 2003-04. Y por si la herida no había cicatrizado, desde ayer chorrea sangre.

En un pésimo partido, el equipo de Fernando Vázquez se vio otra vez superado con grandilocuencia por el Deportivo, que se permitió el lujo de desperdiciar un penalti y un par de ocasiones muy claras. Se limitó el Depor a aprovechar dos errores de Sergio en la primera mitad y certificarlos con un misil de Capdevila que dejó atónito a Esteban, también antes del descanso. El enrarecido ambiente de las semanas previas hizo el resto: el Celta se reconoció en su humillación y se fue del derby sin dar señales de vida, incluso cuando el equipo de Caparrós decidió levantar el pie del acelerador. En una segunda parte a beneficio de inventario, Balaídos se resignó a seguir sufriendo en unos derbis que han entrado en una dinámica demoledora.

CELTA 0 - DEPORTIVO 3

Celta: Pinto; Ángel, Sergio, Lequi, Placente; Oubiña, Iriney (Jorge, m. 62); Nuñez (Méndez, m. 57), Canobbio, Silva (Esteban, m. 25); y Baiano.

Deportivo: Molina; Manuel Pablo, Andrade, Juanma (Coloccini, m. 34), Capdevila; Munitis (Iván Carril, m. 67), Sergio, Duscher (Scaloni, m. 72), Romero; Valerón y Tristán.

Goles: 0-1. M. 27. Tristán transforma un penalti de Pinto sobre Munitis. 0-2. M. 43. Valerón recorta a Lequi dentro del área y bate a Esteban de disparo cruzado. 0-3. M. 45. Capdevila marca de falta directa.

Árbitro: Undiano Mallenco. Expulsó a Pinto por roja directa (m. 23). Amonestó a Juanma, Tristán, Iriney, Andrade, Méndez y Ángel.

Unos 18.000 espectadores en Balaídos.

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De algunos grandes centrales se dice que lían una por partido. Se espera de ellos una fiabilidad fuera de dudas, pero noventa minutos siempre dan para alguna frivolidad. El problema del céltico Sergio, que un día fue para figura, es que hace un puñado, y siempre peligrosas. Es cierto que de vez en cuando se destapa con un gran partido, de esos en los que se adueña de todo lo que vuele sobre el área o se dirija hacia ella. Cada vez menos. En su último año de contrato con el Celta, el asturiano está empeñado en contaminar su buena fama, que no volverá a ser la misma después del partido de ayer. Indeciso cuando toca salir, impreciso en el desplazamiento del balón y con errores de bulto, Sergio acompañó al Deportivo en su paseo por Balaídos, que se inició en uno de las primeros deslices de un jugador en decadencia. Se quedó en tierra de nadie y siguió con la vista el balón que Tristán enchufó en profundidad para Munitis, que extrajo un penalti con expulsión para Pinto. Se acabó el partido y comenzó el chorreo.

Para la afición del Celta, que se acercó a Balaídos entre propósitos de enmienda con Fernando Vázquez, su discutido entrenador, la jugada que desequilibró el encuentro dejó una sensación de injusticia. Diez minutos antes, Núñez había metido la directa y avanzaba como una moto hacia Molina, cuando fue cazado por detrás por el central Juanma. Undiano Mallenco resolvió aquello con una tarjeta amarilla, que la hinchada del Celta comparó después con la roja a Pinto en una jugada en la que Munitis se abría hacia la línea de fondo. Pero el gol que acabó de destrozar al Celta no fue aquel primero que le dejó en inferioridad sobre el campo y en el marcador, sino el que veinte minutos después anotó Valerón. Con todo el protagonismo de nuevo para Sergio, que se quedó clavado cuando el canario provocó un butrón en el área. Valerón encaró a Lequi, lo regateó y ajustó el balón con suavidad al palo izquierdo de Esteban, sustituto de Pinto.

Fuera de los goles, el partido venía ofreciendo pocas cosas de uno y otro lado. La alineación del Deportivo, con Romero en el interior izquierdo y Munitis cambiado a la banda derecha, hablaba de respeto hacia el Celta, pero si lo tuvo le duró poco. En cuanto pudo comenzó a masticar la jugada, y eso siempre significa problemas para el equipo de Fernando Vázquez. Con el centrocampista Sergio muy metido en el partido, el Depor fue de un lado a otro, y le dejaba al Celta el argumento del contraataque y alguna que otra jugada a balón parado. Pero el Celta sólo amagaba, y el grupo de Caparrós fue letal. Llegó cuatro veces en la primera parte y anotó tres tantos, y no marcó el cuarto porque un dudoso fuera de juego anuló el mano a mano de Tristan con el potero céltico.

Pero lo que de verdad acabó con el Celta fue el enésimo error de Sergio y el gol de Valerón. Porque con la jugada del penalti, al Celta le entró eso que tienen algunos equipos menores, y que los clásicos llaman orgullo. Hasta entonces, poco había lucido, pero cierta sensación de injusticia y la rivalidad con los coruñeses espoleó al equipo. La actitud del Deportivo, que se encogió, también contribuyó a dar lustre a un Celta que vive mucho mejor cuando no examinan a sus centrales. Tan extraño lo veía Caparrós, que no esperó al descanso para sustituir al amonestado Juanma por Coloccini, para evitar sorpresas con las tarjetas. Pero, en efecto, fue Valerón quien antes del descanso dejó al Celta a la deriva, para que Capdevila en el descuento le diera un aire trágico a la derrota local. Así las cosas, la segunda mitad quedó para que las aficiones se insultasen y Tristán volviese a ser el que era al fallar un penalti y una ocasión de las que sueñan los delanteros. El celtismo hasta dio por bueno el resultado, dado el creciente peso de la superioridad del Depor en sus partidos contra el Celta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de diciembre de 2005