Columna
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Sean responsables, piensen en mí

Emocionado, mi amigo y editor Jaume Vallcorba me pasa un recorte de periódico que me abre los ojos. Se trata de un anuncio de la Agencia Catalana del Consumo, que lleva el logotipo de la Generalitat. Dice así (traduzco): "¿Cuánto cuesta esto? ¿Qué garantía tiene? ¿Podremos pagarlo? Un día es un día". Y, más abajo, un texto nos explica que "en Navidad consumimos mucho más que el resto del año", por lo que nos recomiendan que "intentemos practicar un consumo responsable, sostenible, ecológico, solidario, justo". También nos piden que "no abusemos de los créditos rápidos y que no nos precipitemos". Y después de contarnos que "los productos del territorio propio son una garantía de calidad y seguridad", nos desean un curioso "feliz Navidad, feliz consumo".

Lejos de considerarlo un anuncio paternalista y metomentodo, me parece de una gran sensatez. Y a mi amigo y editor Vallcorba, más. Ya era hora de que los creativos del Gobierno nos advirtiesen del peligro de los excesos navideños usando el mismo tono que se usa en las campañas contra la droga o el alcoholismo. Además, el anuncio nos hace dar cuenta de cosas en las que no habíamos reparado. Como que en Navidad ¡consumimos mucho más que el resto del año! Sí, claro, esta es la gracia de la Navidad, dirán ustedes. Sí, claro, es en Navidad cuando dices un día es un día y cuando te gastas la paga extra en marisco, dirán ustedes. Pues dirán mal. Porque para algo se hacen los anuncios oficiales. Para que ustedes traten de enmendarse. Dejen ya de pensar en los langostinos, que parece mentira.

Así que vamos a ser consecuentes. Lo primero que les piden es que intenten "practicar un consumo responsable". Sí, lo sé. Es difícil adivinar cuántas bolas para el árbol se considerarían consumo responsable, y cuántas se considerarían consumo irresponsable. En el caso de la droga o el alcohol, el Gobierno tiene unos índices marcados. Hay una tasa de alcoholemia que no puedes sobrepasar si conduces y hay una cantidad de droga a partir de la cual su posesión no se considera para consumo propio, sino para traficar. Pero, en el caso de elementos como el turrón, los canapés o los adornos, la cosa se complica, así que consideraré consumo responsable un elemento por cabeza. Una bola para el árbol, una barra de turrón y una botella de cava. A partir de aquí, harán el favor de enviarme el sobrante. Yo, por ustedes, me embruteceré consumiendo. Pasemos ahora a lo del consumo sostenible. También es difícil de definir, pero supongo que se refieren a que si el día de Navidad se dan ustedes un atracón, el día de Sant Esteve coman verdurita. Y que si en su casa hacen el tió, no hagan también el Papá Noël, por favor. Así que envíenme un paquete con todo lo que consideren no sostenible.

Lo de hacer un consumo ecológico es más complicado. Consideraré el jamón de bellota ecológico. Vale. Pero el abeto ya no. Ni las colonias en nebulizador (que dañan la capa de ozono), ni los abrigos de piel. Así que ya saben lo que les toca. Pasemos a lo del consumo solidario. ¿Solidario con quién? ¿Con el vendedor? ¿Con ustedes mismos? ¿Con el que recibe el regalo? Por si acaso, consideraremos que se refieren a ser solidario con el que recibe el regalo, que en este caso, por razones prácticas, soy yo. Y en cuanto a lo de justo, pues tres cuartos de lo mismo. Regalar un descapotable es injusto para mucha gente, pero justo para el vendedor (que se saca su comisión) y justo para el que lo recibe (que hemos dicho que seré yo).

Eso sí. Lo que no tienen que tomarse al pie de la letra es lo de "consumir productos de la tierra como sinónimo de calidad y seguridad". Es decir, sí. Claro que pueden regalarme un fuet y un CD de Dyango. Pero tampoco hace falta que renuncien al caviar beluga ruso y al higadito de pato francés que tenían pensado. (Me lo envían todo a la dirección de este diario. Gracias).

moliner.empar@gmail.com

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