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Editorial:

Puente mortal

Todo apunta a que este largo puente de 10 días que hoy termina dejará un reguero de muertos en carretera. Muy probablemente rebasará largamente el centenar (ayer tarde la cifra ascendía ya a 84), lo que superará con creces los 58 que hubo en ese mismo puente, aunque sólo de seis días, de 2004, y los 77 registrados en las cuatro jornadas festivas de 2003. Todavía falta lo peor: la operación retorno durante estas 24 horas. A los problemas meteorológicos se le añadirán los atascos, la fatiga y los deseos de regresar a casa. Estas líneas pretenden reiterar lo obvio: el coche mata y la mayoría de las veces es la imprudencia del conductor la causante de la tragedia. Bastaría, pues, un instante de reflexión y un miligramo de cordura para impedir al menos un accidente.

Tiene razón el director general de Tráfico, Pere Navarro, al considerar "inaceptable" que hayan perdido la vida sobre el asfalto durante esta semana 9,17 personas al día. Y resulta más inadmisible si se tiene en cuenta que en buena parte los accidentes se produjeron por exceso de velocidad o abuso de alcohol. Más de un tercio de los fallecidos en carretera el año pasado presentaban una tasa de alcoholemia elevada. La DGT estima que, si se lograra erradicar el consumo de alcohol entre los conductores, se evitaría más de un millar de fallecidos al año. Tráfico considera, no obstante, que las campañas de vigilancia están teniendo un buen resultado, especialmente en los jóvenes de entre 18 y 30 años. Desde hoy y hasta el próximo día 22 tiene previsto realizar 15.000 controles de alcoholemia diarios en todo el país, tanto de día como de noche.

El Gobierno quiere reducir un 40% las muertes en carretera en cinco años. En 2004 se logró rebajar la cifra un 12%. Este año parece que el éxito será menor, pese a las últimas reformas del Código de Circulación. De haber una solución contra este cáncer, ésta pasa sobre todo por aumentar el castigo contra los temerarios del volante y mejorar la red viaria, especialmente las carreteras secundarias. La introducción del nuevo carnet por puntos el próximo verano debería ser un claro elemento de disuasión, como así ha sucedido en aquellos países europeos donde ya existe. Pero, para ello, las autoridades deben dotarse de más medios humanos y materiales de vigilancia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de diciembre de 2005