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Reportaje:

Una suiza en las playas de Miami

La hermana americana de la importante feria de arte suiza, Miami Art Basel, que celebró su cuarta edición entre el 1 y el 4 de diciembre, se ha convertido ya en un punto crucial de referencia para el arte de todo el continente americano con el europeo. Las 195 galerías, con obra de cerca de 2.000 artistas, presentaron un amplio panorama del arte actual y afianzaron un mercado que cuenta cada vez más con los efectos de la globalización.

La obsesión por la novedad es la constante más reconocible de las ferias de arte contemporáneo. Descubrir nuevos talentos o incluso escuelas pictóricas es al parecer un reflejo de sagacidad cultural, que se puede traducir de la noche a la mañana en grandes ventas. Siempre, claro está, que el artista del momento aparezca rodeado de una propuesta estética o intelectual más o menos innovadora y, sobre todo, de un look atractivo, sugerente.

La cuarta edición de Miami Art Basel no ha sido diferente. Más bien, ha exagerado notablemente estas tendencias. Esta díscola hermana menor de la Feria de Arte de Basilea (Suiza) es tan atrevida como fresca, tan adolescente y juguetona como una taimada Lolita. No es queja, sino apreciación.

Miami Art Basel tiene todo el sex appeal de un show de Las Vegas. Es una feria de arte convertida en espectáculo de masas

Tratándose de Miami, subtrópico de colores pasteles y tormentas caprichosas hasta hace poco aislado de las mecas culturales, estas características han evolucionado de una manera particularmente americana: Miami Art Basel tiene todo el sex appeal de un show de Las Vegas, y casi tanto neón, porque aquí se ha redefinido la feria de arte, convertida ahora en espectáculo de masas. Pero todo espectáculo requiere de estrellas para resultar atractivo. Así que por Miami desfilaron artistas de peso y sustancia como Marina Abramovic, Bill Viola, William Kentridge y Zaha Hadid. Mientras tanto, los comisarios de la museología contemporánea, ese nuevo rubro de famosos, competían fieramente por unas migajas de la atención del público explicando las razones que les habían llevado a elegir obras ajenas para una u otra exposición.

Las instituciones no han querido quedarse atrás. Miami Art Central, por ejemplo, presentó una sublime retrospectiva de dibujos y vídeos del artista sudafricano William Kentridge, mientras que el Miami Art Museum inauguraba una de la cubana Ana Mendieta, y el de arte moderno optaba por un nuevo colectivo de artistas jóvenes de Miami llamado Friends with You, todo ello amenizado por grupos musicales tan dispares como los clásicos del viejo Dixieland de Nueva Orleans Preservation Hall Jazz Band o los punkis de los ochenta The New York Dolls.

Pero la zona artística más vital de la ciudad es sin duda Wynwood, un área de galpones industriales frente a la bahía de Miami, donde han surgido galerías y espacios alternativos. El lugar se está convirtiendo en algo similar al barrio de Chelsea de Nueva York, que en estos días ha adquirido dos nuevos vecinos: la galería Luis Adelantado de Valencia -que presentó una exposición del artista neoyorquino Anthony Goicolea- y la Emmanuel Perrotin de París. Entre las galerías españolas que participaron este año en la feria, están la barcelonesa Polígrafa y las madrileñas Juana de Aizpuru, Elvira González y Pepe Cobo. Esta última presentó obras de Federico Guzmán, Cristina Iglesias, Gabriel Orozco y Cindy Sherman.

La llegada de galeristas internacionales a un sector hasta hace poco considerado underground como Wynwood es probablemente síntoma de cambio. Lo cierto es que la feria de arte ha ampliado considerablemente el interés cultural por la ciudad, en la que se nota una energía diferente, sostenida por artistas jóvenes y establecidos, al igual que por importantes coleccionistas y fuertes grupos inmobiliarios que quieren entrar en el juego del arte.

Charo Oquet, artista y directora del espacio Edge Zones situado en esa zona, comenta que los marchantes españoles tienen una gran ventaja para hacerse con un lugar destacado en Miami. "Primero por el idioma, segundo por la posición de España en Europa -que les permite presentar obras de artistas latinoamericanos o americanos en España- y tercero porque Miami es un buen puerto de entrada al mercado de arte norteamericano".

La primera galerista de importancia en trasladarse de Nueva York al sector de Wynwood fue Bernice Steinbaum. Su galería representa a artistas como el haitiano Edouard Duval-Carrié, que recrea en su obra un complejo universo onírico usando imaginería del vudú; el cubano Glexis Novoa, conocido por sus delicados paisajes futuristas sobre mármol, o la fotógrafa cubano-americana Elizabeth Cerejido, que explora tanto el retrato como su dualidad nacional y cultural.

Los dos primeros, al igual que José Bedia y otros artistas, desvelaron ahora obras de arte público que quedaron emplazadas permanentemente a la entrada del río de Miami. Duval-Carrié, que vive desde hace diez años en Miami, está convencido de que la ciudad se ha convertido por derecho propio en una importante parte "del mapa del arte contemporáneo internacional que no tiene nada que envidiar a ninguno de los viejos centros del arte".

Carol Damian, catedrática de Historia del Arte de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), coincide en que la feria ha sido el catalizador que ha impulsado un interés artístico internacional, pero sostiene que Miami tenía de por sí una corriente de arte tradicional latinoamericano bien establecida (las galerías de Coral Glables que representan a artistas como Wifredo Lam o Fernando Botero) y otra de arte contemporáneo más vanguardista y conceptual, como las obras de Gavin Perry o Pedro Mar.

Nicole Kaufman, del Museo Frost de la misma universidad, ha realizado una serie de sondeos sobre la evolución del panorama artístico de Miami. En uno de ellos George Neary, director de turismo cultural de Miami, afirma que la ciudad ha consolidado su situación como destino cultural gracias a la feria, y que se afianzará aún más con la próxima apertura el año que viene del Performing Arts Center.

En un lugar tan cambiante y dependiente del turismo como Miami, donde el promedio de vida de un establecimiento comercial es de un año, es difícil precisar si todo lo que brilla es oro. Lo que sí es cierto es que Miami Art Basel ha transformado profundamente el paisaje cultural de la ciudad, y que a nadie le parece mal el cóctel de arte, espectáculo y cálidas playas. Es más, el paraíso, ese ilusorio espejismo, se llama ahora para muchos Miami.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de diciembre de 2005