EL DEFENSOR DEL LECTORColumna
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Diccionario de dudas

El Diccionario panhispánico de dudas lleva menos de un mes en las librerías pero algunos lectores ya lo utilizan para analizar las informaciones de este diario.

Roser Bosch Casademont, traductora del inglés al castellano, ha dado un

repaso a las páginas de un suplemento del periódico en busca de anglicismos innecesarios y nos muestra unos cuantos:

Cash flow. El Diccionario panhispánico de dudas propone flujo de caja.

Free cash flow. Igualmente podría traducirse por flujo de caja libre o disponible.

Mercado doméstico. Según el diccionario, este uso es incorrecto. Doméstico significa referente al hogar. El término correcto sería nacional o interno.

Spreads. Este término ni tan solo aparece en el diccionario. Su uso es totalmente innecesario cuando en castellano existen diferencial o margen.

Outperformance. El diccionario considera performance un anglicismo evitable y propone resultado(s) o rendimientos, por lo que el equivalente de outperformance podría ser rendimiento superior, mejor rendimiento o mejores resultados.

"Aunque el inglés se imponga cada vez más como lengua de los negocios", comenta Roser Bosch tras su enumeración de términos, "no hay razón de utilizar expresiones inglesas cuando tenemos expresiones equivalentes y perfectamente correctas y utilizadas en castellano". La lectora se sorprende de la abundancia de anglicismos en el diario y concluye: "Espero que el Diccionario panhispánico de dudas sea realmente utilizado por sus profesionales y ayude a cambiar esto".

EL PAÍS, como medio del Grupo PRISA, se ha comprometido a aplicar este diccionario, aprobado por las 22 Academias de la Lengua Española. Junto con otros 36 medios y grupos de comunicación, suscribió el 10 de noviembre una declaración nada ambigua: "Conscientes de la responsabilidad que en el buen uso de la lengua nos impone el poder de influencia de los medios, nos comprometemos a adoptar como norma básica de referencia la que todas las Academias han fijado en este Diccionario panhispánico de dudas, y animamos a otros medios de comunicación a sumarse a esta iniciativa".

Esta obra se sobrepone al Libro de estilo, que durante un cuarto de siglo ha complementado las normas lingüísticas de aplicación general y establecido las pautas que deben seguir los periodistas de este diario. ¿Cómo afectará el nuevo diccionario al Libro de estilo?

La dirección del diario ha encargado ya la tarea de cotejar ambas obras, como primer paso para adaptar el Libro de estilo a la nueva situación.

José Martínez de Sousa, lexicógrafo y autor del Diccionario de usos y dudas del español actual, está convencido de que la nueva obra y los libros de estilo de los diferentes medios convivirán porque cumplen funciones diferentes: el nuevo diccionario expone y explica pero no siempre resuelve, mientras que los libros de estilo fijan cuál de las varias opciones es la que debe utilizar el periodista.

El repaso de algunas palabras muestra esa diferencia. El diccionario considera que tanto video como vídeo son formas correctas, mientras que el Libro de estilo precisa que en este diario se escribe con tilde. Algo parecido sucede con cartel y cártel, cuando nos referimos a "una organización ilícita que trafica con drogas o con armas" o a un "convenio entre empresas para evitar la competencia". El diccionario admite ambas formas como válidas mientras que este diario utiliza sólo cartel, sin tilde, porque procede del italiano cartello y del alemán kartell, ambas con acentuación aguda.

Hace sólo dos meses, el lingüista Leonardo Gómez Torrego apuntaba en esta columna que el término inglés catering iba a ingresar en breve en el léxico español con la forma cáterin. Así es. El Diccionario de dudas lo recoge con esa grafía y lo define como "servicio de suministro de comidas y bebidas a aviones, trenes, colegios, etcétera".

La misma suerte han corrido casting, adaptado como castin, camping (campin), ranking (ranquin), parking (parquin), entre otros. Son palabras inglesas que han sido aceptadas porque no tienen en castellano un sinónimo que incluya todos sus matices o porque están tan extendidas que es poco realista mantenerlas fuera.

La asunción del Diccionario de dudas comportará en este caso cambios en el Libro de estilo porque ahora ninguna de esas palabras está aceptada en él. Sólo camping se tolera aunque se prefiera acampada o campamento, mientras que casting, ranking y parking, además de catering, están proscritas y debe usarse selección, clasificación y aparcamiento.

Los plurales que se proponen son cámpines, ránquines, párquines y cástines. Cáterin tiene plural invariable para evitar la sobresdrújula y se propone que se diga los cáterin.

Un caso particular de esa serie es márquetin, que se adapta gráficamente pero se recomienda que se use mercadotecnia o mercadeo. El Libro de estilo también recomienda el primero de esos dos términos.

Martínez de Sousa considera poco realista oponerse a márquetin porque es una palabra mucho más extendida que las recomendadas. También discrepa de la tenaz insistencia de la Academia en introducir la grafía güisqui, que mantiene como preferente en el nuevo diccionario, cuando la inmensa mayoría ha seguido escribiendo whisky. Considera que forma parte de una serie de palabras internacionales o interlingüísticas, que no deben ser modificadas. Incluye entre ellas tsunami, jazz, ballet, geisha y boutique.

Pese a sus discrepancias puntuales, Martínez de Sousa, que ha realizado un análisis exhaustivo del diccionario, considera que "nos hallamos ante una obra bien hecha, con tratamientos formales bien desarrollados, con remisiones constantes para que el usuario encuentre todos los agarraderos de que la obra disponga para resolver su duda e incluso para que aumente su cultura lingüística".

Alberto Gómez Font, coordinador general de la Fundación del Español Urgente (Fundéu) coincide en la valoración: "El diccionario es una de las obras académicas más logradas". Cree igualmente que "no va a hacer que desaparezcan los libros de estilo".

Elena Hernández, jefa del equipo de redacción de la obra, se muestra satisfecha por la aceptación que ha tenido y comprende que algunas de las soluciones adoptadas creen polémica. Está previsto que puedan replantearse los temas, "aunque todavía no hemos pensado en los mecanismos que lo permitan". De momento, el diccionario sólo está disponible en papel pero la Academia mantiene el compromiso de exponerlo en Internet, aunque aún no se sabe cuándo. Hernández asegura que los nuevos artículos que se elaboren, una vez aprobados, también se publicarán en la web de la Academia.

Los lectores pueden escribir al Defensor del Lector por carta o correo electrónico (defensor@elpais.es), o telefonearle al número 913 37 78 36.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 03 de diciembre de 2005.

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