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ROCK | Andrés Calamaro

Lo importante es que volvió

Después de una larga batalla con sus demonios personales y de salir del túnel con un comentado grado de confusión personal, el grupo argentino Bersuit trajo desde el otro lado del Atlántico al porteño Andrés Calamaro, para que volviera a ser lo que es desde hace más de dos décadas: un extraordinario talento musical que se mueve entre la ortodoxia del rock and roll, un fuerte eclecticismo y una emoción que, pese a lo que el personaje pueda representar para unos u otros, no engaña.

Una gran multitud de espectadores ha esperado su regreso. Calamaro ha actuado en tres ciudades. En la última, en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid, el cariño de una audiencia, tan fiel como cariñosa, hizo exclamar a Andrés que "sería algo que no olvidaría nunca".

Andrés Calamaro

Andrés Calamaro: (voz y piano), Juan Subira (teclados), Oscar Rigui, Martín Pomares y Víctor Verenzuela (guitarras), Pepe Céspedes (bajo), Carlos Martín (batería) y Daniel Suárez y Carlos Sfaldati (coros). Palacio de los Deportes. Madrid, viernes 18 de noviembre.

Lo importante es que ha vuelto, aunque técnicamente puede hablarse del Calamaro menos rockero de cuantos han transitado por las calles de Madrid durante 15 años. Seguramente el influjo de la banda de acompañamiento le empujó en una dirección más latina; pero también es probable que él necesitara la seguridad de un supergrupo que le hiciera vencer la inseguridad de varios años sin una dirección clara. Puede hablarse, pues, de un Calamaro pletórico de voz y ganas de agradar, que trazó un repertorio en el que había poco margen para el riesgo experimental. Calamaro fue más que nunca el cantante, que pregonara en su penúltima grabación. Alguien nacido para entretener desde el escenario, sin más. Ello no fue obstáculo para que Andrés, concentrado en su piano y en no desafinar una nota, atacara muy diversos palos a lo largo de la actuación: el rock de El salmón y Te quiero igual; la experimentación nacida de la mixtura entre el tango y la rumba en Las oportunidades y el ejemplo de Dylan - tan determinante como el de Tom Waits y Keith Richards-, en Los aviones o Crímenes perfectos.

Hubo espacio para un invitado, uno de los intérpretes que mejor casa con las aristas irregulares de este músico: el guitarrista flamenco El Niño Josele, quien dio nueva entidad al tango, bordando Por una cabeza y Sur. La interpretación de Estadio azteca, condujo a la banda y el público hasta el paroxismo de un final de concierto que sirvió para que Andrés volviera a pisar tierra firme, sabiendo que Madrid es verdaderamente su segundo hogar. Como es agradecido, el argentino tuvo el estilo y la clase para dedicar al recientemente fallecido Kike Turmix un viejo tema de la leyenda argentina Pappo: Nos volveremos a ver.

De ahí hasta la puerta de salida se pudo disfrutar de Media verónica, con un genial emparejamiento con el Ültimo tango en París, de Gato Barbieri, la chulería irónica de No se puede vivir del amor o Alta suciedad, para derivar, unos temas más adelante, en una de las cumbres del Calamaro compositor titulada Sin documentos.

Calamaro de nuevo en el país que le acogió cuando Argentina quemaba sus últimos recursos, a principios de la década de los noventa. Otra vez Calamaro en su sitio. Estamos de enhorabuena.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de noviembre de 2005