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Una de las mujeres que desafiaron al IRA cambia de casa por amenazas

Paula McCartney ha tirado la toalla. La mayor de las hermanas de Robert McCartney, el hombre asesinado por miembros del IRA a principios de año tras una discusión trivial en un bar de Belfast, se muda de casa este fin de semana, harta de las constantes amenazas que recibe por haberse atrevido a plantarle cara a los asesinos de su hermano, que siguen libres y paseando por el barrio porque nadie se atreve a identificarles ante un juez.

Convertida desde el principio en la portavoz de las cinco hermanas y la novia de McCartney, las seis mujeres que se atrevieron a levantar la voz contra el IRA, Paula anunció ayer que se va del barrio y de la casa en la que han vivido cinco generaciones de los McCartney en el Short Strand, un enclave republicano en el este de Belfast.

Las amenazas a las McCartney han sido constantes desde que denunciaron públicamente el asesinato de su hermano en un callejón detrás del bar Maginnis, en Belfast, en enero pasado. Su campaña puso en serios aprietos al Sinn Fein, el brazo político del IRA, y puso de manifiesto el comportamiento mafioso de la banda terrorista: siete años después de que se firmaran los acuerdos de paz de Viernes Santones, el IRA sigue interesado en mantener la tensión en los barrios más conflictivos de Belfast para que los vecinos sigan necesitando su protección.

"Me siento desilusionada, asqueada y traicionada", declaró ayer Paula McCartney a BBC Radio Ulster. "Hemos pasado momentos muy felices en esta casa, pero ahora lo han mancillado todo", se lamentó. "La urgencia por marchar de aquí aumenta hora a hora. El caso es que la gente acusada de matar a Robert sigue viviendo aquí en el Short Strand pero creo que nosotros ya no podemos vivir aquí. Sufrimos una gran injusticia cuando nos arrebataron a Robert brutalmente y ahora sufrimos otra injusticia", denunció.

Hace un mes, la novia de McCartney, Bridgeen Hagans, que vive protegida por cristales antibalas, tuvo que soportar la presencia de un piquete de mujeres republicanas que la conminaban a abandonar el barrio. Hagans, que dice vivir aterrorizada por las amenazas de quienes en el pasado eran sus protectores, denunció que militantes del IRA aprovecharon los disturbios provocados aquellos días por militantes lealistas para propinarle una paliza a un pariente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de octubre de 2005