Crítica:
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

La loca, loca, loca invasión de Marte

João Barreiros Traducción de Antonio Rivas y Jesús Gómez Bibliópolis. Madrid, 2005 224 páginas. 17,95 euros

Cinco años después del colapso de los trípodes y del rotundo fracaso de la sanguinaria invasión marciana, la Tierra decide devolver la visita. Utilizando la tecnología de los propios extraterrestres y con ansias de revancha, una flota terrícola victoriana armada con Gatlings y Maxims se lanza contra Marte. A bordo de una de las naves viajan como observadores nada menos que H. G. Wells -el propio autor de La guerra de los mundos (1898)- y Julio Verne. Y se van a ver metidos en un buen lío.

Pocas novelas fantásticas tienen un arranque tan prometedor. Ésta además llega en un momento muy oportuno: el año en que se conmemora el centenario de Verne y se ha estrenado la sobrecogedora película sobre el libro de Wells. João Barreiros (1952), uno de los personajes más conocidos de la ciencia-ficción portuguesa, autor, crítico y editor, cofundador de Simetría -la asociación portuguesa de ciencia-ficción y fantasía- pone juntos a los dos grandes padres del género en una aventura enloquecida, llena de guiños y recovecos y aliñada con un humor sardónico. La novela guarda algunos puntos de contacto también, aunque es más seria, con otra, la gamberra y desopilante Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams.

La novela de Barreiros, que

se enmarca en la corriente del steampunk -ciencia-ficción ambientada de manera sugerentemente paradójica en un escenario de siglo XIX- arranca con el joven Wells y el viejo Verne juntos en un cilindro lanzado desde el Congo, un artefacto basado en la cavorita y aprovisionado con harina, café molido, hojas de té, lámparas de minero y antihemorroidales para el autor de La vuelta al mundo en 80 días. Wells, con el que obviamente se identifica el autor portugués, encuentra insoportable a Verne -que sufre de aerofagia y diarrea- y le hace ver insidiosamente los errores científicos de su obra, como lo de abrir una ventana en una nave espacial. Con los dos escritores viajan otros singulares personajes: el militar John Carter, el astronavegador Edgar Burroughs y el siniestro médico de la expedición, un tal Moreau, que sueña con comprarse una isla y dedicarse a experimentar produciendo híbridos... Como se ve, un auténtico roman a clé de ciencia-ficción.

Llegados a Marte, se encuentran un panorama desolador: destrucción y muerte por doquier. Tal parece que las frías inteligencias marcianas practicaran una política de Tierra quemada, o de Marte quemado, para ser más precisos. La realidad es muy otra. Lo que aguarda en el planeta es una sorpresa mayúscula que empieza a perfilarse al aparecer, con bandera blanca, un extraño ser con aire de la Gallina Caponata de Barrio Sésamo, y cuando, sobre lo que parece una máquina de guerra marciana, los terrícolas descubren una inscripción ¡en inglés!, la novela adquiere entonces nuevos y sin duda desconcertantes rumbos. Descubrimos que estamos en una ucronía en la que la invasión marciana provocó el surgimiento de una dictadura militar mundial en la Tierra. Los acontecimientos son fruto de una conspiración que incluye viajes en el tiempo para transformar la historia y en cuyo centro se encuentra un agraviado individuo de un universo alternativo en el que la Tierra fue conquistada por extraterrestres aparentemente bienintencionados pero enervantes. Esos invasores bondadosos prohibían la lectura de cualquier obra de ciencia-ficción que presentara a seres de otros planetas como monstruos -por ejemplo, La guerra de los mundos- y recomendaban leer El principito o, al menos, Las crónicas marcianas de Bradbury. Puede parecer un argumento enrevesado e incluso lisérgico, pero no por ello es menos divertido. Una cura infalible para quien sufra un exceso de novela realista. En una nota al final del libro, Barreiros indica que el libro puede ser leído como una cierta metáfora crítica del declive de la ciencia-ficción científica ante la inflación de fantasías irrelevantes sobre elfos, magos y enanos.

La segunda parte de La ver

da

dera guerra de los mundos -las dos partes eran originalmente relatos independientes- narra la historia del emprendedor tipo que cambia el pasado y el futuro y de cómo se desarrollaron las cosas -cronofísica, terraformación y otras constantes del género- para llegar a la invasión de Marte. Y por si el lector no hubiera quedado absolutamente boquiabierto con todo lo anterior, el volumen, publicado por Bibliópolis en su estupenda colección de literatura fantástica, incluye otro relato sencillamente genial: Disney en el cielo entre los dumbos. En esta historia, con ecos de Lem y teñida de un perturbador erotismo digno de Los amantes, el gran relato de Farmer de sexo con alienígenas, un astronauta se ve asediado por un extraterrestre vagamente similar al elefantito disneyano pero en repulsivo e insidioso. La criatura de esa extraña raza parasitaria, los dumbos -que, por razones obvias, han secuestrado de la Tierra el cuerpo criogenizado de Walt Disney y le rinden culto en un satélite artificial- se dedica a sorberle literalmente la memoria al astronauta con golosa voluptuosidad, en asombrosos acoplamientos.

Dakota Fanning y Tom Cruise, en una escena de la película 'La guerra de los mundos', de Steven Spielberg.
Dakota Fanning y Tom Cruise, en una escena de la película 'La guerra de los mundos', de Steven Spielberg.

Sobre la firma

Jacinto Antón

Redactor de Cultura, colabora con la Cadena Ser y es autor de dos libros que reúnen sus crónicas. Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona y en Interpretación por el Institut del Teatre, trabajó en el Teatre Lliure. Primer Premio Nacional de Periodismo Cultural, protagonizó la serie de documentales de TVE 'El reportero de la historia'.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS