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Reportaje:

Los juegos de las dos orillas

Asociaciones juveniles de Conil (Cádiz) y Tánger (Marruecos) se unen para recuperar la calle como lugar de ocio

Alberto, de apenas seis años, ha conseguido su premio. Una bolsa de gusanitos por haber participado con éxito en el juego de las sillas. Fátima, algo mayor, tiene derecho también a su golosina por haber sido la primera en la carrera con zancos. El municipio de Conil (Cádiz) recuperó por unas horas el espíritu del juego callejero en una fiesta con unos testigos muy activos. Monitores marroquíes que devolvían así la visita hecha por colegas conileños hace escasos meses. Viajes que han servido para sentar las bases de un libro que está a punto de publicarse y que ahondará en las claves de diez juegos tradicionales que, aún separados por el Estrecho, se han mantenido a un lado y otro de cada orilla.

La fiesta se celebró en torno a la plaza donde se levanta la Torre de Guzmán, un lugar cerrado al tráfico, ideal para que los niños jueguen al aire libre con seguridad. Sin embargo, los más pequeños de Conil apenas hacen uso de ella. Lo reconoce el propio concejal de Juventud, Pedro Moreno, uno de los organizadores del encuentro. "Los niños de aquí han perdido la calle. Están encerrados en sus casas", asegura. Fue ésta una de las evidencias más palpables que le animaron, junto a la asociación La Red, a impulsar esta iniciativa.

En abril, 12 voluntarios de Conil, entre ellos Pedro Moreno, viajaron hasta Tánger para aprender los divertimentos populares de Marruecos. No tardaron en descubrir muchas similitudes. Algunos juegos habían cruzado el Estrecho sin haber pedido sus objetivos. Sólo cambiaba el nombre con el que eran conocidos. De esa visita, se quedaron con muchas lecciones pero, sobre todo, una muy importante. Que la calle marroquí sí sigue siendo un escenario lúdico imprescindible. Allí celebraron una fiesta multitudinaria, a la que no costó convocar a numerosos pequeños.

Ahora ha sido la delegación marroquí, con 10 voluntarios, los que han devuelto esa visita. Han podido recorrer, en pleno ramadán, algunos pueblos de la provincia de Cádiz, hacerse con algunas costumbres y, sobre todo, observar la manera de divertirse de los más pequeños de Conil. La esencia era la misma. Carreras sin descanso, risas continuas y premios a los ganadores entre sillas, zancos, maquillaje, globos y un payaso multicolor que encarnaba uno de los voluntarios marroquíes.

"Podemos ser culturas diferentes y tener reglas diferentes para cada juego, pero, al final, todos buscamos lo mismo: que los niños se lo pasen bien", explicó Hanane Hosnt, una de las monitoras de Marruecos.

Ambos colectivos coinciden en los beneficios de la diversión callejera. "En Marruecos los niños juegan en el exterior por costumbre. Y es bueno para ellos porque aprenden a convivir, a compartir y a estar con los demás, en contacto, con lo que les rodea", detalla Hosnt.

"No debemos permitir el aislamiento ni la soledad. Hemos de recuperar la calle", se marcó como meta Pedro Moreno, quien ya ha propuesto una Delegación de la Infancia para su Ayuntamiento. Para que sea más fácil asumir la lección aprendida de sus colegas marroquíes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de octubre de 2005