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Necrológica:

Constance Baker Motley, juez y activista antisegregación en EE UU

Constance Baker Motley, abogada defensora de los derechos civiles en Estados Unidos y la primera mujer negra que ocupó el cargo de juez federal, falleció el 28 de septiembre en el Downtown Hospital de Manhattan, Nueva York, a los 84 años, por problemas cardiacos. La juez Motley fue la primera mujer negra que llegó al Senado del Estado de Nueva York, así como la primera mujer que presidió el distrito de Manhattan, un cargo que le dio voz en la dirección de toda la ciudad en virtud de un sistema de gobierno local anterior denominado Consejo de Valoración.

Constance Baker nació el 14 de septiembre de 1921 en New Haven, y fue la novena de 12 hijos. Sus padres llegaron a Estados Unidos procedentes de Nevis, una diminuta isla caribeña, a comienzos del siglo XX. Asistió a colegios locales de la que entonces era una comunidad abrumadoramente blanca. Una de sus primeras experiencias con la discriminación la vivió a los 15 años, cuando fue expulsada de una playa pública por ser negra.

Quería ser abogada, pero su familia no tenía dinero y al acabar del instituto, intentó ganarse la vida como empleada doméstica. A los 18 años pronunció un discurso en el centro social afroamericano local que fue escuchado por Clarence W. Blakeslee, empresario y filántropo blanco que patrocinaba el centro. Blakeslee quedó impresionado y se ofreció a pagarle los estudios. Estudió en las universidades de Fisk, en Nash-ville y en la de Nueva York, en la que se licenció en 1943.

Después entró en la Facultad de Derecho de Columbia, donde empezó a trabajar como voluntaria del Fondo de Defensa Jurídica y Educación del NAACP, una sección de la Organización Nacional para el Avance de la Población de Color que Thurgood Marshall y Charles Houston habían creado en 1939. En 1946 empezó a trabajar a tiempo completo para el grupo de derechos civiles en causas relacionadas con la vivienda, luchando por romper las restricciones que impedían a los negros vivir en barrios de blancos.

Estuvo en el centro de la tormenta que recorrió el Sur en las dos décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando los negros y sus aliados blancos presionaron para poner fin a la segregación que había atenazado a la región desde la Reconstrucción. Visitó a Martin Luther King Jr. en la cárcel; cantó himnos de libertad en iglesias que habían sido objeto de atentados con bombas y pasó una noche bajo vigilancia armada con Medgar Evers, líder de los derechos civiles luego asesinado.

Pero su fuerte era la discreta preparación detallada y la presentación de demandas que abrieron el camino a una participación social más plena de los negros. Vestía con elegancia, hablaba en voz baja y, causa tras causa, se labró la reputación de ser la principal estratega judicial del movimiento de los derechos civiles. El gobernador de Alabama, George C. Wallace, y otros segregacionistas acérrimos tuvieron que ceder ante los veredictos de los tribunales contra la segregación racial. Estas victorias estuvieron lideradas por el Fondo de Defensa Jurídica y Educación del NAACP, dirigido por Thurgood Marshall, en el que trabajaban la juez Motley, Jack Greenberg, Robert Carter y otro puñado de abogados mal pagados y con exceso de trabajo.

En concreto, Mostley dirigió la campaña judicial que terminó en la admisión de James H. Meredith en la Universidad de Misisipi en 1962. Defendió 10 causas ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos, y ganó nueve. Ganó causas que pusieron fin a la segregación en restaurantes de Memphis y en mostradores de comida sólo para blancos de Birmingham, Alabama, y luchó por el derecho de King a manifestarse en Albany, Georgia.

En 1966, el presidente Lyndon B. Johnson la nombró juez del Tribunal de Distrito de EE UU en el distrito sur de Nueva York, a instancias del senador demócrata por Nueva York Robert Kennedy, y con el respaldo del senador republicano Jacob K. Javits. La oposición de senadores del sur fue derrotada, y su nombramiento confirmado.

Su esperanza, decía la juez Motley, era mejorar el mundo. "El trabajo que hago ahora afectará íntimamente a la vida de las personas", declaró en una entrevista concedida a The New York Times, "incluso puedo cambiarlas".-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005