Reportaje:

Un Blair para los 'tories'

David Cameron destaca en la pugna por el control del Partido Conservador británico con un discurso a favor de la renovación

Joven y telegénico, aunque con la voz demasiado aflautada para la política británica, David Cameron aspira a convertirse en el Tony Blair del Partido Conservador. Para conseguirlo, primero tendrá que ganar el liderazgo tory, una carrera en la que hay cinco atletas de muy distinta catadura. Después tendrá que ganar las elecciones, allá en 2009 o 2010. Cameron, que hoy, domingo, cumple 39 años, ha de luchar sobre todo contra sí mismo: su imagen de niño pijo al que todo le ha sido fácil en la vida no es la mejor carta de presentación para ganar votaciones en el siglo XXI. Gozó del privilegio de estudiar en Eton (1979 y 1985) y en Oxford (1985-1988), donde se graduó en Políticas, Filosofía y Economía en el Brasenose College.

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Ese mismo año pasó al departamento de investigación del Partido Conservador como jefe de la sección política. Allí ayudó al entonces primer ministro John Major a preparar sus enfrentamientos parlamentarios con el líder de la oposición, Neil Kinnock. Otro de los ayudantes era David Davis, ahora uno de sus máximos rivales en la carrera por el liderazgo tory. Entre 1992 y 1993 fue asesor del entonces canciller del Exchequer (ministro de Finanzas), Norman Lamont, con el que compartió la dramática crisis del mecanismo de cambios del Sistema Monetario Europeo, que se llevó por delante la libra esterlina.

Aquella experiencia acentuó su pujante antieuropeísmo y le convenció -aparentemente para siempre- de que la moneda británica no debería entrar jamás en el euro. En su intervención de esta semana en el congreso del Partido Conservador, Cameron dio las gracias al ex líder conservador William Hague "por salvar la libra" en su campaña electoral de 2001, convertida por éste en un monotemático alegato contra el euro, que según los analistas no hizo más que acentuar la hecatombe electoral de los tories frente al laborismo.

Falta de experiencia

Tras ser asesor (1993-1994) del ministro del Interior de la época y actual jefe del partido, Michael Howard, Cameron dejó la cosa pública para trabajar hasta 2001 como directivo de Carlton Communications Plc. En 2001 entró en el Parlamento al ganar el escaño de Witney, en Oxfordshire, tras fracasar en 1997 en Stafford.

Cameron se presenta como un renovador que quiere moderar el Partido Conservador y recuperar el centro político que monopoliza el Nuevo Laborismo de Blair. Joven, de cara aniñada, educado pero arrogante, sus críticos subrayan su falta de experiencia y se echan las manos a la cabeza al pensar que un político en pañales, animador de las tertulias semanales de un grupo de jóvenes en el bohemio barrio londinense de Notting Hill, pueda alzarse con el liderazgo del partido. Sus partidarios destacan "su telegenia, su cercanía, su sano euroescepticismo, su liberalismo social y su carrera limpia de cargas: un Blair para los tories", como lo definió The Observer.

Su oratoria no es arrolladora, pero esta semana impresionó a los delegados de su partido en el congreso de Blackpool con una intervención franca y directa en la que hizo un llamamiento a favor de la renovación sin escorarse demasiado a la izquierda. Aunque sus críticos dicen de él que "no es un verdadero conservador" y que podría estar en el Partido de los Liberales Demócratas, los analistas ven en sus discursos una impronta inequívoca del marchamo tory por excelencia: una constante referencia a la libertad individual y al sentido de la responsabilidad personal que choca con el sentimiento de responsabilidad colectiva que tiende a emanar del laborismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0008, 08 de octubre de 2005.

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