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Competitividad

Del 23 al 29. Así se resume la andadura en materia de competitividad global en el último año, según el World Competitiveness Report del WEF. O del 31 al 38, según el World Competitiveness Scoreboard del IMD. Un acusado descenso y una mala noticia. Pese a las deficiencias que tienen estos índices, sus resultados no deberían sorprendernos. La reducción de inversiones directas en España o el abultado déficit por cuenta corriente son sólo resultados explícitos detrás de la evolución de estos índices, que sitúan a España lejos de la posición que le correspondería por su peso económico.

A la luz de los ranking sobre competitividad internacional antes mencionados, en los cuales España une a su posición rezagada una inquietante dinámica negativa, se concluye que no estamos sabiendo aprovechar las oportunidades de desarrollo que abren los procesos de globalización e innovación tecnológica. En un mundo cada vez más integrado, crear una cultura de la innovación y forjar una sociedad del conocimiento se convierte en un requisito indispensable para un desarrollo económico sostenido. Por el contrario, mantenernos instalados en procesos de crecimiento obsoletos puede alejarnos de las sendas de mayor crecimiento potencial. Los importantes cambios económicos y sociales que caracterizan al proceso global suponen para la economía española, muy expuesta a la competencia internacional, formidables retos de desarrollo.

No estamos sabiendo aprovechar las oportunidades de desarrollo que abren los procesos de globalización e innovación tecnológica

¿A qué deben los países punteros su buena posición? Basta con ver el detalle de los ranking para intuir que los países que figuran en las primeras posiciones (EE UU, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Taiwan, Singapur, Islandia, Noruega, Holanda, Canadá) reúnen una gama de factores algo ajenos a nuestra idiosincrasia y que suelen darse agrupados en desarrollos coincidentes. Obsérvese que se trata de países anglosajones, nórdicos y asiáticos. Sin entrar a detallarlos, podrían resumirse los factores aludidos en dos grandes grupos subyacentes a otras tantas dinámicas pro competitivas, mezcladas en dosis variables en cada país: la eficiencia, basada en la innovación y el conocimiento, y la cohesión, basada en la calidad de las interacciones, esfuerzo y exigencia mutua entre los agentes individuales y colectivos que componen dichas sociedades.

Pedro Arévalo y José A. Herce son profesores de la Escuela de Finanzas Aplicadas (Grupo Analistas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 01 de octubre de 2005.

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