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Crítica:

Más sobre Caro

El destacado escultor británico Anthony Caro presenta en Madrid una serie de obras de gran expresividad, dentro de cierto clasicismo.

Anthony Caro (Londres, 1924) es uno de los escasos artistas que se han mantenido a flote durante los últimos cincuenta años sin ser erosionado por las sucesivas neovanguardias de la posmodernidad. Hundiendo las raíces de su trabajo en la "tradición moderna" del hierro soldado, que inauguró Julio González en los primeros años treinta, la obra de Caro ha sido, desde sus orígenes, expresión de un alto grado de libertad, al construir desenfadados collages escultóricos utilizando perfiles laminados, recortes industriales y fragmentos de calderería con los que ha conseguido realizar piezas de una atractiva presencia física, contundencia visual y expresividad plástica. Cuando a finales de los años cincuenta empieza a fraguarse la cesura entre la especificidad de las cualidades pictóricas y la expansión de los límites de lo escultórico, Anthony Caro no dudará en pintar sus férreas esculturas con colores muy vivos y saturados que permiten que las siluetas de sus obras se recorten con cierta violencia del fondo, destacando así la fuerza de las aristas y los perfiles.

ANTHONY CARO

Galería Metta

Villanueva, 36. Madrid

Hasta el 2 de noviembre

Desde entonces hasta ahora ha llovido mucho, sobre todo en ese campo inespecífico que, bajo el término "escultura", arropa una serie de manifestaciones que han permitido la creación de las mayores impertinencias artísticas. La exposición que ahora se puede contemplar en Madrid es un coletazo del oleaje provocado por una serie de exposiciones de homenaje iniciado, a principios de este año, en la Tate Britain de Londres y que se continúa con la muestra que le ha dedicado el IVAM este verano.

En esta exposición se pue-

de contemplar un pequeño conjunto de obras, de un tamaño mediano, que muestran en qué consiste la genialidad innovadora, expresiva y desinhibida del artista y, a la vez, el sereno clasicismo que le convierte en un clásico de la modernidad. Estas obras participan del desenfado que proporciona un conjunto de varillas caprichosamente alabeadas y soldadas, a la vez que se pueden contemplar obras que poseen cualidades como la mesurada fuerza de los grandes recortes metálicos, la serenidad de la horizontalidad sedente y la sobriedad de las oscuras pátinas. El conjunto, que muestra obras realizadas desde mediados de los setenta, refleja muy bien su labor durante estos últimos treinta años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de octubre de 2005