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COLUMNA

Guiones

Otra temporada, otro curso. La reapertura de la actividad política se ha adelantado este año con el debate de la admisión a trámite de la reforma del Estatut en el Congreso de los Diputados, una reforma oportuna, que abre puertas a cambios importantes en el modelo de la España autonómica. Tal vez por ello, el debate de política general en las Cortes Valencianas, esta semana, puede parecer un ritual forzado. No escasean, sin embargo, los puntos de interés para el contraste. El presidente de la Generalitat, Francisco Camps, conserva en la cartera un guión que amarillea pero que es dudoso que tenga la intención de cambiar por nada nuevo. Atrincherado en la guerra del agua, montado en una nube de triunfalismo desde donde ignora los asuntos de corrupción que persisten y se agravan (véanse el escandaloso caso Fabra, la instrucción judicial del desfalco en Mercalicante y la investigación abierta por la fiscalía en el Ayuntamiento de Orihuela), niega la fractura interna en su partido y elude afrontar sus repercusiones en un Consell ineficiente y dividido. Para ello, su discurso deformará a conveniencia las lecciones del curso pasado: desde luego, no se habrá estrellado con estrépito contra la Acadèmia Valenciana de la Llengua, en un episodio lamentable de demagogia y oportunismo; ni habrá visto cómo los zaplanistas le plantaban cara, por ejemplo, en Terra Mítica; ni habrá tenido que destituir a su subdelegado en Elche (¿quién se acuerda de Ortuño?), perdido en el fragor de la batalla. El líder de la oposición, Joan Ignasi Pla, por su parte, ha puesto orden y recuperado el aliento en sus filas, aprovechando con sentido común la palanca de un Gobierno socialista en Madrid, pero no ha deslumbrado. Y, en tanto que aspirante, le toca jugar fuerte. No le valen guiones ya ensayados. Su gran reto es pasar a la ofensiva con argumentos sólidos y brillantes. Habrá que verlo. En lo que se refiere al grupo de Joan Ribó, los nubarrones se evidencian en la prioridad de su denuncia, por otra parte justa, contra el bipartidismo que consagra la barrera electoral del 5% en el texto estatutario. Condenados a entenderse, a Esquerra Unida y a los nacionalistas del Bloc les sobrará todo sectarismo y les hará falta el pacto para sobrevivir en el futuro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de septiembre de 2005