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Crónica:
Crónica
Texto informativo con interpretación

Una victoria para no presumir

España se impone a Canadá en un pésimo partido que manifestó la apatía del equipo

Santiago Segurola

La estadística dirá lo que quiera, pero la victoria de España frente a Canadá no vale nada. El partido apenas llegó a la categoría de entrenamiento, y no de los mejores precisamente. A la gente le pareció excesiva la apatía de los jugadores, el mal juego del equipo y la banalidad que presidió uno de esos encuentros irrelevantes que habitualmente disputa la selección. La chavalería se quejó con razón. España jugó con una desgana que rozaba el abatimiento, posiblemente porque en El Sardinero se reunían todas las condiciones para aburrirse. Frente a un rival de tercer orden, actuaron los suplentes menos motivados que nunca. Sabían que estaban condenados al banquillo para el crucial partido con Serbia. Como no había nada estimulante, la selección despachó el duelo con el menor esfuerzo posible y con un fútbol monótono, pesadísimo, decepcionante. Pero ganó y el seleccionador, que presumió en las vísperas de su intachable trayectoria, puede sentirse satisfecho.

ESPAÑA 2 CANADÁ 1

España: Reina; Sergio Ramos, Juanito, Pablo, Antonio López; Luis García (Vicente, m. 67), Orbaiz (Xabi Alonso, m. 46), De la Peña (Xavi, m. 74), Luque (Joaquín, m. 54); Tamudo (Morientes, m. 54) y Torres (Raúl, m. 54).

Canadá: Stamatopoulos; Braz, McKenna, Hutchinson, Klukowski; Bernier (Grande, m. 70), De Guzmán, Serioux, Gerba (Simpson, m. 66); De Rosario (Placentino, m. 85) y Radzinski.

Goles: 1-0. M. 7. Tamudo cabecea un centro de Luque desde la izquierda. 2-0. M. 68. Morientes aprovecha un rechace del meta canadiense a remate de Raúl. 2-1. M. 73. Zapatazo de Grande desde el borde del área.

Árbitro: Claude Colombo (Francia).

Unos 11.000 espectadores en el campo de El Sardinero de Santander. Partido amistoso.

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España no ha perdido ninguno de los trece partidos que ha disputado bajo la dirección de Luis Aragonés. El dato dice muy poco de un equipo que se ha medido en los últimos meses con colosos del estilo de San Marino, Canadá, Bosnia, China, Lituania, Venezuela. Así cualquiera se hace un palmarés. Sin embargo, las cosas no están demasiado bien a día de hoy. Y eso también son datos. Por ejemplo, España tendrá que ganar el miércoles a Serbia si no quiere comprometer su clasificación para el Mundial. Es una tarea obligatoria porque el equipo no ha hecho sus deberes: no ha marcado ningún gol fuera de casa, no ha logrado imponerse a Bosnia en ninguno de los dos encuentros de la ronda clasificatoria y no venció a Serbia en Belgrado. Es la parte menos feliz de la estadística de España, que mantiene su atonía tras su decepcionante trayectoria en la última Eurocopa.

Nadie esperaba una actuación arrolladora de unos jugadores que se saben suplentes para el partido frente a Serbia. Algunos parecieron especialmente decaídos. Era el típico partido para De la Peña y Fernando Torres, los jugadores que más llamaban la atención en el equipo español. Uno porque llegaba a su ciudad con el crédito recuperado; el otro porque ha sido el jugador de moda durante los tres últimos años. A De la Peña se le esperaba con todo su repertorio creativo, pero hizo mutis. No dio un pase. Se limitó a trastear el juego sin ningún entusiasmo. Torres fue más lejos en su desánimo. No se enrolló nada. A su alrededor el equipo se movió con un aire cansino y el juego previsible de costumbre, un fútbol masticado hasta la nausea que comienza a ser la pésima seña de identidad de la selección española.

En partidos de este pelo es donde más se aprecia el compromiso de Raúl con su profesión. Donde los demás buscaron una excusa para borrarse del encuentro, Raúl se lo tomó con un interés notable. Jugó la última media hora y parecía un chiquillo entusiasmado. Parecía el juvenil que apareció como un relámpago hace 11 años. Jugó, remató y persiguió la pelota. La gente, que se había enfadado con el equipo en varios momentos del encuentro, agradeció como se merecía el esfuerzo de Raúl. Para los demás hubo silencio o críticas, más que razonables. Canadá perdió, pero estuvo cerca del empate, por raro que suene. Sus abnegados jugadores, casi todos enrolados en equipos de medio pelo, terminaron por poner en dificultades a la selección española, que marcó pronto y se durmió.

Tamudo anotó el primer gol en una demostración de su olfato goleador. Lleva muchos años en el fútbol y siempre encuentra la manera de hacer goles. Esta vez cabeceó con mucha propiedad un excelente centro de Luque. Le ayudó la ingenuidad de los centrales canadienses, que le permitieron el remate. Ya no hubo más, hasta el ingreso de Raúl. En medio quedó el laborioso partido de los canadienses, capaces de dar algunos problemas imprevistos a los defensas españoles. Radzinsky se impuso con alguna frecuencia a Sergio Ramos, De Rosario sorprendió desde la media punta y en general se les vio con el interés que le faltaba a España. Sólo cuando entró Raúl se observó un cierto impulso en la selección, pero nadie se contagió, ni tan siquiera tras el gol de Morientes, rápidamente contestado por Grande en un estupendo remate. Todo para la estadística, sin más, como la victoria, de la que nadie merece presumir.

Tamudo cabecea el primer gol de España ante la mirada de Klukowski.
Tamudo cabecea el primer gol de España ante la mirada de Klukowski.AP

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