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Reportaje:

Guipuzcoanos en el Estrecho

Sólo David Meca ha llegado a África nadando más rápido que Jaime Caballero y Jerónimo Eznal

En 1999, el nadador David Meca se propuso cruzar el Estrecho de Gibraltar para criticar la injusticia de la sanción por dopaje que le había impuesto la Federación Internacional de Natación. Logró el mejor tiempo de la historia en la distancia (2h.29m.) y, casi sin quererlo, revitalizó una aventura que combina a partes iguales deporte y desafío personal. Atravesar el Estrecho a nado se ha transformado en una ambición que seduce cada vez más. El pasado 6 de agosto, el donostiarra Jaime Caballero salvó los 16 kilómetros que separan Tarifa de Punta Cires, en Marruecos, en 2h.58m. Es el tercer mejor registro en la distancia. Curiosamente, entre Meca y Caballero se interpone otro nadador guipuzcoano, Jerónimo Eznal, que en julio de 2003 tocó la costa africana tras dos horas y 52 minutos en el agua.

"El reto motiva porque ves lo corta que es la distancia entre dos continentes"

Caballero (San Sebastián, 1975) practicó la natación hasta los 14 años. Desde esa edad y hasta los 24 abandonó toda actividad deportiva. Hace cinco años, retomó la natación y dejó el tabaco. Poco a poco recuperó la motivación por el agua, pero decidió sustituir la piscina por el mar. "Te da una sensación de libertad que no tiene la piscina; nunca sabes lo que vas a encontrar", explica. La pasada Navidad contactó con la ACNEG (Asociación de Cruce a Nado del Estrecho de Gibraltar) para comentarles su idea de realizar la travesía. Durante cinco meses, realizó cinco horas semanales de entrenamiento, y en julio, tres horas diarias. "Jerónimo me decía que ya era preparación suficiente. Cuando salí de Tarifa, pensé: qué largo, pero tenía que hacerlo. No pensaba en nada más", señala ahora.

Eznal (Orio, 1970), subcampeón de España de mariposa en 1987, cambió la natación por el triatlón con 21 años. Hace cuatro años, una lesión de espalda le hizo regresar de nuevo a la natación, pero esta vez con el mar como hábitat. En 2003, se marcó una nueva meta: cruzar el Estrecho. "Es un reto que motiva porque ves lo corta que es la distancia entre dos continentes, entre Europa y África. Es algo duro, no puede hacerlo cualquiera", dice.

Los desafíos también traen consigo inconvenientes. Más allá de los casi 1.200 euros que cobra ACNEG a los nadadores para gestionar la cobertura médica y los permisos, están los obstáculos que presenta el agua. Uno son las corrientes desde el Atlántico y el Mediterráneo. "En el momento en que paras a beber agua, el mar te absorbe", dice Caballero. Eznal apunta que el verano es la mejor época por la temperatura del agua, "pero es cuando hay una mayor niebla. Apenas ves nada". "En los últimos metros parece que no llegas. Te esfuerzas, pero crees que no te mueves. Es una sensación muy fuerte", relatan ambos.

Al llegar a Marruecos, más problemas. "Hay un gran control policial. Yo tenía los papeles en regla, pero mis amigos que iban en la lancha no, y nos retuvieron 40 minutos. Al final, nos dejaron marchar, después de felicitarnos", relata Caballero.

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Uno de los factores que más temor pueden provocar, los casi 300 buques pasan por el Estrecho a diario, quedó pronto disipado. "Los barcos dan prioridad a los nadadores y se desvían si es preciso", explican. Quien no lo hizo fue la multitud de delfines, calderones y tortugas que escoltan habitualmente a los deportistas. "Nunca te molestan", coinciden ambos.

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