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Crítica:LA LIDIA | Bilbao | CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Tal para cual

Vamos a dejarnos de milongas. El público de Bilbao no entiende de toros nada y es adocenado como pocos. El presidente de Vista Alegre tiene menos sensibilidad, en términos toreros, que una lata de cerveza vacía. Ese "público municipal y espeso", como Rubén Darío solía cifrar al llamado público generalizado, no supo acoger como se merecía al paisano que tomó la alternativa ayer. La labor del toricantano Iván Fandiño en el toro de su alternativa -de manos de El Juli, con Salvador Vega como testigo- fue muy meritoria. Lo recibió con lances rodilla en tierra. Inició la faena con doblones muy toreros. Luego realizó una faena por ambas manos con cierto gusto. Algunos pases le salieron algo atropellados y en ocasiones hubo carencia de temple. Mató muy bien. Y el público no reaccionó. Le pidieron la oreja con extremada timidez...

Ventorrillo / Juli, Vega, Fandiño

Toros de El Ventorrillo, buena presentación, tres muy manejables, en especial el 2º, y tres bajos de calidad. El Juli: estocada traserilla y descabello (gran ovación); gran estocada (oreja). Salvador Vega: pinchazo, estocada corta y descabello (silencio); bajonazo, dos pinchazos, media estocada -aviso- y dos descabellos (silencio). Iván Fandiño: estocada (ovación); estocada desprendida y descabello (ovación). Plaza de Vista Alegre, Bilbao, 25 de agosto. 5ª de feria. Cerca del lleno.

Pero donde el público y presidente libraron una batalla por ver quién era más incompetente fue en el toro segundo de la tarde, primero de El Juli. El joven diestro madrileño se marcó una faena de antología. Repartió temple -muy en especial-, mando, ligó las pases magistralmente, estuvo variado. La mayoría de los derechazos y naturales estaban cargados de sentimiento. Se percibía que el interior del torero estaba lleno de gozo y felicidad. Daba ajustados muletazos salvando el cálido roce de la muerte. La encastada frente del toro se embebía en la muleta del torero. Una vez el toro muerto, ese público que regaló orejas a Padilla días antes no sacó los suficientes pañuelos para El Juli.

Sin embargo, en una faena de menos hondura, como fue la de su segundo toro, cuarto de la tarde, ahí se entregó y le concedió una oreja...

Alguien se preguntará: ¿qué pinta el presidente en todo esto? Pinta que el presidente debió inventarse más pañuelos de los que salieron al viento. Pudo pensar que como llovía y la gente tenía los impermeables puestos, les costaba encontrar los correspondientes pañuelos. Todo eso y más podía haberse imaginado como disculpa. Hizo lo contrario a otras veces. Eso es, hacer caso de un público que se abullanga sin ton ni son; el presidente sigue el ritmo de la bullanga y concede orejas a tutiplén. Ayer le faltó al presidente coraje y sensibilidad. La mancha para Bilbao y para él puede quedar reflejada en que ambos se tornaron metafóricamente en una pandereta cuadrada.

Iván Fandiño en su segundo demostró que tiene valor y ganas de ser torero. Salvador Vega, con el peor lote, estuvo lamentable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de agosto de 2005