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Crítica:CINE

Adolescentes de verdad

Por fin, unas adolescentes de carne y hueso. Reconocibles. De las que no llevan pistola debajo de la gabardina ni son expertas en artes marciales ni sueñan con ser superheroínas que salven al mundo ni conducen por las carreteras como Fernando Alonso.

Las chicas de Uno para todas, estimulante película basada en el best seller The sisterhood of the traveling pants, escrito por Ann Brashares (y publicado en España como Un verano en vaqueros), sienten el abandono de un padre; se muestran perdidas ante su propia timidez; se ilusionan con una actividad artística tan recomendable como hacer cine con una cámara de vídeo; se tambalean cuando cometen pecados de juventud a favor de su sexualidad y en contra de su cerebro.

UNO PARA TODAS

Dirección: Ken Kwapis. Intérpretes: Alexis Bledel, Blake Lively, Amber Tamblyn, America Ferrera. Género: melodrama. EE UU, 2005. Duración: 118 minutos.

Cuatro chicas que no se expresan sólo con monosílabos ni con palabras aún no reconocidas por la Real Academia. Que saben exteriorizar (o al menos lo intentan) lo que sienten por dentro y por fuera, con educación, con cultura, con pasión, con delicadeza. Que aciertan, que se equivocan.

Apreciable intento

Lástima que la dirección de Ken Kwapis tenga cierta tendencia a la postalita, al tópico escenario algo folclórico y al abuso del plano lacrimógeno cuando no había ninguna necesidad de ello. Lo que provoca que Uno para todas no llegue a convertirse en la película generacional que podría haber constituido, aunque sí en un apreciable intento de ofrecer a los adolescentes algo distinto a lo que generalmente están (mal)acostumbrados en una pantalla de cine.

En la línea de, por ejemplo, la magnífica serie de televisión Dawson crece, la historia de estas cuatro chicas armadas con la coraza de la amistad verdadera se aparta de lo previsible para abrazar la complejidad de la existencia.

Cuatro experiencias tan distintas como la personalidad de sus protagonistas, algo en lo que también se desliga de la habitual monotonía de temperamentos de muchas de las recientes películas juveniles.

En un verano cinematográfico tan olvidable como éste, Uno para todas saca la cabeza y logra salir a flote gracias a realidades tan sencillas como la identificación, el sufrimiento, la ilusión, los ataques de pánico y la búsqueda de respuestas a los enigmas más cotidianos y, al tiempo, menos resolubles de la vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de agosto de 2005