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CULTURA Y ESPECTÁCULOS

El Canto del Loco cierra su exitosa gira de verano

'Zapatillas' los ha consagrado entre los jóvenes. La banda, que comparte escenario con Hombres G, pone el punto final a su gira española y se prepara para el salto a América

Un par de zapatillas azules, viejas y rotas, sobre un césped verde amarillento. La fotografía sirve como portada del último disco del cuarteto El Canto del Loco, Zapatillas, pero también quiere ser una metáfora contra la superficialidad dirigida a los jóvenes que componen su público. "Queremos motivarlos a comunicarse más, a dar más cariño y respeto", dice Dani Martín, vocalista del grupo. Y ese mensaje lleno de energía lo han transmitido con su música en cada uno de los 13 conciertos de su exitosa gira conjunta con Hombres G, que concluye hoy, en el Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares. Mañana parten para Puerto Rico, en el arranque de una gira por América.

Todos los recintos en los que han actuado agotaron las entradas y más de 150.000 espectadores han presenciado sus actuaciones. Más que un trabajo, la gira veraniega ha sido para ellos unas vacaciones para oxigenarse.

La banda prepara para el próximo invierno su primera gira por América. Actuarán en Argentina, Chile, EE UU y México

Los integrantes de El canto del Loco -además de Dani, David Otero (guitarra, coros), Jandro Velázquez (batería) y Chema Ruiz (bajo)- consideran su último disco como la graduación universitaria en su trayectoria artística. Un momento dulce que el grupo madrileño saborea sin dejar de considerarlo "parte de un ciclo". Las canciones de su reciente producción musical, que reúne un CD con 13 temas y un DVD con 15 grabaciones en directo, hablan de "sentirse querido por una mujer, por los amigos, por la madre, de los recuerdos, del desnudo..., de lo que realmente somos". Para escoger los temas y los ritmos se han dejado guiar por el gusto de su público, al cual, dicen, le atrae la variedad: "Una balada, algo de pop-rock, luego una canción más rítmica", argumenta David Otero.

Con Zapatillas, El Canto del Loco ha puesto en el mercado también una estrategia propia para combatir la piratería. Por la compra del disco, sus seguidores obtienen una tarjeta exclusiva, cuya numeración permite ingresar a espacios especiales de su página web (www.elcantodelloco.com) donde se puede acceder a vídeos, fotos, logos y fondos de escritorio del grupo. Sólo si se presenta esta tarjeta se podrán adquirir las entradas para los conciertos en salas pequeñas que el cuarteto tiene previsto realizar en octubre y noviembre en España. A esas presentaciones, le seguirá en invierno su primer recorrido por América: Argentina, Chile, Estados Unidos y México.

Compartir escenario en la última gira con el grupo de pop español Hombres G, liderado por David Summer, ha significado para ellos mostrar el puente que une a dos generaciones musicales. "Hemos crecido con ellos", dicen. Dani, el cantante, cuenta que tiene una historia personal de infancia con los autores de aquellos temas cargados de dinamismo como Marta tiene un marcapasos y Sufre, mamón. "Desde que tenía siete años imitábamos con mis amigos a los Hombres G y siempre quise hacer una banda en su honor". Los padres de David, en cambio, se conocieron gracias a un miembro de esa banda.

Nuevas canciones

El Canto del Loco, cuyos integrantes rondan los 25 y 32 años, se fundó en 2000 cuando salió a la luz su primer álbum, Estados de ánimo, que consiguió dos discos de platino. La banda, que lleva cuatro discos de estudio en cinco años, no para de trabajar. De hecho, ya tienen nuevas canciones preparadas para su próximo disco, porque, dicen, apenas han tomado vacaciones.

Pero no sólo el trabajo parece preocuparles. Los problemas de los habitantes de Madrid, la ciudad donde viven, ocupan también un lugar destacado en su cabeza. "Todo el mundo habla de lo cansados que están por las obras que se llevan a cabo y las dificultades de movimiento que ocasionan", dice el guitarrista.

El bajista sugiere que se destine dinero del erario público a subvenciones para los conciertos con la finalidad de que los chicos puedan disfrutar de más actividades culturales. Y que los precios de las viviendas estén al alcance de los jóvenes, que en ocasiones superan los 30 años y no pueden adquirir un piso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de agosto de 2005