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Reportaje:CULTURA Y ESPECTÁCULOS

La imparable energía de los Rolling Stones

La banda británica inició en Boston su gira mundial en la que presenta 'A bigger bang', su nuevo álbum. No tocaron la canción 'Sweet neo con', que algunos creen que está dirigida a Condoleezza Rice

Como medievales magos Merlines, los Rolling Stones, todavía la banda de rock and roll más grande del planeta, desplegaban su magia proverbial para inaugurar la noche del domingo su 31ª gira mundial en el estadio de Fenway Park, situado en el corazón de la ciudad de Boston. Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ron Wood presentan en este On stage tour las canciones de su último álbum, A bigger bang, el primero grabado en estudio desde hace ocho años y del que, por cierto, el grupo no tocó la polémica Sweet neo con, al parecer dedicada a Condoleezza Rice. No hubo lugar, pues, para situaciones incómodas y todo fue cosa de buen rollito. Como no podía ser de otro modo, el grupo ofreció a una entregada audiencia de alrededor de 30.000 personas una cuidada selección de clásicos de su carrera, que abarca ya cuatro décadas.

Al igual que en todo Estados Unidos, un riguroso control de seguridad marcó el acceso al recinto. Tras la actuación de la banda de rap Black Eyed Peas, las luces se apagaban y en la enorme pantalla de vídeo situada en el centro del escenario se producía una explosión virtual en el espacio que arrojaba fragmentos de materia que por un instante tomaba la forma de los rostros de los componentes del cuarteto británico. A partir de ese momento, la clásica lengua de los Stones se adueñaba de la pantalla, convirtiéndose en el elemento estético dominante, deformándose de varias maneras e incluso tomando forma tridimensional al convertirse en un enorme objeto hinchable decorado con flores de alegres colores.

Tal y como hiciera en la gira del 82, la banda arrancó a los acordes de Start me up. Jagger y compañía saltaban al escenario mientras la pantalla revelaba en sus caras cierto nerviosismo. Mick saludó al público deseando que los Red Sox -el equipo local de béisbol- volviera a ganar el campeonato nacional. A los compases de You got me rocking, los laterales del escenario -en los que estaba un buen número de espectadores privilegiados, a los que los millonarios patrocinadores del grupo habían cedido las localidades más caras- se iluminaron de color morado, tonalidad que habría de cambiar de modo vistoso varias veces a lo largo del concierto. Acto seguido, otro clásico, Shattered, ponía a los asistentes, cuya edad media estaba en los 40, a dar unos moderados botes que no habrían de aumentar mucho a lo largo del show. Se ve que en América el entusiasmo exagerado parece, como el fumar, proscrito. ¿Prohibido el tabaco ante un veterano de mil toxinas como es Keith Richards? Pues, aunque suene surrealista, sí, y si te pillaban fumando te ponían de patitas en la calle. Menos mal que, trallazos sonoros como Tumbling dice, ayudaban a pasar el mono.

La banda atacó después dos temas inéditos de su último álbum: Rough justice y Back of my hand. A continuación, llegó la revisión del glorioso e inabarcable pasado de la banda: She's so cold, Heartbreaker... También tuvo Jagger un momento para recordar con cariño al recientemente desaparecido Ray Charles, de quien interpretaron Night time con el impresionante apoyo vocal de la corista Lisa Fischer, mientras la imagen del más famoso cantante negro y ciego se imponía en la pantalla. Fue ése, sin lugar a dudas, uno de los mejores momentos del concierto.

Tras presentar a los músicos, Jagger cedió el protagonismo a su viejo compinche Keith Richards quien, con su voz escasa y siempre carismática, interpretó The worst e Infamy. Este intervalo dio paso a Miss you, que a su vez revelaba una de las sorpresas de la noche: esta vez los músicos no correrían de forma entusiasta para situarse en mitad del público, sino que fue una parte del escenario la que se elevó y avanzó en dirección a la multitud. Allí sonaban Oh no not you again, de su último disco; Satisfaction, más soulera que nunca, y Honky tonk women. Marcaron el inicio de la traca final, que habría de iniciarse con la negroide Out of control, una ralentizada Simpathy for the devil -unos tonos más baja que lo habitual para que Jagger cantase con comodidad- y las vigorosas interpretaciones de Jumping Jack flash y Brown sugar, que pusieron fin al concierto como tal.

Tras la conveniente tanda de aplausos, la banda retornaba a escena para regalar You can't always get what you want y la emblemática It's only rock'n'roll, con la que Jagger, que sólo se cambió de camiseta cuatro veces a lo largo de la actuación, quiso quizá dar en los morros a todos aquellos que pensaron o escribieron que a los 60 hay que estar a sopitas y buen vino, dando unas impresionantes carreras a lo largo de los casi 150 metros de longitud del escenario, para situarse en ambos extremos y realizar las monerías de rigor, rematándolas con un teatral saludo de gran diva del espectáculo. Después vino el tradicional saludo con los músicos puestos en fila mientras recibían el fervoroso aplauso de los asistentes, dando paso a una traca de fuegos artificiales un tanto discreta. Una vez explotado el ultimo cohete, con las luces encendidas, la gente iba abandonando sus asientos, mientras en la pantalla se veía un anuncio de una marca alemana de automóviles con el eslogan: "Un grupo de leyenda, un coche de leyenda".

Así concluyó el primer concierto de una larga gira que europeos y asiáticos tendrán ocasión de disfrutar a lo largo de 2006. Pero, ¿será la última gira?

Arnold Schwarzenegger no inspira simpatía

El actor y gobernador de California Arnold Schwarzenegger tuvo la ocurrencia de comprar, con cargo a los presupuestos del Estado que dirige, buen número de localidades de las más caras, las situadas tras los Rolling. El objetivo era revenderlas, con algún motivo benéfico, nada menos que a cerca de 85.000 euros; y todo ello tras la agria polémica provocada por el recorte en el gasto en sanidad en California.

Esto motivó que la ciudad de Boston -conocida como The craddle of liberty (la cuna de la libertad)- acogiera a los Stones y a Schwarzenegger, pero también a buen número de manifestantes que, situados a las puertas del estadio, exhibían pancartas en las que se podía leer "No simpathy for Arnold (Arnold no inspira simpatía)" y "Sticky fingers on corrupt corporate cash (Dedos pegajosos en el dinero corrupto de las multinacionales)", en referencia a una canción y un disco de los Stones. Jagger hizo un chiste sobre la presencia del actor en el concierto: "Cuando llegamos, él estaba frente a nosotros revendiendo camisetas y unas cuantas entradas", a lo que el público respondió con una sonora pitada. Y es que Arnold, aunque parezca de piedra, resulta muy poco stoniano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de agosto de 2005

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