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Israel pone fin a la colonización de Gaza

El Ejército se prepara para desmantelar sus instalaciones y entregar el territorio a los palestinos

El Ejército de Israel puso ayer punto final a 38 años de colonización de la franja de Gaza con el desalojo del asentamiento de Netzarim. La salida de los últimos colonos de la zona, sin embargo, no supone el fin de la ocupación y de las responsabilidades de los israelíes sobre este territorio, uno de los más densamente poblados del mundo. Para ello, deberá antes demoler las casas, desmantelar las instalaciones militares, retirar el Ejército y entregar el control del territorio y sus accesos a la Autoridad Nacional Palestina. Mientras el Gobierno de Israel ultima todos estos requisitos, sus tropas afrontan el último reto: vaciar las cuatro colonias del norte de Cisjordania (Ganim, Kadim, Sa Tour y Homesh), como lo establece el plan del primer ministro, Ariel Sharon.

El coste de la retirada, incluida la reinstalación de los 8.000 colonos, se eleva a 3.270 millones

"Básicamente, ha acabado". Con este lacónico mensaje, el general Dan Harel, jefe del Ejército en la zona sur de Israel, daba por terminada la evacuación de los 21 asentamientos de la franja de Gaza, una operación que se inició hace una semana y en la que han participado más de 50.000 soldados y policías. Mucho más exultante estuvo el presidente de EE UU, George Bush, que desde Salt Lake City señaló que la salida de la franja suponía un "paso histórico". "En el corazón de Oriente Próximo se ha vivido una historia esperanzadora", dijo Bush. El coste económico de la gran operación, incluida la reinstalación de sus 8.000 colonos, se ha elevado hasta unos 3.270 millones de euros.

La salida de los últimos colonos del asentamiento de Netzarim ha constituido una manera simbólica de cerrar una operación de descolonización. Esta colonia ha sido desde la fecha de su fundación, en 1972, un hito de la resistencia judía, pero también un símbolo de la opresión y de la violencia ejercida contra la población palestina que le rodeaba. Un dato lo atestigua: los 500 vecinos de este asentamiento han podido sobrevivir durante tres décadas en sus casas gracias a la protección de un batallón de soldados israelíes.

La historia de los últimos años de Netzarim ha estado marcada por episodios trágicos. En octubre de 2000, los soldados apostados en el asentamiento asesinaron a tiros al niño palestino de 12 años Mohamed Durra, en brazos de su padre, convirtiéndolo en un símbolo de la Intifada palestina. Netzarim volvió a ser escenario de otro trágico acontecimiento en octubre de 2003, cuando un grupo de activistas logró infiltrarse en el acuartelamiento para matar a tres soldados, entre ellos dos mujeres militares. Se calcula que Netzarim ha costado la vida a más de un centenar de personas durante los últimos cinco años de Intifada.

El debate político que la izquierda y los pacifistas abrieron en torno a la necesidad de abandonar Netzarim hace dos años, debido al alto coste humano y económico que suponía, permitió poner las bases del plan de descolonización que culminó ayer con la salida del último colono de la franja de Gaza. No obstante, para aceptar que la descolonización se ha completado, la comunidad internacional exige que los israelíes demuelan las casas de los colonos -tarea a la que ya se han comprometido-, desmonten las instalaciones militares, retiren al Ejército y, sobre todo, entreguen el control del territorio y sus accesos a la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

"La franja de Gaza, según el derecho internacional, continuará jurídicamente ocupada por los israelíes y éstos deberán asumir las responsabilidades para con la población y el territorio, mientras no entreguen el control total de la zona a las autoridades palestinas", concluyen los informes de los organismos internacionales que el Gobierno de Ariel Sharon estudia estos días con atención. Ésta es quizá una de las razones que han llevado al Ejecutivo israelí a deshacerse y entregar a los egipcios el Corredor de Filadelfi, la única frontera por la que los palestinos podrán entrar y salir de Gaza, según explican fuentes diplomáticas.

El Gobierno de Israel, al tiempo que ultima los flecos de la descolonización de la franja de Gaza, se prepara para vaciar los cuatro asentamientos de Cisjordania, también en el marco del llamado plan de desconexión. Ganim, Kadim, Sa Nour y Homesh son los próximos objetivos de una operación militar que se iniciará entre hoy y mañana. Los soldados se preparan para hacer frente a una resistencia tenaz del movimiento colono radical, que ya ha tomado el control de dos de estos asentamientos -Sa Nour y Hamesh- y que ha jurado convertirlos en una nueva Masada, en referencia al enclave judío que se resistió al asedio de los romanos.

El movimiento colono radical ha encargado la defensa de los asentamientos que deben ser evacuados de Cisjordania a un ejército de jóvenes fanáticos. La policía calcula que entre 2.000 y 3.000 muchachos, en su mayoría adolescentes, se han atrincherado en las antiguas casas que los colonos de Sa Nour y Hamesh abandonaron voluntariamente hace días, en cuanto se puso en marcha el plan de retirada. Han hecho acopio de víveres para resistir el asedio de los militares, pero se teme que también de armas y objetos contundentes con los que enfrentarse a las tropas. Portavoces del Ejército aseguran que el desalojo de estos enclaves será "cuatro veces más duro" que los de Gaza. Los radicales ocultan detrás de esta posición un objetivo más importante: la defensa de los 140 asentamientos de Cisjordania y de Jerusalén, incluido el Este, donde viven en total 430.000 colonos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de agosto de 2005