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Reportaje:

Liszt en Mendigorría

Diecisiete jóvenes instrumentistas perfeccionan su técnica en el II Festival de Música de la localidad navarra

Diecisiete jóvenes alumnos de piano, violonchelo y violín están viviendo estos días como auténticos músicos profesionales en una pequeña localidad navarra. Han llegado desde poblaciones de Madrid y la comunidad foral para participar en el segundo Festival de Música de Mendigorría, una experiencia singular, casi un milagro, que se produce en este pueblo de apenas mil habitantes y que permite a los participantes mejorar su técnica con clases impartidas por destacados profesores, cursar seminarios y ofrecer conciertos al público.

El festival es producto del empeño personal del pianista Alberto Urroz, de 35 años, profesor de conservatorio en Madrid y concertista. Urroz deseaba incentivar la cultura musical en su localidad natal y lo ha conseguido. Los vecinos asisten estos días con interés y curiosidad al trasiego de jóvenes instrumentistas por sus calles, a sus ensayos y conciertos y a la expectación creada por esta iniciativa sin ánimo de lucro que, del 1 al 14 de este mes, ha traído a este pueblo, distante 28 kilómetros de Pamplona, a relevantes cantantes y músicos profesionales dispuestos a echar una mano a su amigo Urroz.

"La música no es aquí una asignatura, sino parte de la vida diaria de los alumnos", dice el pianista Alberto Urroz

"El primer año fue duro, pero la iniciativa se ha consolidado ya en éste, gracias sobre todo al patrocinio de importantes casas musicales, del Ayuntamiento y de los profesores. El equipo humano es magnífico, y lo demuestra el que buena parte de los alumnos [entre los 13 y 21 años], han repetido su asistencia", indica Alberto Urroz.

La mezzo suiza Laure de Marcellus, cantante de la Ópera de Berlín tres años, expresa su satisfacción por participar en una experiencia en la que figuran como profesores de piano Aida Gavrilova, Luis Noáin y el propio Urroz, además de Rocío León en el curso de violín, Juan Enrique Sáinz al violonchelo y Palmerina Borges como pianista acompañante.

Mendigorría tiene escenarios idóneos para los cinco conciertos con que alumnos -siete de ellos de la localidad- y profesores deleitan al público: la gran iglesia de san Pedro, el antiguo cine, la Plaza de los Fueros o, por qué no, las cercanas ruinas romanas de Andelos, que, afirma Urroz, parecen estar esperando tener un uso musical en una futura edición.

De momento son 48.000 euros de presupuesto. Empresas como Mundimúsica Garijo y Polimúsica han aportado pianos de cola y verticales. Y la Asociación de Intérpretes o Ejecutantes también ha colaborado para que los jóvenes músicos aprendan y ejecuten en quince días técnicas y obras que en condiciones normales les llevaría mes y medio. Esto es posible, explica Urroz, por la especial relación personal que se produce en el festival. "La música no es aquí una asignatura, sino parte de su vida diaria. Algunos alumnos han descubierto que se quieren dedicar a esto profesionalmente y otros han decidido cursar sus estudios en el extranjero". Como Urroz, Laure de Marcellus o la cantante chilena Francesca Ancarola, que clausura el día 14 el festival con un recital de canto, acuden a Mendigorría de forma altruista. "Su caché", dice Urroz, "está muy por encima de nuestras posibilidades, pero han aceptado participar para crear este clima musical especial que se da en el pueblo estos días". Un clima en el que las composiciones de Dvorák, Mozart o Liszt anteceden a las charangas de las próximas fiestas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de agosto de 2005