CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Gergiev demuestra su desbordante pasión rusa en Salzburgo

El pasional director del teatro Mariinski de San Petersburgo, Valeri Gergiev ha vuelto a demostrar en el Festival de Salzburgo su primacía absoluta en la interpretación de la ópera rusa. La electrizante versión en concierto de Mazeppa, de Chaikovski, que dirigió en la Felsenreitschule el sábado pasado desató el entusiasmo por su inaudita fuerza expresiva. El público aclamó a Gergiev y a las voces solistas de un teatro legendario que sigue deslumbrando por la calidad y potencia de su coro y orquesta.

Chaikovski desplegó su más exaltado aliento romántico en Mazeppa, ópera en tres actos, estrenada en Moscú en 1884, con libreto del propio compositor y Viktor Burenin basado en el poema épico Poltava de Alexander Pushkin. La historia del heroico rebelde cosaco Ivan Stephanovitch Mazeppa, que en 1708 apoyó una invasión sueca contra el zar Pedro El Grande, inspiró a Chaikovski una brillantísima ópera que combina el vigoroso despliegue orquestal y coral en las escenas épicas con el arrollador lirismo que retrata el amor imposible de Mazeppa con la joven María.

La lectura de Gergiev fue sencillamente arrebatadora por el control absoluto de la partitura -fascina el subrayado de primorosos detalles orquestales sin perder el pulso narrativo- y por su tremendo poder comunicativo. La orquesta y el coro se entregaron a fondo aprovechando las múltiples escenas de lucimiento que tienen a su cargo en la fogosa partitura para mostrar su exuberante potencia y su riqueza de matices.

La cantera de voces del teatro Mariinski -antiguo Kirov de San Petersburgo- parece inagotable. Muchos de los cantantes que descubre Gergiev dan el salto internacional. Su última estrella, Ana Netrebko, la voz más mimada hoy en Salzburgo, protagoniza el nuevo montaje de La traviata a partir del 7 de agosto, con el tenor Rolando Villazón, el barítono Thomas Hampson, en un nuevo montaje firmado escénicamente Willy Decker. No importa, siempre aparecen voces de calidad para el relevo como la soprano Olga Guriakova, que triunfó a lo grande en el papel de María: voz lírica, bella y capaz de intensos acentos dramáticos. Su personaje, centro de la trama operística para Chaikovski, está en la línea delicadamente romántica del papel de Tatiana de la ópera Eugene Onegin.

Bellísimo timbre lució también el barítono Valeri Alexeev en su potente interpretación del papel titular: conmovió hasta los cimientos de la Felsenreitschule en su gran aria y en los sensacionales dúos de la ópera, que causaron gran impacto en el público que no llenó la sala.

En el resto de papeles principales, convencieronde lo lindo por la calidad y solidez de sus medios vocales, la mezzosoprano Olga Savova, el bajo Vladímir Vaneev y el joven tenor Evgeni Akimov, que sustituyó in extremis al indispuesto Oleg Balashov y se entregó a fondo tras superar los lógicos nervios que provoca el hecho de debutar en el prestigioso festival austríaco.

Gergiev mimó especialmente a las voces solistas, sin por ello restar un ápice al fulgurante protagonismo que Chaikovski otorga a la orquesta y a la masa coral en esta ópera que en los últimos años está adquiriendo mayor difusión fuera de Rusia gracias a las grabaciones discográficas del propio Valeri Gergiev (ha firmado dos soberbias lecturas en CD y DVD) y Neeme Järvi.

El público aplaudió a rabiar la electrizante versión. Gergiev volverá a actuar el 20 de agosto en un concierto al frente de la Orquesta Filarmónica de Viena en el que destaca el estreno mundial de la obra que el festival ha encargado al compositor japonés Toshio Hosokawa, titulada Circulating Ocean. Gergiev completará el programa con el poema sinfónico La isla de la muerte, de Sergei Rachmaninov y la célebre Shéhérazade, de Nikolai Rimsky-Korsakov.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0001, 01 de agosto de 2005.