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Crítica:POP | GREC 2005

Ni fu ni fa

La pauta del concierto quedó clara en su última canción, arrancada tras peticiones insistentes de bis. El público estaba rendido, se había paseado por la historia del rock mediante canciones emblemáticas llevadas a terrenos cercanos al pop. Entonces sonó Imagine, probablemente una canción que también hubiesen escogido para rematar la faena la Orquesta Mondragón o Miguel Ríos. Pero no estaba Gurruchaga, sino Santiago Auserón, cantando uno de los temas que más significado han perdido en la historia del rock.

Fue el remate previsible a un concierto que parece señalar un impasse en la carrera de los hermanos Auserón. Recuperar el repertorio que de pequeños les llevó a la música es una muestra de respeto a las fuentes. Es cierto que se podría imaginar más riesgo en la selección de un cancionero bastante consabido, cierto que a estas canciones no se les añadió ningún sentido significativo al margen de la traducción al castellano, pero no es menos cierto que la idea en sí, sin ser brillante, no es un dislate. Y como tal discurrió el concierto, como una idea más.

Santiago y Luis Auserón

Teatre Grec. Barcelona, 18 de julio.

Reconociendo el valor de reinterpretar a clásicos fijados en la memoria en sus versiones originales, el concierto funcionó mejor cerca de Marley, Bowie y Dylan que de James Brown, Elvis, Screamin Jay Hawkins o de un Young cuyo registro vocal es inalcanzable. Lo es casi tanto como la furia que atesora su música, furia que la banda intentó emular con un interminable y convencional trenzado de guitarras que desdoró Hearth of gold. A la postre este fue el problema central del concierto: la homogeneización pop sin aristas de un repertorio de artistas que sobre todo son pasionales y afilados.

Es una opción que, dando por resultado un espectáculo formalmente correcto, en general desproveyó de magnetismo a las canciones. Porque el único magnetismo que se exhibió fue el de un Santiago Auserón que tocó el cielo con su público recuperando tres piezas de Radio Futura. Ésas marcaron el sentido último de la noche. Lo demás fue casi una introducción. Y el final, un topicazo a golpe de Lennon.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de julio de 2005