Crítica:BECAS DE JUVENTUDES MUSICALESCrítica
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Los nombres del futuro musical inmediato

En la Escuela Superior de Canto se celebró un acto de los que invitan al optimismo y despiertan gratitud: la entrega de becas para estudios en el extranjero que promueven las Juventudes Musicales de Madrid desde que asumió su presidencia María Isabel Falabella. A las convocadas por JMM para instrumentalistas, se añaden las denominadas Ángel Vegas de la Asociación de Amigos de la Ópera, que disfrutarán esta vez seis artistas líricos, y las destinadas a jóvenes músicos latinoamericanos. Como las mismas becas, han aumentado en número sus patrocinadores institucionales y empresariales. Como cada año, la utilidad de semejantes ayudas quedó demostrada en la actuación de un grupo representativo: la viola madrileña Virginia Domínguez, discípula en la Escuela Superior Reina Sofía del profesor Gerard Caussé y ahora del Conservatorio de Ginebra. Su Allegro de Telemann supone ya una excelente realidad.

Clausura de curso de JMM

Patrocinan: Amigos de la Ópera, Comunidad, Ministerio de Cultura, Fundaciones Altadis y Carolina, EL PAÍS. Orquesta: A. Segovia. Director: V. Ambroa. Escuela Superior de Canto. Madrid, 2 de julio.

Notabilísimos han sido los progresos de Carla Marrero, violinista precoz, formada por el ruso Serguéi Fatkouline, a la que aplaudimos largamente por su seguridad, belleza de sonido y articulación en el Allegro non molto de Vivaldi, mientras otra madrileña, de la escuela María Macedo y Ángel García Jermann, Blanca Linares, expresó con rigor e intensidad expresiva una de las más célebres Zarabandas, de Bach. Linares pasará el próximo curso al Royal Northern College de Manchester. Beltane Ruiz Molina (Soria, 1983), contrabajista, cantó y matizó con exactitud el primer movimiento del Concierto en si menor de Bottesini.

Los cantantes que representaron al conjunto de los becados con los premios Ángel Vegas alzaron el pabellón lírico hasta niveles elevados. Así, la soprano donostiarra Arantxa Exenarro (San Sebastián, 1980), en su bien entendido Mozart; la mezzo leonesa Pilar Vázquez Burguete, de preciosos medios, en el aria de Azucena en El trovador de Verdi, o el barítono bajo Carlos García Ruiz (Huelva, 1982), tan justamente ovacionado después de su Madamia mozartiana. La mayor parte de tan valioso plantel tiene ya historial profesional pero desea alcanzar muy responsablemente definida madurez. Como de costumbre, fueron bien asistidos por la orquesta de cámara Andrés Segovia, de la que es director-concertino Víctor Ambroa.

En su introducción, Isabel Falabella condensó la validez de sus empeños y abrió sus ideas y conceptos a los firmes valores de los jóvenes intérpretes así como a la necesidad de una música arraigada en criterios de base culturales y humanísticos. De modo que asistimos a un acto positivo y tan hermoso como útil a la hora de preformar un futuro musical sin olvidar nuestro mejor pasado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 22 de junio de 2005.