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Al menos 10 muertos en una cadena de atentados en Irán

La bombas estallaron en el suroeste del país y en Teherán a cinco días de las presidenciales

Al menos 10 personas murieron y más de 70 resultaron heridas ayer en Irán por el estallido de varias bombas cinco días antes de las elecciones presidenciales. La mayoría de artefactos se colocaron en Ahvaz, en la frontera con Irak, y reavivan el temor a nuevas tensiones étnicas. Ahvaz es la capital de la provincia petrolera de Juzestán, donde la minoría árabe es predominante y en abril hubo disturbios. Un desconocido Grupo Abu Báquer se responsabilizó de los ataques, que un alto cargo iraní vinculó a seguidores de Sadam Husein. En Teherán, otra bomba mató a dos viandantes.

"Parece obra de grupos relacionados con Sadam Husein", asegura un alto funcionario

"Un autodenominado Grupo Abu Báquer, que se define como suní y separatista, dijo haber plantado las bombas en protesta porque todos los candidatos a las próximas elecciones son chiíes", aseguraron a este diario fuentes iraníes con acceso a información confidencial. El comunicado, que insulta a los chiíes, anuncia que los atentados son el principio de la lucha y llama a la movilización de los suníes de Irán. Según datos oficiales, la mayoría de los árabes iraníes (el 3% de la población) son chiíes. Los suníes son mayoritarios entre azeríes y kurdos.

"Sin duda es obra de algunos países vecinos que tras el triunfo de los chiíes en Irak quieren frenar la influencia de Irán en la zona", declaró un diplomático iraní. Anoche no estaba claro si el atentado de Teherán tenía el mismo origen. "Todo apunta en esa dirección", estimó la fuente. El explosivo se encontraba escondido en una papelera en las proximidades de la plaza del Imam Husein, una zona muy transitada del centro de la capital y además de dos muertos, causó dos heridos. El pasado miércoles dos artefactos similares hirieron a tres personas en la ciudad santa de Qom, a unos 150 kilómetros al sur de Teherán.

La primera explosión de Ahvaz se produjo hacia las nueve de la mañana (dos horas y media menos en la España peninsular) frente a la oficina del gobernador, Fatolá Moini, que no resultó herido. Testigos citados por las agencias de noticias aseguraron que se había tratado de un coche bomba. Durante las dos horas siguientes, aún hubo tres más. Sendas bombas estallaron dentro de la delegación provincial del Ministerio de Vivienda y la Oficina de Planificación y Presupuestos. Un cuarto artefacto, al parecer destinado al director de la radiotelevisión iraní en Ahvaz, explotó cuando los artificieros intentaban desactivarlo.

"Entre las víctimas hay dos funcionarios de la Oficina de Planificación y seis ciudadanos que se encontraban ante la sede de la Gobernación y en el Ministerio de Vivienda", declaró a la agencia oficial IRNA el general Hasan Asad Masyedi, vicecomandante de las fuerzas de seguridad de Juzestán.

La televisión estatal iraní mostró imágenes en las que podían verse los daños sufridos por los edificios, ventanas con los cristales rotos y charcos de sangre en el suelo. Es el atentado más grave que ha sufrido Irán desde 1999, cuando una bomba colocada en un santuario de Mashad, al noreste del país, mató a 26 personas. Las autoridades iraníes atribuyeron aquel ataque al grupo terrorista Muyahidín al Jalq que actuaba bajo la protección del régimen de Sadam.

"Parecen obra de grupos relacionados con el antiguo régimen de Sadam Husein", declaró a la agencia ISNA el portavoz del Consejo Nacional de Seguridad, Aghá Mohamedi, respecto a los atentados de Ahvaz. Aunque no elaboró su hipótesis, sugería una posible relación entre la disidencia árabe local y la insurgencia iraquí. El director general de seguridad del Ministerio del Interior, Husein Mozahar, se limitó a vincularlos con los disturbios de Juzestán de abril.

Entonces, el rumor sobre un supuesto plan gubernamental para incrementar el porcentaje de población persa en esa provincia desató las protestas de los árabes. La represión dejó 5 muertos y 300 detenidos, según cifras oficiales; hasta 50 muertos y 1.200 detenidos, según testimonios locales recogidos por Human Rights Watch. Las autoridades negaron el plan, que tacharon de manipulación, y enviaron al ministro de Defensa, Alí Shamjani, un árabe, a apaciguar los ánimos. Shamjani anunció la liberación de los detenidos.

Sin embargo, poco después, un ex diputado por Juzestán escribió una carta al presidente, Mohamed Jatamí, en la que llamaba su atención sobre los problemas de la población árabe. Tras denunciar demoliciones de barrios y confiscación de propiedades, Yasem Shaidzadeh se quejaba de que el Gobierno no permite partidos políticos árabes y prohíbe la publicación de periódicos en esa lengua.

Irán es un país muy diverso tanto étnica como religiosa y culturalmente, y el régimen islámico se precia de respetar a todas sus minorías. Pero mientras cristianos y judíos tienen escaños reservados en el Parlamento, los suníes señalan que no tienen una mezquita en Teherán, y los grupos étnicos distintos de la mayoría persa (51%) denuncian de vez en cuando lo que perciben como discriminación de su cultura, su lengua o sus derechos nacionales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de junio de 2005