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Reportaje:

El Boss hace vibrar a 7.000 seguidores

Bruce Springsteen presenta su último disco en un concierto en el que, apagadas las luces, no se podía fumar ni beber

El cantante norteamericano, Bruce Springsteen, ofreció anoche un vibrante concierto en solitario ante más de 7.000 espectadores, seguidores acérrimos la gran mayoría, en el que repasó las canciones de su último disco, Devils & Dust, y muchos otros clásicos de su extensa discografía.

En concreto fueron 7.137 los asistentes que pudieron disfrutar en Madrid de una de las actuaciones más esperadas de esta primavera. Entre ellos, la ministra de Cultura, Carmen Calvo, que parece no perderse una en cuanto a citas musicales de importancia; el actor Javier Bardem; el ex ministro portavoz Pío Cabanillas y algunas pocas caras famosas más, porque, como alguien comentaba, "aquí hay que pagar la entrada". El boleto costaba 65 euros, más nueve por el servicio de venta personalizada, que consistía en que en cada entrada figuraba el número de carné de identidad del propietario.

Esta curiosa medida, que no casa mucho con lo que Bruce Springsteen predica en sus conciertos y sí parece más idea del propio establishment del presidente George Bush, tenía por objetivo evitar la insidiosa presencia de los reventas, que esta vez seguro que se quedaron con las ganas de hacer negocio. Y los que compraron entrada bien pueden enmarcarla, porque eso de tener el DNI impreso en la entrada no es algo que se haya visto mucho por estos pagos.

Una hora y media antes de comenzar el concierto, los alrededores del flamante Palacio de los Deportes de la Comunidad registraban la presencia de un moderado número de asistentes, ya que éstos, un tanto recelosos de tanta medida de seguridad, comenzaron a acudir al recintos con bastante antelación, por si acaso se producían retrasos. Esta vez el atuendo de los asistentes era francamente sobrio. Se veían muchas camisetas del tour 2005 del ídolo, en negro y con la cara de un maduro Boss impresa.

También destacaban otras, vestidas por mujeres, con la inscripción "Bruce's Chicks" (las chicas de Bruce), con la que se parecían a aquella chica que subía al escenario a bailar con Springsteen en el vídeo de Dancing in the Dark y que luego resultó que era la actriz Courney Cox. (Mónica, de la serie Friends).

En el interior del pabellón varios puestos vendían los artículos de mercadotecnia del rockero de New Jersey: camisetas de 30 y 40 euros, posters a ocho, chapitas a tres y llaveros, a seis. Mientras, las barras desplegaban toda su actividad sirviendo bebidas al respetable, ya que, según un decálogo emitido por el promotor del concierto, una vez comenzase la música cesaría toda actividad comercial en el palacio. Y así fue.

Apagadas las luces, fue imposible conseguir algo de beber dentro del recinto. También estaba prohibido fumar, aunque, de vez en cuando, subrepticiamente chisporroteaba la lumbre de los mecheros de los más atrevidos, que no podían resistir los 135 minutos que duraba el concierto sin echarse una caladita. El palacio resultó destruido el 28 de junio de 2001 por un incendio y fue reconstruido después.

Pero había más prohibiciones: salir y entrar mientras el artista estuviera cantando, usar cámaras o tener el teléfono móvil encendido. Tanta prohibición no arredró a nadie y menos a Manel Fuentes, groupie oficial del artista, a quien ha acompañado en sus actuaciones en New Jersey, Londres, Badalona, Madrid y Hamburgo y que, arrobado de admiración, afirmó de su ídolo: "Es de esas personas que, cuando abre la boca para decir algo, hay que escucharle".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de junio de 2005