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Mejor en formato acústico

No es que en eléctrico, acompañado de la numerosa E Street Band, lo haga peor.

Es simplemente que el formato escogido esta vez por el cantante estadounidense Bruce Springsteen sorprendió a todo el mundo por la intensidad, la hondura y el nivel de expresión que supo imprimir en sus composiciones.

Disco introspectivo es este último Devils & Dust, muy en la línea de lo que el artista sirvió en los de Nebraska o The ghost of Tom Joad.

Sus canciones, pues, interpretadas a piano, guitarra, armonio -qué instrumento tan raro- o armónica -impresionante la interpretación que se marcó Bruce Springsteen a armónica y voz en clave blues de Reason to believe- se prestaban a esa subyugante atmósfera intimista, a esa verdad cantada en tenues claroscuros con la voz tronante del ídolo desgranando versos, historias de personajes individuales puestos al borde de sus propios sentimientos.

Además, el Boss no se dejó en el tintero temas históricos como la hermosa The river o la siempre emocionante My hometown. Bruce Springsteen, además, tuvo la enorme delicadeza de expresarse e, incluso, bromear en un más que correcto castellano, como la noche anterior lo había hecho en Badalona en catalán.

Recordó el artista los grandes ganchos que anclan su vida y su obra: la familia, el compromiso, el sacrificio, las propias raíces o el amor.

Demostró el jefe que, a sus 55 años, se canta mejor con el corazón que con la garganta o los pulmones y supo ganarse a una inmensa audiencia que le escuchó rendida en un lugar tan ortopédico para su propuesta sonora como un magno recinto deportivo.

Todos los asistentes lo reconocieron al final con una larga y cálida ovación que sirvió de temporal despedida, porque seguro que el año que viene se le ve de nuevo por aquí, ya que siempre es bien recibido en España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de junio de 2005