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FÓRMULA 1 | Gran Premio de Mónaco

Frank Williams vuelve a sonreír

A más de uno se le habría caído el alma a los pies por perder de una tacada a dos pilotos del fuste de Juan Pablo Montoya y Ralf Schumacher. A Frank Williams, el patrón de Williams BMW, no. Le pasó al final de la pasada temporada. Pero el hombre más curtido en la F-1, piloto de F-3 aficionado en los sesenta y postrado en una silla de ruedas a causa de un accidente de tráfico en 1986, considera que los pilotos equivalen sólo al 25% del éxito de un bólido.

Fichó a Mark Webber y a Nick Heidfeld y se puso manos a la obra para recuperar el prestigio de una escudería señera que ha ganado nueve títulos mundiales. Sin embargo, el último se remonta a 1997, con Jacques Villeneuve al volante. Este año las cosas iban tan mal como el pasado. Entonces la escudería naufragó con el morro de morsa como vistosa innovación y cerró con sólo un triunfo, el de Montoya en Brasil, y tres podios en el cómputo global.

Hasta ayer, las cosas iban por los mismos derroteros, con un único podio, un tercer puesto de Heidfeld, en Malaisia. Pero en Mónaco el alemán subió al segundo peldaño y Webber al tercero y, por fin, Williams, aunque lejos de su dominio arrasador de 1992 a 1997, vuelve a sacar la cabeza y a sonreír.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de mayo de 2005