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Crónica:FÚTBOL | 37ª y penúltima jornada de Liga

Un saldo de 'derby'

Real Madrid y Atlético empatan a cero con un mal juego que resume perfectamente la temporada de ambos

El derby menos esperado de los últimos tiempos respondió a sus escasas expectativas. Duelo malo, sin fútbol ni aspereza, con dos equipos de vacaciones. No hubo goles, ni se merecieron. El Madrid jugó sin intensidad y el Atlético no le dio respuesta. No puede. Es un equipo que no tiene claro su función en la Liga. No tiene ninguna identidad. Pasó por el Bernabéu sin dejar detalle alguno. Tampoco los dejó el Madrid, que también tiene problemas que resolver.

El partido fue un saldo de fin de temporada. Faltó interés y faltó fútbol. Sin embargo, el estadio se llenó y no se escucharon demasiadas protestas. El Madrid ha maquillado su decepcionante temporada con los buenos resultados de última hora. Pero la realidad es que el equipo no ha ganado ningún título en las dos últimas temporadas. Suena raro en el Madrid, acostumbrado a pescar algo cada año, y se hace más raro ahora que le sobran estrellas. Otra cosa es su vigencia. Por mucho que haya enmascarado su discretísimo juego con varias victorias, no se puede esperar un gran futuro para el Madrid actual. Algunos jugadores están muy desgastados, hay problemas de descompensación en la plantilla y todos han pasado sus mejores años, con la excepción de Casillas. Al Madrid le toca acometer una profunda renovación, de lo contrario se verá sometido a las mismas dificultades que le han abocado a dos temporadas en blanco. Será interesante observar a Luxemburgo en una situación de máxima exigencia. Hasta ahora ha justificado su solvencia con una excelente cuenta de resultados. De juego no puede presumir. No se lo ha reprochado la afición, que prefirió mirar hacia otro lado. La ilusión de combatir hasta el final con el Barça ha sido superior a cualquier otra exigencia. Pero el fútbol ha sido generalmente mediocre, alejado siempre de lo que se espera del Madrid, que ha vivido fundamentalmente del contragolpe. No será fácil que su hinchada lo acepte la próxima temporada.

REAL MADRID 0 - ATLÉTICO 0

Real Madrid: Casillas; Michel Salgado, Samuel, Pavón, Roberto Carlos; Gravesen, Zidane, Beckham (Figo, m. 75); Raúl, Owen y Ronaldo (Guti, m. 75).

Atlético: Leo Franco; Velasco, Perea, Pablo, Sergi; Colsa (Raúl Medina, m. 69), Luccin, Ibagaza, Antonio López (Nano, m. 77), Núñez (Jorge, m. 52); Fernando Torres.

Árbitro: César Muñiz Fernández. Amonestó a Beckham, Perea, Colsa y Raúl Medina.

Unos 75.000 espectadores en el Bernabéu.

Las carencias del Madrid son casi inexistentes comparadas con las del Atlético de Madrid, que sufre una tremenda crisis de identidad. Nadie sabe a qué juega, qué pretende, quéquiere ser en la vida. Es un club desnaturalizado, sin ninguna de las señas que le hicieron importante en el fútbol español. Siempre fue un equipo áspero, con buen ojo para fichar en Brasil y Argentina, contragolpeador por naturaleza, irregular pero competitivo. No hay nada que le defina ahora. Sólo tiene a Fernando Torres, jugador que corre el riesgo de perderse en la indefinición del Atlético. Si el Madrid necesita renovarse, el Atlético tiene pendiente una revolución. En los últimos tiempos sólo invita al abatimiento. En el Bernabéu fue el mismo equipo sin rasgos que se ha estrellado en la Liga. Desde el primer momento se vio que la portería de Casillas le quedaba muy lejos, como le ocurre siempre. En el Manzanares ha jugado mal pero ha obtenido un porcentaje decente de puntos. Fuera de casa ha sido una ruina de equipo. En el Bernabéu, también.

Frente al Atlético más vulgar de los últimos años, el Madrid no tuvo ninguna grandeza. Ni tan siquiera se atrevió a manifestar la infinita superioridad de sus jugadores. Fue el equipo pacato y especulador que ha ganado tanto como ha aburrido. Se encontró además con una dificultad añadida: su interés por conceder al Atlético la pelota fue contrarrestado por las limitaciones de su rival, que no podía manejar el juego, ni ná. Sólo por inercia, los jugadores del Madrid produjeron más oportunidades. No muchas, desde luego. Un mano a mano de Ronaldo, una llegada de Roberto Carlos, la oportunidad final de Owen frente a Leo Franco y poco más. Pero la impresión es que el Madrid estaba en condiciones de ganar el encuentro cuando quisiera. No quiso mucho, la verdad. Se dedicó a un trasteo bastante pelma, de manera que el público dedicó su atención a los detalles. Ovacionó como se merecía a Fernando Hierro, que acaba de cerrar una gloriosa carrera en el fútbol; festejó una excelente intercepción de Gravesen en un mano a mano con Torres; aplaudió una hermosa jugada de la estrella del Atlético en el segundo tiempo y saludó el ingreso de Guti, que le dio algo de empaque al juego en los últimos minutos. Nadie pareció reparar en Luis Figo. Probablemente disputó su último partido en el Bernabéu como madridista. Cinco años atrás fue el hombre que simbolizó el comienzo de una nueva época. El capitán del Barça fichaba por el Madrid, nada menos. Lo que en aquellos días fue un seísmo, se convirtió ayer en una anécdota. Figo se va y la gente no reparó en ello. Así es el fútbol. Digiere todo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de mayo de 2005