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Problemas medioambientales frenan el plan de accesos al puerto

El cauce antiguo del Llobregat sigue ocupado por el agua

El antiguo cauce del Llobregat se resiste a secarse. Tras el desvío, tenía que haber sido recubierto con una capa de tres metros de tierra. Diversas circunstancias hicieron que no se acometiera el recubrimiento y el resultado es la presencia de agua y también de fauna y flora. Una denuncia ecologista ha llevado a las administraciones a afrontar los hechos y buscar una solución. El Ministerio de Fomento ha paralizado el plan de accesos al puerto.

El antiguo cauce del Llobregat forma parte de la ampliación en curso del puerto de Barcelona, que busca convertir esta instalación en la puerta marítima del sur de Europa. En la zona del cauce estaba prevista la construcción de una estación de mercancías y de las líneas férreas consiguientes. Todo está parado, según reconoció esta misma semana la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, en el Senado. El motivo es que el antiguo cauce no está seco en absoluto. Y no sólo no está seco: allí la vida florece con fuerza.

El proyecto original preveía la cobertura de terreno con una capa de tres metros de tierra y debía hacerse en el mismo momento en que se produjera el desvío. Cuando se programó esta operación, hace más de 15 años, el Llobregat era, para decirlo en palabras de los técnicos del Departamento de Medio Ambiente, apenas una "cloaca al aire libre". Pero entre el acuerdo y el desvío se produjo un hecho de importancia decisiva: la construcción y entrada en funcionamiento de la depuradora. Lo que antes era agua contaminada y pútrida se convirtió en agua limpia. De modo que la vida, antes esquiva, empezó a florecer. Allí hay hoy aves y peces y no poca flora.

La evidencia llevó a un grupo ecologista a poner los hechos en conocimiento de la fiscalía ya que, en su opinión, se iba a liquidar una zona húmeda y, con ello, la fauna y flora que la ocupaban. El fiscal de Medio Ambiente inició las investigaciones, que siguen su curso, y el Ejecutivo, por si acaso, decidió intervenir en evitación de males mayores. "Aquello no puede ser tratado como se pensó en un principio", explica el director general de Políticas Ambientales, Jordi Cañas.

El Ministerio de Fomento ha paralizado el plan de accesos viarios y ferroviarios y ha reclamado a las partes (Ministerio de Medio Ambiente, Generalitat, Puerto y ecologistas) que busquen una solución para que todo el mundo esté contento. El Puerto de Barcelona quisiera no tener que ceder terreno y las administraciones creen que una parte del viejo cauce tendrá que quedar sin cubrir y como zona reservada.

La comisión que busca la salida al problema está cerca de encontrarla, sostienen portavoces de los departamentos de Medio Ambiente y Política Territorial. De momento las obras acumulan un retraso de medio año. "El cauce tenía que haber estado rellenado de tierra en diciembre, pero aún estamos a tiempo de recuperar el tiempo perdido", sostiene el director del Puerto de Barcelona, Josep Oriol.

Josep Oriol cree que la denuncia de los ecologistas es un sinsentido. "Se hizo el desvío para ganar espacio, no para tener dos ríos", afirma, aunque admite que se puede reservar una franja del antiguo cauce para zona verde. Oriol confía en que las administraciones tomen pronto una decisión definitiva y tramiten el estudio informativo, que "tenía que haber salido en noviembre, luego lo aplazaron a marzo y aún no ha salido".

Jordi Cañas confía también en que haya pronto un acuerdo al respecto, y explica que todo el mundo debiera entender que la estación de mercancías que se quiere construir en la zona ampliada del puerto de Barcelona es una buena aportación a la sostenibilidad. Su entrada en servicio, explica, supondrá eliminar hasta 25.000 camiones que hoy circulan por el área metropolitana de Barcelona.

La propuesta de las administraciones catalanas pasa por crear una zona que quede libre de instalaciones ferroviarias y que permita una especie de recreación de la zona natural. Este espacio se situaría entre la futura estación y la zona de actividades logísticas, y alcanzaría una superficie entre siete y ocho hectáreas sobre las 70 que ocupa la zona de ampliación portuaria.

Sería una zona no accesible para el ciudadano, sigue explicando Jordi Cañas, pero coherente desde la perspectiva del territorio, donde habría un hábitat específico de la zona.

"Confiamos en alcanzar un acuerdo en breve", independientemente de que el fiscal prosiga con su trabajo hasta donde tenga que llegar, sostiene Cañas, que elogia que, por primera vez una administración no ambientalista, como el Ministerio de Fomento, haya actuado con "sensibilidad ambiental". La Generalitat confía en que el Ministerio de Medio Ambiente, responsable de las obras, asuma el sobrecoste que esto supondrá.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de mayo de 2005