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OPINIÓN DEL LECTOR

Cuando arde la Alhambra

Ocurrió el pasado 5 de mayo en Sevilla. A eso de las dos del mediodía las llamas volatilizaban la hermosa reproducción en miniatura de la Alhambra de Granada en el parque "Andalucía de los Niños". Un hecho fortuito, ¡no lo pongo en duda! Pero de ningún modo puede hacernos olvidar la desidia de nuestra administración cultural.

La Junta mantiene en el más incomprensible abandono un parque que en su día costó 800 millones de pesetas. Este parque, uno de los pocos existentes en España con estas características, empieza a resultar incómodo después de casi 15 años de abandono. La Consejería de Educación se niega a asumir su gestión. La empresa Isla Mágica hace cuentas del número de coches que podrían caber aparcados sobre las cenizas de estos 800 millones de pesetas.

Éstas son las cosas que ocurren en mi tierra, donde los políticos se entretienen en discernir sobre si región, nación o nacionalidad será la denominación adecuada que habrá de llevar la comunidad en el próximo estatuto de autonomía. Poco importará si somos región o nación. Porque sencillamente no seremos nada. Un pueblo sin patrimonio no es nada. A lo más una red de "barrios de fachada blanquita". Algunos, tan sólo se conformarían con que no se quemara la Alhambra, la de verdad.

Con una consejería de Cultura instalada en el más burdo neronismo político. La consigna es seguir elaborando planes, inventarios, catálogos..., para dar la sensación de que se hace algo. Con una oposición política aún más patética, que repite el modelo allá donde tiene responsabilidades de carácter municipal, incapaz de exigir al Gobierno el cumplimiento de lo poco que en estos temas prometió en la última campaña electoral. ¿Dónde está el famoso Plan Andaluz de Arquitectura Defensiva? Los castillos andaluces siguen desmoronándose. ¿Y el Museo Internacional de Arte Ibérico de Jaén? Nadie lo sabe. ¿Qué fue del otrora envidiable modelo andaluz de arqueología? Llora en la nostalgia. Utilizando palabras de Sartre, algunos políticos están convencidos en hacernos creer que "el patrimonio histórico es una pasión inútil". Que no cuenten conmigo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de mayo de 2005