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Reportaje:

La risa se escribe con zeta y se mide con regla

El artista Pepe Viyuela actúa hoy en el primer festival internacional de humor y circo que se celebra en el barrio de Lavapiés

En Humor Madriz mejor no andarse con bromas. "El humor es una cosa muy seria", dice Sebastián Guz, a punto de cumplir 30 años. Y tanto. A los dos minutos de darse por inaugurado el festival, el pasado martes un son de tango retumba en la sala, 200 espectadores arrancan en un aplauso espontáneo y empiezan las primeras carcajadas. La increíble historia del Niño Costrini está a punto de comenzar y con ella el primer Festival Internacional del Humor en Madrid, recuerdan sus responsables.

Lo organiza La Plaza de las Artes, un peculiar local situado en pleno corazón del barrio de Lavapiés. Aunque gran parte de los artistas serán desconocidos para el gran público, ni el cómico Pepe Viyuela (Filemón en La gran aventura de Mortadelo y Filemón para cine, hasta hace dos semanas compañero televiso de Carmen Machi en Aída) ni el monologuista Agustín Jiménez, uno de los más ácidos de la cadena Paramount Comedy (entre otras), han querido perdérselo.

"Tengo envidia a los jóvenes cómicos", bromea el conocido Pepe Viyuela

"La carcajada cura, y, como la música, tiene su propia métrica", asegura Sebastián Guz

Viyuela se dejó caer por este rincón regentado por la familia Guz, una noche en que la ONG Payasos sin Fronteras, organizaba allí su gala de Navidad. Humor Madriz empezaba a cuajarse en el teatro de La Plaza de las Artes; empezaban las primeras llamadas y confirmaciones, y se animó a participar. "Los veteranos vamos allí a copiar", bromea. "No hablo en serio. En realidad les tengo algo de envidia y a lo que voy es a aprender. Lo de tener un nombre puede a veces ser más una trampa que otra cosa. Hay que estar siempre con los ojos abiertos. Sin ir más lejos, este mismo fin de semana vi cosas fascinantes en Galicia de los chicos de Carampa [la escuela de circo de Madrid que tiene su carpa plantada en la Casa de Campo]".

Allí estuvo, entre otros, Cirque Vague, gestado en dicha escuela. "Para mí es un orgullo que sigan contando conmigo". Viyuela actuará con sus sillas, guitarra y sus enredos de chaqueta, esta noche. Mañana Agustín Jiménez, que compartirá luces y sudores con otros 12 humoristas. Y así, hasta más de 30 inventores de un nuevo lenguaje para la risa pasarán, hasta el domingo, por Humor Madriz. Fresco, provocador, divertido y delirante; sólo apto para mandíbulas relajadas, porque, y ya avisa Luis Brusca, o Loco Brusca bajo los focos, que actuó ayer, "en Barcelona me han llegado a decir que debería bajar un poco el nivel de mi espectáculo". Una hora y media de desternille, ¿es demasiado? Pues en La Plaza de las Artes, se saltan la normas.

Costrini, abandonado por su madre "a la media hora de nacer" ha trajinado por circos, ha sido faquir en el metro, cayó en la cárcel por despiste (se hizo amigo del hijo del comisario), y por torcérsele, se le atasca hasta el gatillo de la pistola con la que el martes decidió aniquilar la única vela de su miserable tarta de cumpleaños.

Encontrarse con Costrini, Loco Brusca, Míster Bucket, Barjot, los Trifulkers, Jesús Fornies o Sevelinda de Cabeza, no es pasar una noche de lo más normal. Loco Brusca se autoproclama como el "hombre más esquizofrénico del siglo XXI". Mister Bucket hace de galán italiano, y sí, es italiano... Pero también muy divertido y fanfarrón como corresponde. Además de un gran malabarista, de 24 años, capaz de manipular lo mismo mazas o sombreros, como mostrará mañana en escena. Subirse encima de una escalera con una maza en la cabeza, sin manos, y controlar en el aire cinco balones de fútbol reglamentarios no es tampoco algo habitual de ver. Pues en Una noche con Jesús Fornier, un espectáculo que este madrileño ha adaptado para teatro después de años de trabajo en el parque del Retiro, sucede. Y con banda de música incluida. "Éste es mi sueño, y gracias a todos ustedes por hacerlo posible", recuerda Jesús siempre después de cada actuación.

Y allá, bajo el escenario, las risas se contagian hasta hacerse carcajadas, y las caras de niños asoman en el espectador. Algunos, y algunas bien mayorcitas, hasta gritan. Fascinados. Niños adultos o adultos niños, como Sebastián Guz, o Costrini, que se muestra "tal cual" es tras la lupa gigante que saca de su maleta. Pero amplificado. Su personaje recuerda a los dibujos animados versión acelerada, y sustituye las palabras por pitidos electrónicos. Crece hasta convertirse en un viejito que acaba conciliándose con el mundo (pero antes han caído curas y dictadores). Una hora larga de carcajadas provocan sus más de 1.000 delirantes caras.

Guz, mucho más serio cuando queda a comer en una terraza muy cerca de la plaza, al día siguiente de su actuación, asegura que "la risa cura, sana, te hace olvidar los problemas pero también agota". Físicamente, se refiere este argentino nacido en la sureña Patagonia, pero criado entre Madrid y Buenos Aires. "La risa, como la música, tiene su cadencia, su ritmo, su melodía". Sus arranques y descansos (para recuperar algo de aire). Así lo explica Guz, que es un experto en medir estos tiempos durante la actuación (con 30 años, ha pasado 10 sobre los escenarios europeos y latinoamericanos).

"Lo que pasa es que estamos confundidos", asegura Viyuela. "El payaso nunca ha sido un personaje destinado a los niños. A lo mejor lo que pasa es que son los únicos que nos han entendido. En cada juego, chiste, o tropiezo el payaso está contando algo más que muchos adultos no entienden".

Festival Humor Madriz. Hasta el domingo en La Plaza de las Artes (Peña de Francia, 13). Esta noche, Pepe Viyuela, a las 23.00, y otras actuaciones desde las 18.00. Mañana, a partir de las 21.00, Gran Cabaret de despedida, con Agustín Jiménez. Entradas: de 5 a 8 euros. www.laplazadelasartes.com.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de mayo de 2005