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Reportaje:

La paradoja de los sobredotados

Padres, administración y especialistas analizan los problemas educativos de los niños con alto cociente intelectual

A José María Puig todo el mundo le decía que su hijo era muy listo, estaba claro que la cosa iba más allá del orgullo genético de los abuelos, pero como se trataba de su primer hijo "no teníamos con quién compararlo". "Mi mujer y yo vimos un programa de televisión que hablaba de la importancia de la detección precoz de los niños sobredotados y eso fue lo que nos llevó ha hacerle las pruebas a los cuatro años", comentaba ayer en Sevilla José María Puig, padre de un niño sobredotado y presidente la Asociación para el Desarrollo y Orientación de Sobredotados de Sevilla (Adosse).

"Un día te dan un papel y te dicen que tu hijo es sobredotado. Fue entonces cuando me di cuenta de que tenía un problema, de que no sabía que hacer", asegura Puig. Han pasado dos años desde que recibió ese papel y su hijo asiste a un colegio normal en el que cuenta con una adaptación curricular acorde a sus necesidades. "Aunque podía haber pasado de curso, hemos preferido que permanezca con sus compañeros", asegura José María Puig.

Adosse y el Centro Andaluz de Diferenciación e Intervención en Sobredotados (Cadis) inauguraron ayer unas jornadas sobre el tema en la Facultad de Ciencias de la Educación de Sevilla. El encuentro, que se desarrollará también hoy, reúne por primera vez en Andalucía a especialistas españoles sobre el tema, a representantes de la Consejería de Educación, a la federación andaluza de asociaciones de padres (Fasi) y equipos de orientación específicos como el que funciona en la Xunta de Galicia.

La realidad en estos casos está muy alejada del tópico niño sabelotodo que saca sobresaliente sin el menor esfuerzo. "El fracaso escolar entre los alumnos sobredotados es del 50%, mucho más alto que el resto de los estudiantes y un 70% tienen un bajo rendimiento académico. El fracaso suele darse más en Secundaria, cuando los niños no han estado motivados y han pasado por Primaria sin adquirir hábitos de estudio y trabajo, pero siempre con buenas notas gracias sólo a lo que oían en clase. En Secundaria, especialmente en los casos en los que no son detectados precozmente, el 80% no quiere asistir a clase, se aburre y no muestra ningún interés, ", explicó ayer la psicóloga María Teresa Fernández, responsable del Cadis junto a la también psicóloga Mercedes Elías.

Los sobredotados, con un cociente de inteligencia superior o igual a 130 -la media está entre 90 y 110-, según la ley disponen de dos opciones durante el periodo de enseñanza obligatoria. Una es permanecer en el curso que le corresponde por su edad y disponer de una adaptación curricular acorde a sus capacidades y la otra es la aceleración, es decir pasar al curso superior. "Pero para la aceleración hay que tener en cuenta el desarrollo emocional del niño y los transtornos que puede provocar el cambio", añade Mercedes Elías

Según las estadísticas que maneja el Cadis, el 2% de los escolares son sobredotados; lo que en Andalucía, con 1.400.000 alumnos de Infantil, Primaria y Secundaria supondría unos 28.000 niños. Sin embargo, Educación sabe de la existencia de unos 750, mientras que sólo medio millar están asociados en la Fasi.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de mayo de 2005