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Zapping

Muy buenas

En buenas manos (Antena 3) ha recuperado al doctor Bartolomé Beltrán. En otros tiempos animó la parrilla con imágenes de operaciones filmadas con todo lujo de detalles, que eran a la medicina catódica lo que los accidentes de coches a Impactos TV.

Manos

Beltrán sigue con su estilo. Si promociona unas medias de compresión decreciente (distintas a las de descompresión creciente, supongo), no se conforma con el decorado de rigor, sino que trae al estudio a unas modelos que ponen en práctica la teórica (y quien dice medias dice sujetadores). Beltrán enlaza temas con prisas, como esos médicos que tienen la consulta llena y funcionan a base de la contraseña: "El siguiente". De siguiente en siguiente desfilan patologías que van desde la cefalea al cáncer. De vez en cuando hace afirmaciones rotundas: "El esperma de los españoles no goza de buena salud". ¿Será culpa de Zapatero? Ya tenemos experiencia para distinguir tres estilos en la historia de la medicina televisiva. Ramón Sánchez Ocaña abogaba por la cordialidad didáctica; Manuel Torreiglesias, por la severidad paternalista, y Bartolomé Beltrán, por el sensacionalismo.

Laberinto

Los ideólogos de Motivos personales (Tele 5) deberían editar un mapa para entender el desenlace de la serie que terminó el martes. Lo que en principio parecía un método brillante de desviar la atención de sospechoso en sospechoso se ha transformado en una alarmante acumulación de cadáveres. Al final, cada personaje parece tener su propio fiambre, y entre tanto criminal cuesta recordar qué motivación tenían unos inocentes que, en próximas secuelas, pasarán a ser culpables o víctimas. Lo admito: me he perdido. No sé si Fernando Guillén es el padre que mandó matar a la madre o si el chico que busca a sus padres adoptados es, en realidad, el hermano de la chica a la que pretende seducir, que, a su vez, no es hija de Lydia Bosch, sino de Laura Palmer, de Twin Peaks.

Más líos

¿Se acuerdan del código de autorregulación de las cadenas para proteger el horario infantil? Debería haberse anunciado con risas enlatadas de fondo, ya que se ha quedado en una de esas pirulas que tanto identifican nuestra sociedad. El miércoles, a las 16.05, en La buena onda de la tarde (Antena 3) se habló extensa y detalladamente del parricida de Elche, que, por lo visto, antes de cometer el asesinato mantuvo relaciones con una prostituta. Por puro decoro, quizá sería bueno cambiar el título del programa, que suena a recochineo. Entre las buenas manos médicas y las buenas ondas parricidas, siento una enorme curiosidad por saber qué entienden por bueno en Antena 3. Quizá sea una interpretación artística del adjetivo. Y hablando de artistas: hace unos días salió el añorado Chumy Chúmez en La aventura de saber (La 2) y dijo: "El artista debe amar la vida y odiar el arte".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de mayo de 2005