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EL FUTURO DE EUSKADI

Juegos de estrategia

Los resultados de las elecciones del pasado domingo 17-A sin ganador claro plantearían un quebradero de cabeza a cualquier veterano experto en coaliciones. Una de las combinaciones imaginables a la hora de designar lehendakari podría ser un empate interminable a 33 escaños entre dos candidatos irreconciliables: si los nueve representantes del Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV-EHAK) votasen por su cuenta, Ibarretxe (con los 29 escaños de PNV-EA respaldados hipotéticamente por los tres de EB y el solitario de Aralar) y Patxi López (con los 18 diputados del PSE apoyados eventualmente por los 15 del PP) se lanzarían a una pelea sin vencedor posible. Ese escenario, sin embargo, es altísimamente improbable. ¿Serían factibles, coherentes y sostenibles esas dos alianzas equiparables en fuerza parlamentaria? ¿Se mantendría indefinidamente la equidistancia del PCTV respecto a los dos candidatos en liza?

Las motivaciones de los votantes en el País Vasco podrían ser situadas analíticamente a lo largo de las imaginarias líneas continuas de tres ejes diferentes de polarización: desde el compromiso incondicional con la democracia hasta el apoyo a la violencia; desde la izquierda radical hasta la ultraderecha; desde la aceptación del actual marco estatal hasta la independencia. En términos de ética política, la solución de continuidad entre los 150.000 seguidores del nacionalismo radical representado esta vez por el PCTV (el 12,5% del total) y el resto de los votantes es una ineludible exigencia. Así había venido sucediendo hasta el inesperado viraje dado en 1998 por PNV y EA al suscribir públicamente el Pacto de Estella con Batasuna y un incoado acuerdo en secreto con ETA a fin de conseguir una tregua de la banda terrorista a cambio de la exclusión de los vascos no nacionalistas de las instituciones políticas. A partir de entonces, la nítida divisoria entre los defensores de la solución pacífica de los conflictos, por un lado, y los cómplices o justificadores del terrorismo, por otro, quedó difuminada y en ocasiones borrada, tal y como ocurrió con la aprobación del plan Ibarretxe en diciembre de 2004. ¿Seguirá predominando en esta legislatura la unidad de todos los nacionalistas frente la separación entre demócratas y violentos? ¿Aceptará Ibarretxe el apoyo del PCTV para lograr su investidura, primero, y gobernar, después?

También es imposible predecir el comportamiento de los grupos parlamentarios si se toma como único factor analítico discriminador la posición de sus votantes a lo largo de los otros dos ejes de preferencias. Aunque buena parte de los electores del PP y del PNV compartan el mismo enfoque ideológico conservador en materia de economía, costumbres y política social, el debate territorial entre autonomía e independencia polariza en direcciones contrapuestas sus respectivos sentimientos de pertenencia nacional; sirvan de ejemplo las profundas fracturas producidas por esa causa en el seno de la Iglesia y de la patronal. Tampoco el electorado de izquierda se libra de los efectos divisorios del nacionalismo: aunque la agregación del voto depositado a favor de partidos situados teóricamente en la izquierda alcanza el 42,8% del total, la pretensión de meter en un mismo saco las papeletas del PSOE, EB, Aralar y PCTV equivaldría a sumar peras y manzanas.

El campo nacionalista -dentro de sus fronteras se sitúan el PNV, EA, Aralar y PCTV- ocupó el 17-A el 53,4% del espacio electoral, frente al 40,2% del PSOE, PP y Unidad Alavesa. Pero tampoco las cuentas terminan de estar claras en ese tercer eje de preferencias de los votantes. ¿Dónde situar al 5,4% de Ezker Batua, parte de una federación de ámbito estatal como Izquierda Unida? La lista del PNV-EA tuvo 463.000 votantes: ¿cuántos apoyarían la independencia en un referéndum sobre autodeterminación?, ¿cuántos respaldarían el programa -confederal a corto plazo y soberanista a plazo medio- del plan Ibarretxe?, ¿cuántos son partidarios de mantener el Estatuto de Gernika o de proceder a su reforma negociada mediante el mismo abrumador consenso -el 90,2% de votos válidos con una participación del 58,86%- conseguido en el referéndum de 1979? Finalmente, los 29 candidatos elegidos en la lista común PNV-EA formarán dos grupos parlamentarios diferentes: ¿estarán de acuerdo los 22 representantes del PNV con los 7 diputados de EA cuando llegue el momento de las grandes opciones en la legislatura?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de abril de 2005