Un poeta en el gimnasio
"La canción del verano suena más que la Eneida", reza un poema de Juan Antonio González Iglesias (Salamanca, 1964). Y cabría decir que hay dos tipos de poetas: los que escriben haciendo oídos sordos a esa canción y los que no pierden de vista ese hecho y, lejos de considerarlo el fin del mundo, tratan de rescatar la belleza (la verdad, la bondad, esas cosas) que quedan en las grietas que hay entre el latín y el pop. Uno de estos últimos es el propio González Iglesias, precisamente. Profesor de filología clásica y traductor de Ovidio y Catulo, en libros como La hermosura del héroe (Diputación de Córdoba), Esto es mi cuerpo y Un ángulo me basta (ambos en Visor) Iglesias han construido una obra en la que Grecia y Roma son mucho más que un repertorio de figuras y de escenografías, más poso que pose, cultura y no culturalismo. El autor de estas nuevas odas olímpicas sabe que a los mitos de hoy hay que buscarlos en las retransmisiones de Eurosport, en la gimnasia deportiva, en el lanzamiento de martillo y en el voley playa. Lo sabe, lo dice y el resultado es verosímil, no una suma de guiños de neón en un jardín de estatuas de yeso. Aquí Protágoras, Winckelmann y Platón conviven con David Cal, Koji Murofushi o Martín López-Zubero, protagonista de uno de los dos poemas no inéditos de este cuaderno dedicado a los Juegos Olímpicos y que se cierra con una impagable nota del propio poeta. Como el resto de la obra de González Iglesias, estos versos paganos cantan la belleza de la carne como único habitáculo del espíritu; teñidos de una sabiduría antigua, hablan del presente sin despreciarlo ni sacralizarlo, sin venderlo a un futuro mejor ni degradarlo en las fuentes podridas del pasado perfecto.
OLÍMPICAS
Juan Antonio González Iglesias
El Gaviero. Almería, 2005
www.elgaviero.com
66 páginas. 12 euros
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.